Cuentos de Hadas: Historias que Son Muchas Historias

Para la mayoría de los niños y niñas, los cuentos de hadas son la puerta de entrada al mundo de la narrativa y la ficción. Ya sea en las lecturas antes de dormir o a través de películas animadas, pasan tempranamente a formar parte del acervo literario, iniciándonos en la atávica tradición humana de compartir historias.

Se estima que el origen de este tipo de relatos estaría vinculado a la tradición oral y al intercambio de saberes de distintas culturas que adoptaron personajes y aventuras, adaptándolos para hacerlos más cercanos y coherentes con el folklore y el constructo fantástico de cada tradición. La Royal Society Open Science considera que muchos de los cuentos que conocemos hoy datan de hace 6000 años, tiempo en que la oralidad permitió que sobre cada historia existiesen tantas versiones como narradores, característica que con el correr de los años, la recopilación y la propagación de la lectoescritura, comenzaría a ser reemplazada por la estandarización.

Así aparecerían figuras como los hermanos Grimm (Alemania), Giambattista Basile (Italia), Charles Perrault (Francia) o Hans Christian Andersen (Dinamarca), quienes recogieron un gran número de los cuentos de hadas de dominio popular y los estilizaron a los gustos y maneras de las cortes y de sus propias inquietudes literarias.

The Walt Disney Company, uno de los principales propagadores de estas historias durante el siglo XX y lo que va de XXI a través de sus películas, haría el mismo ejercicio a partir de las fuentes escritas disponibles, extrayendo los elementos que más se ajustaban a sus intereses y mezclándolos con licencias creativas, adaptaciones de guión y elementos propios del universo de la animación.

Entre estos derroteros, la versión de los cuentos que se ha cristalizado en el imaginario colectivo tiene más que ver con la adaptación cinematográfica que con las literarias y evidentemente que aquellas que se perdieron o que no fueron registradas. Sobre aquellas que sí disponemos hoy, sabemos que pese a ser moldeadas para niños y adultos contenían pasajes siniestros o que en la actualidad resultarían censurables en el marco del entretenimiento infantil. Como muestra, tres síntesis que despiertan la curiosidad lectora e investigaciones como la desarrollada por Marina Warner en “Había una vez: una historia corta de los cuentos de hadas”:

 

La Bella Durmiente

En 1634, Giambattista Basile escribió “Sol, Luna y Talía”, donde Talía era la princesa dormida, sin embargo, el príncipe, en lugar de despertarla con un beso de amor verdadero, abusa sexualmente de la joven, dejándola embarazada de los gemelos Sol y Luna, quienes para sobrevivir, debían arrastrarse hasta el pecho de Talía para poder mamar. Buscando su alimento, Sol succionó un día el dedo de su madre, extrayendo el veneno que la mantenía dormida, permitiéndole despertar.
El príncipe, al regresar y ver a Talía despierta y sus hijos que no conocía, los lleva a vivir a su palacio donde estaba su esposa, quien intenta matar a los niños pidiéndole al cocinero que los prepare para la cena. El príncipe, descubre el plan y lanza a la mujer al fuego. Finalmente se casa con Talía.

 

La Sirenita

Hans Christian Andersen publicó en 1837 la versión en que Ariel moriría si no conseguía un beso de amor del príncipe. Corre este riesgo no solo por el romance, sino porque convertirse en humana significaba conseguir el alma eterna que las sirenas no poseen. Al mismo tiempo, tener piernas, además de costarle perder la voz, le significa un profundo dolor, ya que al andar sentía continuamente como si hubiese cristales rotos bajo sus pies.

Muy diferente a la historia de Disney, el príncipe confunde a su salvadora y se casa con la que cree erróneamente que su heroína, pese a las explicaciones de Ariel, quien pierde por esto su voz y su desconsuelo la lleva a lanzarse al mar y convertirse en espuma.

 

Blancanieves y los 7 Enanitos

En la versión de los hermanos Grimm (1812), la reina le pide a un cazador que mate a Blancanieves y demuestre que lo hizo llevándole sus entrañas. El hombre se apiada de la joven y lleva las entrañas de un cerdo para engañar a la madrastra, quien se las come al recibirlas.
Los enanitos, en tanto, cuando Blancanieves es envenenada por la reina con la manzana, la depositan en un ataúd de cristal que el príncipe encuentra y se lleva con él.
Los andares del caballo remueven el trozo de manzana de la garganta de la joven, quien le cuenta su historia. El príncipe, además de casarse con Blancenieves, decide invitar a la reina a la boda y vengarse de ella poniéndole unos zapatos de hierro al rojo vivo con los que la obliga a bailar hasta caer muerta.


Esta versión encuentra otra vertiente escrita en el cuento del italiano Basile (1634), quien relata la historia de Lisa, una niña que se clava una peineta mágica a los siete años, quedando inconsciente. Su familia, al darla por muerta, la dispone en un ataúd de cristal, en el que seguiría creciendo hasta convertirse en una adolescente cuya belleza motivaría los celos de una de sus primas, quien rompe el ataúd para matarla. Al cogerla del pelo, quita la peineta y Blancanieves vuelve a la vida.

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