El Fascismo toma fuerza, ya no basta con rezar por: Carlos Candia Berrocal, el Ciudadano Candia

Foto: Dazed

Es increíble que en un mundo completamente globalizado, que ha puesto en evidencia las más terribles acciones del hombre, que nos avisa de la muerte y el dolor de miles de seres alrededor del mundo, en este mundo interconectado, sigan existiendo votantes de la ultraderecha. La contradicción es a nivel mundial, pero especialmente en Latinoamérica, donde nos encontramos con un fuerte discurso de liberación y recuperación de derechos, la votación sigue creciendo para los fascistas.

Si bien existe cierta apertura generalizada que va desde el ambito sexual hasta el político, pasando por la economía y las comunicaciones (en la televisión se puede hablar prácticamente cualquier cosa, existen diversos medios independientes o incluso puedo comunicarme de manera directa con Donald Trump o a Shakira) cabe preguntarse si efectivamente es sinónimo de igualdad. Ante los hechos, cabe decir que no.

Los medios han creado una falsa realidad mientras las niñas que hacen carteras en Bangladesh, no están twitteando ni subiendo fotos de sus comidas a Instagram y, si lo hacen, siguen construyendo sus vidas desde la esclavitud. La apertura de las redes ha generado un estilo de vida y la cultura occidental parece haber generado una lógica de vivir mediada por la red, donde muchas de las cosas que hacemos y la forma en la que nos comunicamos, está en las redes, lo que si bien tiene muchas ventajas (hablo con mi familia, me expreso, debato, conozco otras realidades…) conlleva también aspectos negativos a través de los que se discrimina, homogeniza y estandarizan la realidad del que navega en ella.

Un ejemplo claro de lo anterior: Si mañana se hiciera viral la compra de una consola de videojuegos, lo más probable es que muchos iríamos a adquirirla rápidamente. Hay personas que se van de compras como si estuvieran en New York, pero viven en El Carmen y este tipo de homogenización no construye “democracias”, por el contrario, construye estilos de vida conservadores, donde la tradición se transforma en “la moda”. Es así como la cultura que antes era diferente de acuerdo a las comunidades, hoy se iguala en todas partes, situación muy conveniente para el sistema neoliberal, que busca regular a través del mercado los estilos de vida, las lógicas de trabajo y el consumo, siempre el consumo.

Entonces, quienes proponemos un cambio en la realidad desde la izquierda, apelamos a una reconfiguración del mundo que para muchos es imposible de sostener. ¿A quién se le pasaría por la cabeza limitar las compras, obligar a reciclar la comida o cambiar los estudios y trabajos modernos por oficios? Claramente pensar en una reconfiguración del mundo es absolutamente irrisorio, y atenta contra el destino que el capitalismo ha trazado engañosamente: “Cada uno elige vivir”, pero esta posibilidad de vida bajo el liberalismo, solo establece una forma de vida de consumo en un mundo posible, el autoritario.

Vivimos una esclavitud ejercida por el mercado que se sostiene en el endeudamiento. Esta falsa sociedad se acaba de dos formas: Crisis económica o crisis ambiental, ambas ocurren ahora y pronto será demasiado tarde. Mientras tanto, el fascismo se esconde tras la falsa máscara que construyen para hacer creer que son constantemente acallados por una izquierda enorme que crece y crece, pero la verdad es que los fascistas son los mismos dueños del capital, apoyados culturalmente por quienes no pueden imaginar otro mundo posible que este que habla de las “oportunidades” y  del “sacrificio”, estableciéndolos como valores por enecima de los los derechos humanos que violan gracias a estados que se desentienden de garantizarlos.

Es difícil saber que va a pasar. Lo más probable es que vivamos una oleada derechista en Latinoamérica y quizás, en el mejor de los casos, pensando muy positivamente, estos gobiernos despierten a la gente. Un halagueño pronóstico que cuesta creer sabiendo que la fuerza del neoliberalismo pasa por estar encarnado en las personas. ¿Qué hacer entonces? Por el momento, mi consejo es apostar por la unidad, volver a las calles e identificar a los hermanos de la clase. Una vez reconocidos bien los aliados y enemigos, es mucho más fácil, para nosotros, esos que nos comemos las uñas por la madre tierra, nuestr@s herman@s y su futuro. Necesitamos saber con quién tomarnos las manos para soportar el aluvión de represión y fascismo. Ya no basta con rezar.

 

 

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