Educación ambiental vs. Reactivismo Por: Erwin Sepúlveda Sáez - Trabajo Social UBB

El actual panorama ambiental a nivel mundial se torna adverso. Desde los procesos extractivitas, con una fuerte lógica de mercantilización de los bienes comunes naturales, hasta la lógica pasiva de la población por el cuidado y prevención del deterioro de los ecosistemas de los cuales son parte.

Esta situación ha propiciado procesos de lucha y resistencia en torno a este modo de vivir, protagonizados por fuerzas muchas veces del todo antagónicas: el Estado y los movimientos o colectivos socio-ambientales, difiriendo ambos grupos en la lógica desde la cual se plantea el problema medioambiental y el modo de abordarlo.

El Estado busca el bienestar ambiental con acciones que, si bien benefician tanto la sociedad civil como el medio natural, siempre están encasilladas y delimitadas por el mercado, en tanto estos mecanismos de solución no afecten el potencial económico de un territorio. Por ejemplo, si una solución radica en prohibir la acción forestal en una zona afectada por la erosión de esta actividad -la cual afecta a la flora, fauna y las comunidades aledañas-, es más probable que esta solución emane desde un movimiento socio-ambiental más que del Estado, por la lógica economicista que se aplica al problema: El Estado promovería la delimitación de las zonas a ser forestadas, haciendo creer a la población que el daño disminuye, lo cual es solo un truco para mantener los procesos extractivos.

De forma contraria, los movimiento o colectivos socioambientales salen de esta espacio de soluciones tradicionales, responsabilizando de manera directa a todo organismo que entre sus aspiraciones estén el daño o deterioro del ambiente* y generando acciones al margen del mercado. Tomando el mismo ejemplo anterior, una solución sería el boicot a estos organismos, intentando paralizar sus funciones, en pos de búsquedas legales hacia la solución del problema.

Teniendo clara la diferencia entre el accionar de los movimientos y colectivos socio-ambientales y del Estado con respecto a los problemas ambientales actuales, es posible abordar una crítica específicamente enfocada a los movimientos y colectivos socio-ambientales:

Estas organizaciones tienen como principal objetivo preservar, mejorar y proteger el medio natural de las principales actividades capitalistas que atentan hacia el ambiente. Debido a lo anterior, las acciones más evidentes y masificadas son de tipo reactivas, es decir, cuando surgen hitos de deterioro ambiental (creación de represas, instauración de zonas de forestación, contaminación industrial de ríos y lagos, etc.) estas organizaciones se enfocan en tratar de minimizar el daño, o simplemente evitar que ocurra. Es aquí donde surgen colectivos en contra de las represas, movimientos a favor de la expropiación de bienes naturales comunes, entro otros.

Si bien esta forma de proceder plantea soluciones, también merece un análisis que enfrente el hecho de que este tipo de acciones no conllevan una concientización a cerca del daño que provoca cualquiera de los elementos que se busca contrarrestar, apuntando exclusivamente a evitarlos o erradicarlos.

Pese a que existen colectivos que contemplan la promoción de la re-educación de la población dentro de sus acciones, el complejo panorama ambiental que viven las sociedades contemporáneas impide que sea un foco principal de su trabajo. La diversidad de problemáticas ambientales hace necesaria la acción reactiva, dificultando difícil generar procesos de re-educación ambiental en las comunidades. En esto es indudable responsabilizar al capitalismo como precursor tanto de los problemas ambientales vividos actualmente como sociedad y como planeta, además de ser un promotor de la lógica reactiva de los actores antagónicos a esta forma de acumulación de capital y desarrollo.

Considerando todo esto, cualquiera que sea el sujeto, organización, movimiento o colectivo que desarrolle una acción ambientalista, debiese apuntar como fin principal a la re-educación ambiental, para promover la conciencia crítica del daño ocasionado por el sistema imperante y por nosotros, como sujetos individuales y colectivos.

La educación ambiental es un espacio capaz de reconfigurar los mapas mentales de los sujetos, logrando que estos vean que los problemas actuales son reales y urgentes de resolver, además de visibilizar que las soluciones no son solo a nivel individual, sino que son responsabilidad de la sociedad en general. Desde ese punto, las acciones, por más reactivas que sean, serán desde un sentido de sensibilización del problema y tomarán un volumen mayor de adherentes, lo cual se traduciría en mayores mecanismos de presión hacia las entidades capitalistas, incluido el Estado.

* Entendiendo este como la relación entre lo humano y lo no-humano, es decir, el hombre y lo generado por él, en conjunto con los animales, plantas y especies no-humanas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *