Andrés Gallardo reeditado Por: Carolina A. Vega Muñoz

En el año 1985 se publicaba por primera vez Cátedras paralelas. 33 años más tarde, la novela fue reeditada por la editorial chilena independiente Overol, para volver a ser leída con el disfrute que permite la escritura de Gallardo.

¿Qué hacer luego de años de comodidad asegurada? Este es el contexto de Rojitas, académico desvinculado de su casa de estudios que se ve obligado a devenir en otros medios, algunos más y otros menos cómodos, pero con la astucia propia del antihéroe al que parece que nada muy bien le resulta.

La cotidianidad de Gallardo (1941-2016), y el ritmo aleggro vivace de su escritura provoca un recorrido hilarante, bello en su simplicidad y astucia. La estética y uso del lenguaje que se develan en sus obras,  hace representarnos a este lingüista como un vívido amante de las letras. Cómo no serlo, si su rigurosidad, el gesto preciso, la imagen de sociedad y la representación psicológica de sus personajes, nos da cuenta de un autor que vive en lo que hace y vivió bien, a gusto.

En Rojitas vemos un quiebre del hombre esperado. Él, siempre vulnerable, nos muestra su mejor rostro. El que no sabe muy bien qué hacer, pero algo debe hacer. El que patalea como un niño pequeño hijo de una madre distraída, pero sin la máscara de un sabelotodo.

Consultados por el gusto que trajo consigo recuperar esta pieza de la literatura nacional, Ediciones Overol explica que “ya habíamos sacado «Obituario» de Andrés Gallardo y nos interesó darle continuidad a ese gesto. Por otro lado, el libro nos pareció muy actual, en cuanto a contenido y una forma de narrar que incluye el humor, una mirada perspicaz del entorno académico y tiene además una conciencia de clase que nos pareció pertinente de poner en circulación. Sobre todo, somos admiradores de su trabajo que no había sido tan difundido dentro de generaciones más jóvenes”.

 

 

Sobre la autora de la reseña:

Carolina A. Vega Muñoz es administradora de la plataforma de literaria @librosmetaestables con base en la Región del Biobío, mismo territorio en el cual ejerce como gestora de espacios relacionados con la filosofía, la estética y las letras, destacando su rol como coordinadora del «Taller de Filosofía del Lenguaje y sus límites» actualmente en desarrollo.

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