El Peligro a los cuerpos por: Carolina A. Vega Muñoz

Emergen conductas, encuentros y afectos sin anticipación ni preparación, sin una causalidad  pausada que permita la tranquilidad en los actos, la cotidianidad de los hechos. Ocurre una interrupción a nuestras consideraciones más elementales, un suspenso a nuestras relaciones cuyo acaecer constante nos permite llamarles “vida” o “la vida”.

Luego, esta interrupción habita en lo externo e interno. Externo en tanto el COVID19 se considera un ser que «entra» a nuestros cuerpos; e interno, en tanto potenciales objetos de transporte del mismo. Acá entonces se pierde la barrera del afuera y del adentro, y nuestros cuerpos se tornan reversibles, por tanto más inesperados, sensibles, altamente vulnerables. 

Esta interrupción particular, la pandemia del COVID19, nos ubica en un estado de Peligro a los cuerpos (la mayúscula denota el intento de conceptualización), que hace patente no sólo el miedo visceral a la muerte, sino que también atemoriza los afectos, desentona la sexualidad, reubica el espacio público y privado (también ahora reversible); peligra el cuerpo como afectado y como afectante manteniéndose sin referencia, duplicado; lo que resulta aún más confuso en un cultura donde prevalece la creencia por los individuos en tanto «uno que es», y las ontologías relacionales o pluralistas, alejadas de las necesidades del capitalismo, se encuentran también alejadas de nuestros conceptos.

El Peligro a los cuerpos, así entonces, nos sitúa en un estado plegado e indefinido menos propenso a ser sujeto de control; lo cual da cuenta de la necesidad de medidas altamente restrictivas y generales (declaración de zonas aisladas, cuarentenas estrictas, informes, registros, etc.) que, aplicadas de acuerdo a la ética, hagan posibles la continuidad de la vida de dichos cuerpos, para luego ser vividos efectivamente. Dejando de lado la institucionalidad, este estado no sólo nos interrumpe sino que nos interpela; la latencia del peligro nos enrostra los afectos y relaciones colectivas en tanto que silenciadas; y las consecuencias de cuando el peligro deja de ser una latencia y se hace efectivo derribando los cuerpos más allá de lo que el devenir biológico produce. Nos enrostra las carencias de una estructura social que tiene como primer axioma el cúmulo de capital pecuniario. No implica sin embargo, una parálisis de los cuerpos y esta misma interpelación hace posible potenciar lo que se nos enrostra: el Peligro a los cuerpos ocurre entonces también plegado y por tanto es zona de potencial, construcción y de creatividad, pues la emergencia de nuevos agenciamientos, métodos, tecnologías, estructuras, relaciones y sistemas no han sido ocupados todavía como dispositivos de control, herramientas de explotación ni convertidos en objetos de propiedad. Esta edad temprana de la emergencia en estado de Peligro a los cuerpos deviene entonces también, en una abertura para uno de los impulsos colectivos vitales que hace de los movimientos la posibilidad de llamarlos la vida: crear; y ahora, crear colectivamente.

 

 

Sobre la autora: 

Carolina A. Vega Muñoz es magíster (c) en Filosofía, UdeC y coordinadora del Taller de Filosofía de @librosmetaestables

 

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