Carmen Mantilla Sobre los Fondos de Cultura: “Necesitamos retener en las comunas su recurso humano creativo”

Hace escasos días, Carmen Mantilla participó como invitada a exponer frente al Concejo Municipal de Chillán sobre una temática que ha desarrollado abundantemente a lo largo de su carrera dedicada a la creación poética y a la gestión cultural. Su labor la ha llevado a ganar expertiz en el ámbito de los Fondos Concursables de Cultura, materia en la que ha prestado asesoría a diversos niveles, a partir de los cuales comenzó a sostener un trabajo de investigación y control social sobre las postulaciones y adjudicaciones, teniendo como parámetros de evaluación principales la territorialidad y el componente de género a nivel estadístico. 

Las presumibles dificultades de financiación para artistas y creadores quedan comprobadas con las alarmantes cifras que nos comparte Carmen: ” Hace un par de años el Proyecto Trama nos entregó los primeros datos estadísticos en tal sentido: Casi un 29% de los y las artistas que trabajaron el último mes en trabajos relacionados con el arte no esperaban recibir pago alguno por ello. Solo para poco más del 40% de los encuestados y encuestadas, su trabajo artístico representaba más del 80% de su ingreso autónomo. Y casi un 40% no está afiliado a ningún sistema de previsión social”. Esta precariedad que trasciende el proceso creativo para instalarse como una obligada forma de vida para quienes se dedican al arte y la cultura pareciera ser el foco que pretenden revertir las políticas públicas en dichas materias, en aras de propiciar un contexto general en el cual los agentes “creadoras y creadores, puedan efectivamente desarrollar su potencial en favor del territorio en el cual viven, del mismo modo que lo puede hacer una persona que ha optado por una vocación profesional o un oficio diferente”, sostiene Mantilla, quien ha podido confirmar que “pese al discurso que se ha articulado, los avances han sido bastante más lentos de lo que las circunstancias de la situación amerita. Hoy los creadores y creadoras del área de las culturas y las artes no están viviendo de su trabajo”.

Ante esta situación que caracteriza como un “voluntariado social” por parte de los trabajadores y trabajadoras del arte, Mantilla sostiene de manera enfática la necesidad de perfeccionar el acceso a los Fondos Culturales distribuidos por el sistema de concursabilidad, con el fin de evitar que se siga desperdiciando tanto el potencial de creatividad de nuestro territorio como los recursos asignados para tal finalidad. Esto último reviste vital importancia si se considera otro de los datos que aporta para la comprensión del estado de cosas: Hay fondos en los cuales prácticamente en una década, el territorio de Ñuble nunca ha buscado adjudicación. ¿No les interesan estos recursos?  ¿Falta información o acompañamiento previo a la publicación misma de las bases?”. Estos antecedentes dibujan la necesidad de asumir con mayor rigurosidad e implicación por parte de los diferentes actores sociales la participación en los concursos para la obtención de fondos que permitan financiar las labores creativas. 

Compara con la situación de Valparaíso: “Pese a ser una región comparable en términos de importancia geopolítica y de habitantes a la región del Bío-Bío,  durante los últimos años ha tenido una participación y adjudicación muy superior que ha marcado una clara tendencia en todos los fondos concursables del ámbito de la cultura. Por ejemplo, sólo en el FONDART Regional, en nueve procesos, solo en uno la región del Bio-Bío obtuvo mejores resultados. Esto fue en 2010 y desde entonces, la región de Valparaíso ha seguido adjudicándose mayor cantidad de proyectos, totalizando a la fecha una diferencia equivalente casi a $800 millones”. 

El cierre de las postulaciones de los Fondos de Cultura 2019 se acerca a pasos agigantados y encontrará a Ñuble aún vinculado administrativamente el Bio-Bío, sin embargo, “la condición de ser una nueva región nos pone en la urgencia de pensar qué se va a tendenciar a partir del próximo año. Hoy hay recursos disponibles y extrañamente las personas y organizaciones no postulan y ello no va a cambiar por el mero hecho jurídico de convertirnos en región: hay que desarrollar un trabajo político de activación del territorio en tal sentido, no sólo por el bien del gremio amplio del arte sino también para apoyar el necesario sueño de justicia social de las comuna”, recalca Mantilla, quien expone como preguntas urgentes a abordar para el escenario que se avecina: 

  • ¿Cómo podemos revertir la tendencia a la fuga de nuestros talentos?
  • ¿Nos interesa retenerlos?
  • ¿Qué le ofrece el nuevo territorio de la región de Ñuble que pueda hacer no sólo que nuestros artistas y gestores no emigren, sino que seamos capaces de atraer talentos de otras regiones?
  • ¿Cómo podemos ser un polo cultural real y no un mero eslogan de “cuna de héroes y artistas”?”
  • ¿Se requiere realizar un acompañamiento los artistas y creadores para postular a los fondos disponibles?
  • ¿Quién debe hacerse cargo de ese acompañamiento?
  • ¿Qué rol deben jugar las municipalidades en este proceso?

