Alarmante Cifra Dejada Por La Última Matanza de Ballenas Por Parte de Japón en el Océano Austral Reactiva Debate Internacional

Más de 120 ballenas preñadas fue el saldo de la última expedición japonesa en el Océano Antártico durante el verano pasado. A ellas se suma un número similar de ejemplares que no alcanzaban aún la edad reproductiva. 

Según recogió el diario Western Australia Today, la matanza que afectó a la población de ballenas minke estuvo amparada por el “programa científico de caza de ballenas”, a través del cual el país nipón realiza una búsqueda anual durante la época estival, pese a la condena internacional y pese a la calidad de “santuario oceánico” de algunos de los territorios que intervienen. 

Si bien Japón argumenta motivos científicos para continuar esquilmando la biodiversidad marina, permite la venta de la carne obtenida a mercados y restaurantes.

Los documentos oficiales indican que el objetivo de estas sanguinarias expediciones consiste en “obtener un muestreo biológico para investigar la estructura y la dinámica del ecosistema antártico”. Pretenden analizar la edad de las ballenas, su contenido estomacal para estimar la composición de su alimentación, el grosor de la grasa y otros elementos que permitirían determinar su condición nutricional.

Para esto, fueron capturados casi en su totalidad, 2 cardúmenes mediante arpones propulsados por una granada a base pentrita. Luego fueron transportados al buque de la base de investigación Nisshin Maru, donde 12 investigadores esperaban los cuerpos. De las 344 ballenas que fueron atacadas, solo 11 pudieron escapar y resguardarse en el hielo marino. 

La impactante estadística revelada, ha reactivado el estado de alerta contra estas prácticas en Australia. Desde la Humane Society International, señalaron que “es una demostración más, de la naturaleza espantosa e innecesaria de las operaciones de caza de ballenas, especialmente cuando existen muestreos no letales han que cubren de forma igualmente exacta las necesidades científicas”.

Las ballenas, junto a  muchas especies marinas y terrestres, enfrentan amenazas como la contaminación y la caza furtiva para la comercialización ilegal. Más desprotegidas aún se ven ante una comunidad científica que no opta por métodos de estudio menos invasivos. 

Si bien antes de darse a conocer estas cifras, el gobierno australiano había iniciado un procedimiento contra Japón ante la Corte Internacional de Justicia y otro desde la Comisión Ballenara Internacional para poner fin a la caería comercial y científica para evitar esta conducta, fue uno de los actores que influyó más firmemente para que no se dieran a conocer las imágenes de los procedimientos del  Nisshim Maru, disponibles desde noviembre, para no dañar las relaciones con el país asiático.

A las débiles posturas políticas sobre esta temática, que incluso ha sido motivo de discusión electoral en Australia, se suma que organismos no gurbernamentales para la conservación marina, como Sea Shepherd hayan tenido que disminuir su vigilancia por falta de recursos para manternerse en activo.

Consultados por WAtoday, la embajada japonesa en Australia señaló que el “el programa de ballenas se llevó a cabo en conformidad con la Convención Internacional para la Regulación de la Caza de Ballenas”. 

De no existir una posición internacional firme, se estima que dentro de los próximos 12 años, Japón cumpla su intención de capturar 4000 ballenas y presionar para reanudar su caza comercial.

 

 

“No hay nada científico en arponear a una ballena preñada, cortarla y ponerla en un plato” (Tony Burke)

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