Aviso a los Navegantes: El Mapamundi Que Conocemos vs. Cómo Conocemos el Mundo Foto: HBO

La Tierra es un cuerpo suspendido en el Espacio. En esa inmensidad, al menos a día de hoy, es imposible determinar dónde está el “arriba” y el “abajo”, como tampoco puede asegurarse cuál es el límite superior o inferior una esfera , la consabida forma de nuestro planeta. Sin embargo, parecemos tenerlo claro: Hacia arriba el Polo Norte, hacia abajo el Polo Sur, a la izquierda el Este y a la derecha el Oeste. Pero no siempre fue así.

Los mapas son representaciones de la Tierra. A lo largo de la historia, navegantes, cartógrafos, naturalistas y geógrafos han diseñado estas herramientas de acuerdo a diferentes criterios. Por ejemplo, en antiguos mapas egipcios, la parte superior del mapa estaba ocupada por el Este, coincidiendo con el punto donde sale el Sol/Ra, dios del cielo y uno de los más importantes en su religión. Los primeros mapas del mundos islámico, en tanto, situaban en la parte superior el Sur, para que La Meca presidiera visualmente todo el territorio musulmán.

Se desconoce a ciencia cierta por qué Gerardus Mercatus, responsable del Mapamundi que se ha utilizado mayoritariamente desde su creación en 1569, decidió poner los polos arriba y abajo, pero puede presuponerse que, al iniciar el mapa desde Europa, utilizó esta región como punto de partida para trazar el resto. Esta versión tan extendida motivó incluso que la propia NASA, tras tomar la primera fotografía desde el espacio en 1973, decidiera voltear el resultado antes de que viera la luz pública para “no confundir a la gente”, ya que la imagen obtenida mostraba lo que conocemos como Hemisferio Norte, en la parte inferior de la imagen:

 

 

A casi 500 años de la creación del Mapamundi de Mercator, no es ni el único ni el más preciso con el que se cuenta hoy en día. Evidentemente, los avances tecnológicos han permitido obtener proyecciones del planeta mucho más exactas particularmente en lo que representa un gran problema imposible de resolver al completo a la hora de convertir una esfera en un plano de dos dimensiones: la distorsión.

Al formar un rectángulo a partir del globo, la mayor distorsión se presenta en los polos, que sufren un ensanchamiento que va disminuyendo a medida que se acerca a Línea del Ecuador, problema que se ha solventado considerablemente en mapas como el de Winkel-Tripel, Robinson, Gall-Peters o el AutaGraph (2016), teóricamente el más exacto del que se dispone en la actualidad.

 

 

 

Para dejar en evidencia la distorsión existente en el planisferio de Mercator, existen plataformas como The True Size, página donde puede compararse el tamaño de los países moviéndolos de latitud. En el siguiente ejemplo se aprecia el tamaño de Chile si se trasladara al Hemisferio Norte, en el área donde se sitúan Canadá y Groenlandia:

 

 

Cabe preguntarse por qué pese a su antigüedad y su imprecisión, la veterana proyección hecha por el cartógrafo flamenco sigue siendo la más utilizada para graficar nuestro esférico hogar. La respuesta más aceptada por historiadores como Arno Peters, responsable de una de las versiones del Mapamundi catalogada como “ideológica más que técnica”, tiene que ver precisamente con eso, con decisiones de orden político e ideológico:

Como quedó claro al revisar la forma en que se componían mapas de otras culturas, la orientación que le damos a las representaciones que hacemos de la Tierra, es una asunto completamente subjetivo y está influenciado, entre otras cosas, por la forma en que leemos (de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo) y con asociaciones psicológicas (“arriba” como sinónimo de poder y predominio, “abajo” representando sometimiento y pobreza), de manera que la tradicional ilustración presentaría un orden que conviene mantener a los países que salen más beneficiados de la disposición de las naciones y del alto grado de distorsión, es decir, a las grandes potencias mundiales que aparecen graficadas mucho más grandes de lo que son en realidad, liderando el mundo por sobre la línea que las separa de los países más pobres.

 

 

 

“La geografía tradicional nos roba el espacio como la economía imperial nos roba la riqueza, la historia oficial nos roba la memoria y la cultura formal nos roba la palabra”

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