Fotografía: CNN

25N: Origen y necesariedad de un día de resistencia

La violencia hacia las niñas y mujeres representa una de las violaciones de los derechos humanos más extendidas y persistentes del mundo. Una violación de derechos humanos sistemática, devastadoramente normalizada y motivada por un sistema patriarcal que asfixia a cada mujer desde su nacimiento.

Una nefasta desigualdad de la que se es víctima desde los primeros pasos entre la sociedad. Una desigualdad profundamente enraizada a causa de las normas sociales imperantes en la actualidad que ha derivado en realidades que justifican y amparan la violencia, en todas sus expresiones, contra la mujer.

 

Algunos datos terroríficos

Es necesario partir señalando que, de entre todos los colectivos o sociedades, la mujer es el ser humano más oprimido del planeta. Allá donde exista violencia hacia un colectivo, las mujeres integrantes del mismo siempre son más violentadas y oprimidas por el simple hecho de ser mujer. Por ser considerada débil. Sin capacidades. Inferior.

La violencia contra la mujer es la más extrema representación de la discriminación, una discriminación alarmantemente extendida que, pasando por la opresión, control , violencia y mutilaciones, en millones de casos termina en femicidio. Cada 10 minutos, un hombre asesina a una mujer.

A nivel mundial, según datos de la ONU, entre 2005 y 2016 el 19% de las mujeres de entre 15 y 49 años confesaron haber sido víctimas de violencia física, sexual o ambas a manos de su pareja durante los 12 meses previos a ser preguntadas. En 2012, casi la mitad de las mujeres asesinadas fueron víctimas de sus parejas o familiares. Para los hombres, el porcentaje en este mismo caso fue del 6%.

Prácticas como la mutilación han disminuido notoriamente desde el año 2000, sin embargo, alrededor de 200 millones de niñas y mujeres son víctimas de esta aberración que vulnera el derecho de las mujeres a la salud sexual y reproductiva, su integridad física y las discrimina y somete de la forma más cruel y degradante. La mutilación femenina es una abominación que niega por completo la dignidad a la víctima, causándole un dolor y sufrimiento que puede llegar a ser letal.

La ablación aún está extendida en más de 25 países africanos, aunque en todos ellos se ilegalizó el procedimiento de manera formal. En el caso de Somalia, Egipto, Guinea o Djibouti, según informes de la ONU más del 90% de las mujeres han sufrido la extirpación total o parcial de sus genitales externos. Pero no, no es un caso únicamente relacionado con África. De acuerdo al Fondo de Población de Naciones Unidas (UNFPA) la ablación está presente también en América Latina, más concretamente en Colombia, donde las víctimas son niñas indígenas.

¿Más? En base a datos obtenidos en torno al año 2012, solo un 52% de las mujeres de entre 15 y 49 años señalaron que tomaban sus propias decisiones en materia de relaciones sexuales o el uso de anticonceptivos.

 

 

A nivel nacional, según datos de la Red Chilena de Violencia Hacia las Mujeres, más de 40 mujeres son asesinadas cada año. Al 24 de noviembre de 2017 habían tenido lugar 37 femicidios, mientras que en el 2016 la cifra era de 33. En 2019 ya son 58.

Una cifra que, contraria a la opinión política y social mayoritaria – o significativa – en Chile y gran parte del mundo, aumenta. Y lo hace de manera drástica, haciendo patente que la violencia hacia la mujer aumenta cada día. Amparada por sistemas crueles que degradan al ser humano y, en especial, a la mujer, con una constante represión presente en todos los niveles de nuestra existencia.

En Chile al menos 2 millones y medio de mujeres son víctimas de algún tipo de violencia, pero solo un 4% de ellas presenta una denuncia o busca ayuda. La violencia está naturalizada y las víctimas siempre sienten el miedo hacia la impunidad, la injusticia y el desinterés del entorno.

La violencia económica también presenta datos muy reveladores en el país: las mujeres perciben un 31,7% menos de ingresos con respecto a los hombres por el mismo trabajo, mientras que pueden llegar a pagar hasta un 179% más que los hombres por un mismo plan de Isapre.

 

25 de Noviembre, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer

La violencia hacia la mujer es una pandemia mundial, un agravio moral para las víctimas y un motivo de vergüenza para todas las sociedades. Mientras exista violencia hacia ellas, nunca será posible lograr un desarrollo equitativo y sostenible.

Muchas veces cuesta identificarla, y erradicarla también pasa por realizar un análisis propio. Dentro de un sistema patriarcal, en mayor o menor medida adoptamos conductas o ideas generalizadas que nunca han sido condenadas de manera mayoritaria. Desde las agresiones domésticas, el control, sensación de superioridad o mainsplaining, somos protagonistas de acciones altamente perjudiciales y opresivas.

Vivimos en un mundo gobernado por y para hombres, envuelto en un falso halo igualitario que tiene una enorme capacidad para seducir con caramelos como el capitalismo y un sistema de competencia desmedida que nos aleja de cualquier atisbo de empatía. Deshumanizar al mundo es rentable para las élites. Humanizarnos lo será para el pueblo.

Sumergida en esta realidad, en 1999 la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 25 de noviembre como Día Internacional de la Violencia hacia la Mujer e invitó a gobiernos y organizaciones a realizar actividades dirigidas a sensibilizar a la sociedad al respecto. Pero, ¿por qué este día?

Inicialmente, en 1981, el día fue marcado durante el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que tuvo lugar en Colombia para conmemorar el violento asesinato de las hermanas Mirabal. Patria, Minerva y María Teresa fueron tres activistas políticas brutalmente asesinadas el 25 de noviembre de 1960 a manos de la policía secreta del dictador dominicano Rafael Trujillo.

En 1999, como señalamos anteriormente, la jornada de reivindicación sería asumida por la ONU manteniendo el mismo día y convocando a todos los gobiernos y organizaciones para combatir esta violencia.

 

16 de Mayo de 2018/SANTIAGO
Cientos de estudiantes comienzan a llegar hasta Plaza Italia, para participar de una nueva marcha feminista convocada por la Confech, «contra la violencia machista, educaci—n no sexista».
FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

 

El actual modelo capitalista y patriarcal, imperante en Chile y gran parte del mundo, se ha convertido en el engranaje perfecto de un sistema que violenta y libra de dignidad a la mujer. La violencia estructural recae enormemente sobre niñas y mujeres, obstaculizando sus caminos y limitando sus carreras sin importar méritos y capacidades.

El feminismo ha sido fundamental en la transformación de las sociedades, consiguiendo que las mujeres logren derechos para acceder a la educación, el voto o, incluso, dejar de ser consideradas como “bienes muebles”. Logros que nos permiten dimensionar lo degradadas y vulneradas que han sido sus vidas a lo largo de la historia.

Pero aún a día de hoy la violencia hacia las mujeres es un problema capital, así como su libre acceso a la educación no sexista o al mundo laboral con condiciones justas y dignas. La opresión sistemática es intolerable y una sociedad cuyas mujeres no tienen libertad para decidir sobre sus propias vidas y cuerpos no tiene las facultades para desarrollarse plenamente hacia la justicia y dignidad generalizada. La revolución será feminista, o no será.

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