Encuentro Entre Barrios: La Iniciativa de (Re) Construcción de Tejido Social

Cuatro años lleva La Otra Escuela dedicada a la educación comunitaria no-sexista e integradora en los barrios de Chillán. El colectivo de educación popular se encarga de generar instancias de recreación y reflexión para niños, promoviendo la identidad territorial y el empoderamiento de sus capacidades.

Un pilar fundamental de las actividades que desarrollan tiene que ver con la promoción de los derechos de la infancia, además del respeto entre hombres y mujeres y el bien vivir en barrios periféricos de la ciudad que habitualmente se encuentran fuera de la cobertura institucional, desde una lógica integradora, lúdica y profundamente humanista.

Durante sus tres primeros años pudieron financiar sus intervenciones en la comunidad gracias a proyectos adjudicados a través de la Vocalía de Educación de la Universidad del Bio Bío, de beneficios autogestionados y de aportes propios para el despliegue de materiales y recursos humanos de este equipo compuesto por educadores, psicólogas, nutricionistas, estudiantes de pedagogía, entre otros voluntarios ocasionales y permanentes.  Para este año, sin embargo, lograron conseguir un Fondo de Iniciativas Culturales, dependiente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, que les ha permitido desarrollar en lo que va de años, iniciativas como “Encuentro Entre Barrios”.

 

 

Se trata de una serie de talleres en los que trasladan el muralismo, el yoga y otras disciplinas artísticas y deportivas a niños y niñas del sector sur oriente de Chillán. Actualmente son alrededor de 30 los participantes de entre 6 y 17 años, jóvenes vecinos de la Nueva Río Viejo, Villa Las Crisálidas y Villa Jerusalén, barrios que se van rotando como anfitriones de las diferentes jornadas.

El sábado recién pasado fue turno de la Villa Jerusalén. El frío de la tarde se interrumpió para los niños y monitores que, habiendo tejido una historia común a lo largo del proyecto, esperaban ansiosos volver a encontrarse. Extendieron sus mats en una de las plazas del barrio para celebrar el encuentro, libres para expresarse en un marco de respeto implícito, en el que cada uno de los actores era una pieza fundamental.

Mezclados entre sí, los pequeños acompañaban con risas alegres y respuestas al unísono las instrucciones y preguntas de los mayores. Tenían que llegar a sus casas antes de las 20:00 horas, por lo que cada minuto juntos era un tesoro valioso.

Primero fue un show interactivo de malabarismo y magia, divertido, dialogado y en complicidad. Las bajas temperaturas hicieron aún más bienvenida la posterior activación física a través del juego y del yoga. Felices, corrían y adoptaban posturas que eran capaces nombrar y reproducir con la plasticidad única de la infancia. Tras una colación que compartieron, cuidando dejar el entorno libre de residuos, fue el turno del vóleibol. En lo que sería una clase exprés, adquirieron los principios básicos: cómo hacer un saque, cómo recibir la pelota, cómo flectar las piernas y cómo evitar lastimarse las manos. Jugaron y celebraron al equipo ganador, pero ya se acababa el tiempo. Hubo que despedirse y emprender el regreso a casa pese a quedar cosas en el tintero.

Más que mero esparcimiento, es evidente que la intervención de La Otra Escuela en el seno de estos barrios ha ido sembrando en el grupo de niños y niñas una semilla que ya muestra sus primeros brotes, augurando un modelo de convivencia vecinal de colaboración, de empatía y preocupación por el otro, que viene a reemplazar el extendido individualismo, un potente destructor de la calidad de vida, de la seguridad y de la identidad de cualquier comunidad y su agencialidad al interior de la sociedad.

Conversaban dos de las niñas durante la colación:

-¿Te gusta mi villa?
-Sí, es muy bonita
-A mi también me gusta la tuya. Podemos pedir permiso para que vengas a mi casa un día a jugar.

 

Vídeo: La Otra Escuela

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