Educar Para Disminuir Cifras del VIH/SIDA Por: Alen Alegría, Fundación Iguales Ñuble

Durante las últimas semanas hemos visto como la problemática del VIH/SIDA ha vuelto a estar en la palestra y ocupando las portadas de los medios de comunicación, debido al aumento en las cifras: Actualmente en Chile habrían 100.000 personas seropositivas según el Ministerio de Salud, un 96% más de lo que se registraba durante 2010. 

Sin duda, desde que el virus realizó su aparición en la década de los 80, el VIH/SIDA ha conllevado una tremenda carga de reproche social, estigmatizando por cierto, en primer lugar, a los homosexuales del planeta.

Es aberrante saber que hoy, en el siglo XXI, teniendo al alcance toda la tecnológica que nos permite acceder a información, las cifras de transmisiones vaya en aumento. Esto obedece a una nula responsabilidad del Estado respecto del tema, quien durante los últimos 20 años ha realizado campañas con mensajes difusos e inconexos, con poca claridad respecto de la vital importancia del uso del preservativo así como también de la práctica del examen preventivo. Hace no mucho tiempo, en dichas campañas se incorporó a todos los grupos humanos, las primeras fueron principalmente orientadas al mundo homosexual y a quienes ejercen como oficio el comercio sexual. 

El VIH/SIDA afecta a todos los seres humanos por igual, cualquiera sea su raza, edad u orientación sexual. Esto queda demostrado con la aparición de tres grupos etarios objeto de análisis. Primero, los y las adolescentes entre los 15 y 18 años, quienes por desconocimiento o falta de acción oportuna, se ven expuestos tras el inicio de su vida sexual, lo que claramente demuestra la poca o nula educación sexual efectiva que se está entregando en los establecimientos educacionales, la cual se limita básicamente a evitar embarazos, pero no informa respecto de los riesgos de contagiar ITS (Infecciones de Transmisión Sexual). Ni qué decir de educar respecto de una salud sexual afectiva, donde la sexualidad sea mirada no como algo tabú, sino como parte del desarrollo humano.

Luego, nos encontramos con un segundo grupo etario compuesto principalmente por mujeres de entre 40 y 65 años de edad, que se encuentran en una relación estable con hombres, sea matrimonial o no, y por lo cual no consideran necesario el uso de preservativo.

Debido a que la tecnología puestas al servicio del ser humano ha permitido la prolongación de la esperanza de vida, y con ello sin duda el disfrute de la misma, el tercer grupo contiene a las personas pertenecientes a la tercera edad que extiendan su vida sexual activa sin tomar precauciones, pues consideran que por motivos biológicos ya no corren el riesgo de un embarazo, obviando la existencia y posible contagio de ITS, en especial del VIH/SIDA.

Por todo esto urge un plan de trabajo enfocado en la información y educación, realizando un fuerte llamado en primer lugar a la prevención, mediante el uso del condón al momento de mantener relaciones sexuales, sean con la misma o con diferentes personas y, también, facilitar o promover el examen preventivo, así como se nos invita durante el mes de agosto a cuidar nuestro corazón, la misma invitación debe efectuarse todo el año a realizar el examen para determinar si somos o no seropositivos.

Han surgido ideas diversas respecto del uso de Prep –un medicamento que prevendría la transmisión– y de test rápido, así como también, la de criminalizar la transmisión intencionada del virus. Antes de poner a disposición de la población el Prep o bien el uso del test rápido –cuya desventaja es la falta de personal que puedan realizarlo y practicar la consejería correspondiente y eventual derivación al servicio de salud–, se debe informar y educar a la comunidad de la importancia trascendental que tiene el correcto uso del preservativo, enseñarlo sin temor, sin medias tintas, así como dónde y cómo almacenarlo, para que sea realmente efectivo y no presente fallas.

Finalmente y respecto de quienes han propuesto la criminalización de las personas que transmitan intencionalmente el virus, es de nuestra opinión que antes de condenar primero debemos educar, otorgar las herramientas, no solo para evitar el contagio, sino concientizar a tal nivel, que el uso del preservativo o la práctica del examen preventivo sea una política pública transversal, que abarque el ámbito educacional y de salud, de tal manera que las personas sean realmente conscientes de los riesgos y las consecuencias cuando no se sigue el tratamiento adecuado.

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