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“Siempre vale la pena participar de los procesos concursales, pues siempre constituirá un adelanto llevar una idea de proyecto a proyecto aunque ese proyecto luego merezca ser perfeccionado o sea revisable. Lo ideal es trabajar en el diseño del proyecto con anterioridad, un par de meses a lo menos antes, pero si no lo hicieron y ahora diseñan con el tiempo en contra, de todas maneras vale la pena someterse al proceso y a la evaluación”, señala Carmen aludiendo a una necesidad que ha logrado percibir como asesora de postulantes: “Creo en un proceso de incubación de ideas en cultura, en el acompañamiento activo para artistas, gestores y mediadores en un proceso que tenga el tiempo suficiente para delinear adecuadamente las ideas, madurarla y apropiarse del fruto de ese trabajo. Lo central es que sea un proceso mediado pero que tienda a dejar capacidades instaladas en las personas que se vinculan. No se resuelve poniendo a un funcionario o funcionaria municipal a sacar “a presión” proyectos culturales, aunque también creo en la necesidad de que existan equipos municipales o interinstitucionales que apalanquen recursos para los territorios. Apostaría por un formato de aprendizaje más pausado pero sostenido”, enfatiza. 

Otro aspecto fundamental que observa es la necesidad de generar espacios informales de encuentro que permitan tejer afectos y amistad artística: “¿Qué lugar hoy podríamos nombrar en nuestra ciudad capital regional donde sepamos que podamos ir a compartir un café y encontrarnos con un pintor, compartir con una escultora, hablar de fotografía o comentar un poemario en progreso? ¿Cómo se tendencia, por ejemplo, el encuentro entre un escritor y una fotógrafa que puede terminar en un proyecto conjunto? No es fácil nombrar ese lugar hoy, hemos perdido los espacios físicos para el encuentro y de paso eso también debemos restaurarlo para pensarnos como región que se proyecta al país y al mundo”, reflexiona sobre esta carencia que debilita tanto la capacidad de asociatividad entre artistas y cercanía con el propio público.

“No es posible desarrollar una iniciativa de postulación de buena manera, como una oportunidad de aprendizaje, vinculación y maduración de un proyecto artístico-cultural, en 6 semanas como en la actualidad sucede. Yo postulo la necesidad de un acompañamiento en el proceso de maduración, que desde las instancias municipales se visualice esto como una posibilidad de desarrollo e inversión para las comunas y de paso una manera, la mejor manera, de retener en las comunas su recurso humano creativo. Mientras esto siga siendo una instancia individual de un creador o creadora frente a su computador, en una carrera contra el tiempo, lo poco que tenemos, no lo vamos a aprovechar completamente”.

Más de lleno en el nivel estadístico, Carmen define con claridad características que los fondos concursables del ámbito de la cultura han sostenido en los últimos años, afirmando que “tienen comportamientos recesivos en todos esos aspectos que implican grandes desafíos, pero por sobre todo, la voluntad política de corregir las distorsiones”, con esto se refiere a ejemplos como los observados en el ámbito de la creación literaria, donde “ha habido años en que las posibilidades de adjudicación de un hombre comparadas con las de una mujer era cuatro veces superior en el género de poesía”. Otro ejemplo lo constituye lo ocurrido en 2017, cuando “8 de cada 10 becas de creación musical (en todos sus géneros) fueron para varones”. Esta misma situación se replicaría en términos territoriales. Según revela Mantilla, “en el FONDART Nacional en el proceso pasado, de 301 proyectos (equivalentes a poco más de $5 mil millones) el 63,1% fue adjudicado en la Región Metropolitana (190 proyectos), mientras que la Región del Bío-Bío, la segunda región de Chile en importancia geopolítica y en número de habitantes, solo logró adjudicar 20 proyectos equivalente a poco más de $270 millones y a un 5.4% del total de los recursos”. En un nivel más profundo de análisis, se evidencia también que las comunas donde los y las artistas que resultan seleccionados para financiación, son aquellas de recursos más altos.

Sin duda, revertir las situaciones de inequidad y falta de acceso a los recursos disponibles para que la tanto la gestión como la producción y la creación de manifestaciones culturales pueda proliferar en condiciones dignas, entendiendo su aporte a áreas diversas del desarrollo humano, social e incluso económico de las comunidades, requiere un trabajo conjunto que comience por la difusión efectiva de las instancias de participación que permitan conocer las herramientas y metodologías. Tal como están formulados hoy, los fondos de cultura atraviesan tres instancias de evaluación: 

a) Administrativa: Evalúa admisibilidad de las propuestas en función de la documentación y antecedentes. 

b) Evaluación externa: Revisa el fondo del proyecto. Es desarrollada por un evaluador externo al Ministerio (artista, curador o gestor cultural) que ha accedido a este puesto a través de un concurso de realización anual y recibe honorarios en función del trabajo desarrollado. 

c) Comisión: Etapa final en la que se define de acuerdo a la evaluación de los proyectos, cuáles serán los que se adjudicarán los recursos. 

Cruzar estas etapas tiene como requisito fundamental fortalecer las capacidades de los creadores para exponer sus ideas ajustándolas al formato estandarizado, una tarea que, con las cifras en la mano, se adelanta multisectorial, exhaustiva y con un componente amplio de motivación para retener el potencial en fuga. Solo el trabajo contra la precariedad de los y las trabajadoras de la cultura y las artes demuestra la valoración hacia su aporte reflexivo, estético y de mediación sobre la realidad.

 

 

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