Agricultura sostenible: Un reto vital en la lucha contra el cambio climático

En la actualidad, la agricultura y la ganadería generan el 14% de las emisiones de carbono a nivel global. Ambas se encuentran por detrás del transporte o el sector energético en términos de contaminación, pero su sostenibilidad es imprescindible en la búsqueda de un equilibro ambiental, social y económico.

La cría de ganado o el cultivo de la tierra son importantes agentes de un cuadro donde el medio natural es el principal protagonista, por lo que estas actividades deben asumir un rol capital en la protección y preservación del Medio Ambiente.

Datos a nivel europeo señalan que la agricultura y la ganadería son, de los cuatro ámbitos productivos principales, el menos contaminante. El sector primario genera anualmente en torno al 14% de las emisiones de efecto invernadero, cifra inferior a las emisiones generadas por la industria manufacturera, suministro de energía y transporte. Sin embargo, emite el 62% del metano, algo que ocurre tras la degradación anaerobia de la materia orgánica, tanto en la digestión de rumiantes como por las deyecciones.

En este contexto, la preocupación en torno al sector agrícola y su necesaria sostenibilidad está aumentando con el paso de los años.

El éxodo rural a las grandes urbes en busca de nuevas oportunidades ha provocado un incremento en el desconocimiento de la agricultura y de las técnicas necesarias para mantener nuestros campos sanos.

Un desarraigo del medio rural y agrícola que, como sociedad, nos lleva a olvidar todo lo que nace en este sector y la capital importancia que supone la agricultura como elemento vertebrador de nuestro desarrollo y bienestar.

Este 5 de junio celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente, y lo hacemos señalando con especial énfasis que, en poco más de 30 años, las emisiones mundiales de carbono se han incrementado en un 20%.

Una cifra preocupante que plantea el mayor desafío ambiental al que se ha enfrentado la humanidad desde que se tiene memoria: revertir la degradación del entorno que hace posible nuestra existencia.

La agricultura es imprescindible para ello, y así lo expresan diversas organizaciones mundiales como Greenpeace, WWF o la OMS. Las acciones en el campo son vitales para reducir emisiones, evitar la desertificación de nuestros entornos o para aumentar su papel como sumidero (absorción) de carbono.

El sector agrícola es, quizás, el agente más valioso para luchar contra el cambio climático y sus consecuencias.

Es por ello que desde organizaciones como la OMS (Organización Mundial de la Salud) o AEPLA (Asociación Empresarial para la Protección de las Plantas) nos señalan varias medidas necesarias para que el mundo agrícola avance en su necesaria sostenibilidad.

 

Medidas para hacer frente al desafío

Es especialmente necesario proteger los cultivos mediante medidas preventivas o mediante medicinas para plantas que no alteren el estado del entorno. Cerca del 40% de la producción agrícola a nivel mundial es desechada anualmente producto del daño ocasionado por plagas y enfermedades de las plantas.

Esta situación no solo provoca una pérdida de alimentos en fase de producción, sino que también es responsable de un 10% de las emisiones de CO2.

A medida que el porcentaje de pérdidas de producción se reduzca, estaremos avanzando hacia una mayor disponibilidad de alimentos a nivel mundial y hacia la consecución de un sector más sostenible y responsable con el planeta.

Existe una relación ineludible entre el sector agrícola y el Medio Ambiente. Una relación que aporta responsabilidad y la necesidad de encontrar una simbiosis entre ambos al mundo agrícola.

La creciente tecnificación y el desarrollo de instrumentos para aumentar la sanidad de los cultivos son algunos ejemplos del compromiso que ha adquirido la agricultura durante los últimos años. Sin embargo, es necesario globalizar e incrementar esta responsabilidad con más medidas como:

 

– Avanzar en el desarrollo de nuevas soluciones de sanidad vegetal que resulten seguras para el agricultor, el medio ambiente y el consumidor.

– Profesionalización y concienciación del agricultor

– La protección de cultivos mediante el uso de fitosanitarios y otras herramientas para producir más con menos recursos.

– Evitar el uso de herbicidas o prácticas agrícolas que atenten contra la flora o fauna del entorno.

– Practicar la rotación de cultivos como el trigo duro o las habas, cuyas raíces son fijadoras de nitrógeno.

– Aumentar la fertilidad de la tierra mediante leguminosas (fijan nitrógeno atmosférico que luego puede ser usado como nutriente por el resto de plantas).

– Apostar por canales cortos de comercialización.

– Reciclar los residuos orgánicos para emplearlos como abono.

 

Prácticas y medidas que los organismos mencionados señalan como eje principal de una nueva agricultura que permitirá a nuestro planeta existir tal y como lo conocemos hasta ahora.

 

Comparte esta publicación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *