2020: El año de los cambios por: JP Cifuentes Palma

Cuando nos deseamos los parabienes con los abrazos que dieron inicio al año 2019 ninguno de nosotros imaginó el escenario en el que hoy se encuentra nuestro país. No por la inexistencia de conflictos sociales, sino porque, de una u otra forma, manteníamos el statu quo, cada uno desde sus propios motivos: La comodidad, el temor, el desinterés o la falta de comprensión de las dimensiones profundas que existían en nuestro territorio.

Afirmar que la realidad es relativa, es una forma de comprender que nuestro futuro es incierto. Anhelamos que lleguen los aires de cambio, que las grandes avenidas revolucionarias se transformen en transformaciones sostenibles que sean esenciales para cada uno de nosotros, y esos anhelos no siempre van de la mano con lo que nos rodea. En ese punto debemos incidir con ahínco, permitiéndonos progresar como sociedad para ir generando los resguardos necesarios para salir, de paso, de la polarización en la se ha ido sumiendo el país. 

Por y pese a todo lo anterior, el énfasis de esta columna busca centrarse en la necesidad urgente de conversar y llegar a acuerdos en el plano medioambiental. Mientras el estallido nacional surge en el último trimestre, el conflicto medioambiental viene estando en el tapete desde hace varias décadas atrás. Chile, no puede hacer oídos sordos ni desviar la vista frente a la alerta mundial del calentamiento global. 

Con esperanza en el porvenir de nuestra sociedad, esperábamos que las negociaciones y conclusiones resultantes de la COP25 dirigida por nuestro país en Madrid tuvieran el resultado de una evidente declaración de principios de unidad en torno a la preocupación por nuestro planeta. Pero, nuevamente el anhelo es distinto a lo real. 

El fracaso de la COP25 no solo es el fracaso de la diplomacia chilena, también es el fracaso de la humanidad. No podemos seguir así. Somos parte del planeta, no somos los dioses ni los gobernantes. La humanidad no es el imperio que predomina a la fauna y la flora, aunque pretenda ser el dios de la naturaleza.

Este año fue catalogado como uno de los más calurosos de la historia. La temperatura de los océanos aumentó, las zonas desérticas avanzaron, la propagación de los incendios forestales sin control a lo largo del planeta, las grandes zonas de deshielo, la masificación de las especies en peligro de extinción, el descontrol de la industria ganadera, forestal,

agrícola y pesquera van generando una contaminación y un destrozo de nuestro ecosistema que a estas alturas ya puede ser irreversible.

Sin lugar a dudas queremos una sociedad mejor. Se ansía que la contingencia nacional evolucione a cambios sociales que permitan el porvenir de cada ciudadano. Pero no debemos olvidar que por sobre esta situación del país hay un conflicto mundial en el cual como humanidad estamos en clara desventaja. 

Es tiempo de que cada uno de nosotros comience a ser un factor de cambio. Es posible aportar con pequeños granos de arena para conseguir revertir esta situación tan dramática en la cual convivimos. Deseamos que el 2020 sea el año en donde la humanidad decida ser parte integral de la naturaleza, se de cuenta de su rol como agente exterminador y proceda a renovar los cambios sustentables para que las próximas generaciones tengan un lugar en donde puedan disfrutar de los cambios sociales que hoy se están peleando en las calles de nuestro país.

 

 

Más sobre el autor: 

Escritor chileno, profesor de lenguaje y columnista en la Revista Pudú, miembro de la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (Alciff Chile) que publicó los poemarios “Dile a Jesús que tenemos hambre” (2016), “Dios castiga pero no a palos” (2016), “A oscuras grité tu nombre en el muro de Berlín” (2016), Destrucciones a las 11 AM (2018);  las novelas breves “El Ataud” (2017) y “El último que muera que apague la luz” (2017). Este año ha publicado el libro de cuentos de terror “La supervivencia del caos” / juanpix85@gmail.com

 

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