Alfonsina Storni: La mujer que escribía para no morir

Este martes, Google celebra con un doodle el 126 aniversario del nacimiento de Alfonsina Storni, prolífica escritora argentina que gracias a su dedicada lucha por la defensa de los derechos de las mujeres y la igualdad de género dejó un legado imborrable.

Nacida en Suiza un 29 de mayo de 1892, Storni se mudó con su familia a la provincia de San Juán, Argentina. No sería la primera mudanza durante su infancia, pues ésta estuvo marcada por numerosos cambios, estrecheces económicas y la tristeza que invadió su hogar.

Feminista desde que se le recuerda y escritora que plasmaba su vida en el papel para evitar morir, vivió una vida considerada apasionante, pero sufrida, muy sufrida, para una niña que se vio obligada a sobrevivir por sí misma desde temprana edad. También conocida como Tao-Lao, a menudo reconoció que poseía una mente de hombre encerrada en el cuerpo de una mujer que detestaba esa situación.

La depresión, ansiedad o los desengaños amorosos no impidieron que desarrollara una increíble carrera como escritora al servicio de la lucha contra la bochornosa discriminación hacia la mujer, causa hacia la que también contribuyó como periodista.

Su primer poema lo escribió a los 12 años, donde reflejó la tristeza que percibía en su entorno. No recibió elogios ni una promesa de un futuro mejor, solo el regaño de una madre enfadada que le explicó que la vida es buena y dulce.

Casi todo en su vida tuvo el denominador común de la preocicidad. A los 14 años decidió que debía abandonar la casa de su familia. Se trasladó a Coronda, donde además de iniciar sus estudios en Magisterio se vio obligada a pluriemplearse para costear su vida.

En 1916 publicó su primer libro. Siendo pobre, madre soltera y habiendo meditado el suicidio durante un ataque de nerviosismo, Alfonsina comenzaba a ser una voz importante para las oprimidas que veían en esta joven la esperanza de un mundo más justo.

Profundamente crítica en torno a los estereotipos de la mujer y reiterativa en su petición al gobierno de otorgar el derecho a voto a la mujer, en los años siguientes Storni conseguiría hacerse un hueco entre los escritores locales, quienes disfrutaban sus relatos que enriquecían a una sociedad que a menudo carecía de intensos mensajes como el suyo.

A los 27 años ya había escrito seis cuentos, dos novelas y una serie de ensayos como La inquietud del rosal, El dulce daño, Irremediablemente y Languidez. Gracias a este último ganó el primer Premio Municipal de Poesía y el segundo Premio Nacional de Literatura.

Su ya prolífico trabajo le permitió ser considerada una de las poetas más respetadas, llegando a ser profesora de Lectura y Declamación en la Escuela Normal de Lenguas Vivas y obteniendo poco después una cátedra en el Nacional de Música y Declamación.

En 1935, durante unas vacaciones de verano, Alfonsina descubrió que tenía cáncer de mama. Fue operada y, lo que inicialmente se planteó como un tumor benigno, resultó tener ramificaciones que dejaron enormes cicatrices físicas y emocionales en la mujer.

Su tristeza aumentaría drásticamente con el suicidio de su amada amiga Quiroga y durante las posteriores etapas de su vida sus escritos comenzaron a hacer grandes referencias al mar.

En 1938 decidió no someterse a una nueva cirugía. En un pequeño hotel de Mar de Plata escribió el poema “Me voy a dormir”, el cual enviaría a la redacción de La Nación.

Inmensamente sola y mientras sus lectores leían su último escrito, Alfonsina salió de su hotel en Mar de Plata con destino a la playa.

Nadie la vio y nadie puede expresar con exactitud lo sucedido. Una hipótesis, la más romántica, señala que su suicidio se llevó a cabo tras internarse lentamente en el mar. Lo que sí es cierto es que fueron dos obreros los que encontraron su cuerpo, ya liberado de la profunda tristeza que la atormentaba.

A sus 46 años finalizó una vida llena de pasiones, recordada por su intensa lucha y por renegar de su relevancia artística. Sus depresiones y dificultades se ven reflejadas en una obra que se convirtió en un emblema para una sociedad en busca de cambios.

“Yo soy como la loba. Ando sola y me río del rebaño. El sustento me lo gano y es mío donde quiera que sea, yo tengo una mano que sabe trabajar y un cerebro que es sano.”

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