El Curioso y Multicultural Origen de las Calabazas de Halloween

Símbolos indiscutibles de Halloween, las calabazas talladas guardan una interesante historia que mezcla la leyenda, fenómenos naturales, producciones agrícolas y el sincretismo cultural.

Previo a los avances científicos que hoy nos permiten conocer el origen del fuego fatuo, surgió una innumerable cantidad de explicaciones de carácter sobrenatural que daban sentido a estos brotes de ignición espontánea que lucen su brillo a la distancia, dando pie al nacimiento de historias sobre seres mágicos, malignos o piadosos que colmaron el folklore celta, persistiendo en el imaginario colectivo, generación tras generación.

 

La película animada Brave (2012), ambientada en la Escocia Medieval, representa los fuegos fatuos como guías de la protagonista.

 

En efecto, parte de las que hoy componen las húmedas islas británicas fueron el escenario donde surgiría la figura de Jack o’ Lantern, nombre con el que se conocen las calabazas utilizadas como ornamento en la actualidad. En primer lugar, sus múltiples pantanos y ciénagas producían continuamente gases inflamables provenientes de la putrefacción de materia orgánica, generando pequeñas llamas azuladas a poca distancia de la superficie. Por otra parte, en aquellas tierras se celebraba la festividad pagana de Samhain, con la que marcaban el final de la época de cosecha y el inicio del invierno o la “mitad oscura”.

La imposición del cristianismo sobre los celtas, intentó reemplazar el Samhain con tres días ceremoniales, dentro de los que estaba Halloween (contracción de la expresión All Hallows’ Evening o víspera de todos los santos), resultando una combinación donde prevaleció la tradición que dicta que durante aquella noche, las barreras entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos se vuelven más finas y los espíritus caminan por la Tierra, manifestándose en forma de pequeñas llamas.

Mental Floss sitúa en la Irlanda del siglo XVII el momento en que un herrero llamado Stingy Jack acudiría a un bar junto al diablo. Jack, al no querer pagar la cuenta, logró convencer a su acompañante de convertirse en una moneda y recuperar su forma tras fingir el pago. Sin embargo, en lugar de dársela al encargado, el herrero guardó al transfigurado demonio en su bolsillo junto a una cruz de plata, impidiéndole regresar a su estado anterior, poniendo como condición para liberarlo el compromiso de no llevarlo al infierno tras su muerte. Otras versiones de la historia, cuentan que el diablo habría trepado a un árbol a recolectar manzanas y Jack le impidió descender dibujando una cruz en el tronco, liberándolo finalmente bajo la misma condición que en el relato del bar.

Al morir Jack, sus pecados le impidieron entrar al paraíso y él mismo había buscado su exilio del infierno, condenándose a ser un alma errante para toda la eternidad. Para que pudiera ver el camino en la oscuridad, el diablo le arrojó una brasa que Jack acomodó dentro de un nabo tallado para no quemarse las manos, ganándose así el apodo que desde entonces se suma a su nombre “o’ Lantern”, el de la linterna.

En aquella época, en zonas rurales de Escocia e Irlanda era frecuente el tallado de hortalizas como nabos, remolachas y papas, a los que se les dibujaban rostros terroríficos y en su interior se alojaba una pequeña vela para ahuyentar a los malos espíritus y a las almas perdidas como la de Stingy Jack. Al llegar estas leyendas y costumbres a Estados Unidos en el siglo XIX gracias a las colonias irlandesas, posiblemente motivados por el tamaño, la consistencia de su piel y carne, además de la abundancia encontrada las tierras americanas, estos vegetales fueron reemplazados por la calabaza, cuya morfología recuerda a una cabeza humana desprovista de su cuerpo, de hecho, el relato de 1820,Sleepy Hollow, escrito por Washington Irving, hace referencia a esta hortaliza como la señal característica del jinete sin cabeza.

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