¿Dónde está la sabiduría? por: JP Cifuentes Palma

Vivimos en una sociedad inundada por el conocimiento. Cuando el discurso deambula entre lo verdadero, la posverdad y las noticias falsas, ¿en quién creer?, ¿en qué creer? La sociedad nos agobia con el imperio de los datos y por las redes circulan millones de estadísticas, gráficos, fechas, números al alza o a la baja, UTM, UF, el dólar, temperaturas, indicadores de pobreza, cesantía o delincuencia… cifras que se debaten entre lo confiable y lo dudoso. 

Los datos se han transformado en parte de la cotidianidad. Analistas, medios de comunicación, asesorías gubernamentales o privadas, el Estado y otras organizaciones, sintetizan todo lo que nos rodea para hacerlo accesible a la comunidad que siente la necesidad de conocer los índices de disminución de la pobreza, del alza del combustible, de la segregación educativa y en salud, las proyecciones en torno a la delincuencia, el cambio climático o el funcionamiento de las  organizaciones públicas.

El principal resultado de estar permanentemente expuestos a toda esta información ha sido que, como ciudadanos, posicionemos nuestro discurso en torno a diversas temáticas, sumando a nuestra interpretación de los hechos, lo que recibimos a través de agentes externos, como familiares, amigos, colegas, vecinos, comunidades reales, virtuales, mediáticas o estatales. El riesgo de todo esto es llegar a esclavizarnos, permitiendo que las concepciones homogéneas sobre los conflictos y demandas, nublen nuestra capacidad cognitiva de realizar por nuestra propia cuenta los necesarios procesos de análisis, interpretación, crítica o reflexión, sometiendo a estos ejercicios los datos y las fuentes que se nos entregan.

La academia, en tanto, intenta posicionarse como la fuente idónea para conducirnos por esta densa maraña. Grandes investigaciones en torno a la cura del SIDA o del cáncer, en el área de la salud por ejemplo,  terminan siendo publicadas en revistas especializadas sin un aterrizaje a la comunidad. El conocimiento está presente pero, en principio, sin el compromiso de comunicarse de una manera apta para todos. 

Esa extraña necesidad de la academia de sentirse y ostentar superioridad, es similar al quehacer de los poetas en el siglo XIX, quienes creían que la circulación de los versos debían  mantenerse limitada a los círculos literarios, cerrados, sin que la plebe tuviera acceso a las letras, prejuzgando su entendimiento y capacidades para comprender las obras artísticas. De la misma forma, científicos y académicos limitan su campo de acción a las universidades, donde vastas investigaciones centran su valor en la grandilocuencia de ser publicados en prestigiosas revistas internacionales, en optar a premios y reconocimientos, a realizar una conferencia de prensa, charlas o seminarios para un público reducido que cumpla con el estándar que que han definido como apto para comprender sus elevados planteamientos. 

Entonces, ¿dónde está la sabiduría? Comprendiéndola como la capacidad del ser humano para desarrollar actos guiados por el conocimiento, orientándolos al aprendizaje, al desarrollo sostenible y al bienestar individual y colectivo, podemos analizar situaciones como las que hoy ocurren con los medios de comunicación tradicionales y con las redes sociales: Frente a una realidad tan dolorosa como los incendios forestales que han causado destrozos inconmensurables en Australia, la postura de ambos espacios es la de bombardearnos con datos, informaciones y conocimientos de mayor o menor relevancia para los espectadores, como las condiciones necesarias para la propagación del fuego o precisos detalles sobre las labores de combate realizada por las brigadas. Precisos, pero carentes de un componente sustancial. 

¿Dónde está la sabiduría aplicada para comprender y ayudar a comprender que la responsabilidad es nuestra? ¿La de generar una conciencia medioambiental  en los colegios, sedes sociales, agrupaciones artísticas, culturales, políticas o deportivas? ¿Dónde está la sabiduría para comprender que el reciclaje, la limpieza de los bosques o el cuidado y resguardo de nuestros manantiales son la base para la construcción de los puentes necesarios entre lo humano y lo natural? En esta misión de dotar de sentido el saber, la academia, los centros de investigación y otros espacios de cultivo intelectual, tienen la misión de construir una sabiduría desde la comunidad y para la comunidad. De no ser así, las ciencias y la investigación seguirán enfocadas en la búsqueda de un conocimiento vacío, celebrado por revistas que serán destruidas por el paso del tiempo y por premios que serán parte de futuros museos. 

La sabiduría está entre nosotros, es momento de construirla e implementarla antes de que sea demasiado tarde.

 

Más sobre el autor: 

Escritor chileno, profesor de lenguaje y columnista en la Revista Pudú, miembro de la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (Alciff Chile) que publicó los poemarios “Dile a Jesús que tenemos hambre” (2016), “Dios castiga pero no a palos” (2016), “A oscuras grité tu nombre en el muro de Berlín” (2016), Destrucciones a las 11 AM (2018);  las novelas breves “El Ataud” (2017) y “El último que muera que apague la luz” (2017). Este año ha publicado el libro de cuentos de terror “La supervivencia del caos” / juanpix85@gmail.com

 

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