¿Cómo Determinó el Alcohol a la Evolución Humana?

Quizás, muchos de quienes afirman que el alcohol es un lubricante social, desconocen la existencia de una serie de teorías científicas que avalan esta sentencia. Lejos de ser una apología al consumo excesivo de bebidas espirituosas, diferentes investigadores han dado con el alcohol como un instigador para que nuestros antepasados primates descendieran de los árboles y para que, pese a las desventajas que supuso para la salud de los primeros humanos, adoptaran la agricultura.

 

La teoría del mono borracho

Desarrollada por Robert Dudley y recogida por National Geographic, explica la forma en que ciertos monos comenzaran a aficionarse al consumo del alcohol. Eso sí, entonces no se trataba de sofisticados cócteles, sino del resultado de la fermentación accidental de frutas. Su fuerte olor las hacía fáciles de encontrar, proporcionaban más calorías y tenían propiedades antisépticas. Un festín que solo se encontraba en el suelo tras la caída aquellas que excedía su maduración.

Descender exponía a los primates al acecho de los depredadores, un riesgo que merecía la pena y que podían asumir sin embriagarse, ya que el volumen de alcohol contenido por las frutas fermentadas no era suficiente y porque gracias a una mutación genética, eran capaces de digerir el etanol con particular rapidez.

 

Cerveza y el “Homo imbibens”

Martin Zarnkow, científico especializado en la historia de la cerveza, sostiene que antes de ser utilizada para elaborar pan, la cebada tenía un uso más parecido al que hoy la identifica mayoritariamente: La cerveza. Basa esta afirmación en los vestigios de antiguo santuario de Turquía (Göbekli Tepe), donde encontraron piletas de piedra que contenían oxalato, sustancia que se produce durante la fermentación de los granos, datando su antigüedad  en 11 mil 600 años atrás.

Patrick McGovern suma a esta corriente los datos de análisis químicos que fechan con más de 9 mil años de antigüedad alcoholes de grano elaborados en China. Desde la antropología, sostiene que el progreso y la evolución de la especie humana estarían fuertemente ligados al consumo ritual de bebidas fermentadas, desencadenando la cultura, la agricultura y la religión.

El investigador acuña el término “homo imbibens” (hombre bebedor) para caracterizar la forma en que el interés por fermentar cualquier planta que contuviera azúcar, las frutas o la leche, dependiendo de la región, desencadenó en un sistema de vida productivo que entendemos hoy como agricultura.

Además de las funciones mencionadas, el consumo de fermentados alcohólicos era más seguro que el del agua y aportaba vitaminas fundamentales como las del complejo B (ácido fólico, niacina, tiamina y roboflarina) que según el mismo autor habrían favorecido el desarrollo cerebral y la consecuente aparición de la escritura, las artes y el idioma.

Desde la antigüedad se registró su uso medicinal y como complemento nutricional. Algunos historiadores señalan que durante la construcción de las pirámides se utilizó como energizante de quienes las erigieron, mientras que otros consideran que la civilización en Mesopotamia solo pudo existir gracias a que el alcohol entregaba los nutrientes que no encontraban en los alimentos de su entorno.

 

¿Cuándo se convirtió en un problema?

Durante la Edad Media, los procesos de destilación permitieron obtener alcohol más concentrado, volviendo riesgoso su consumo habitual y desmedido.

Los más de 10 millones de años que el ser humano lleva bebiendo alcohol,  logrando en ese tiempo evolucionar, desarrollarse, generar comunidades y  sobrevivir, parecen haber dejado una enorme huella que nos vincula a él, poniéndolo en un lugar preponderante de las diferentes culturas, volviéndolo también un problema que ha adoptado diferentes formas.

De acuerdo a los datos del SENDA, en la actualidad, 1 de cada 10 muertes ocurridas en Chile es atribuible al consumo abusivo del alcohol, cifra que se replica en muchas otras latitudes y que además se asocia a 60 problemas de salud, haciendo evidente la necesidad de replantear la forma en que nos relacionamos con las bebidas que nos construyeron en el pasado.

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