Escritores chilenos de ciencia ficción se reúnen en la “Antología COVID-19 CF Ch” Entrevista por: JP Cifuentes Palma

La crisis social, de salubridad, económica y epidemiológica que atraviesa el planeta, más que freno, ha sido un impulso para el surgimiento de proyectos que persiguen crear espacios de acercamiento a las letras y panoramas de entretención vinculados a la Ciencia Ficción. Enmarcadas en un género que en incontables ocasiones ha probado entrecruzarse con la realidad, han visto la luz iniciativas como la “Antología COVID-19 CF-Ch”, a cargo de Leonardo Espinoza, quien accedió a conversar en extenso sobre este proyecto compilador de distribución gratuita:

 

  • ¿Cómo surge la idea de esta antología?

Es un producto que nace completamente de la cuarentena. Además de escritor, soy médico de profesión y la medicina consume gran parte de mi tiempo, pero la necesidad de escribir y de crear está siempre presente, exigente, palpitante, realmente, buscando el momento preciso para tomar de nuevo las riendas, y bueno, catorce días de cuarenta hicieron lo suyo. 

 

  • Tuviste más tiempo para dedicarte a esa faceta…

Claro. La primera semana leí y estudié, pero pasando los días, no hubo forma de aguantarme. La temática estaba en todas partes y con ella la idea. Tenía que ser algo sobre la pandemia. Así que quedándome solo sietes días para volver al trabajo (a mi respectiva ronda para ayudar en la crisis sanitaria), sabía que no bastaba con escribir un cuento yo solo, o si podía hacerlo, no habría tenido tiempo para publicarlo o difundir. Entonces se me ocurrió generar esta antología en tiempo récord.

 

  • ¿Recurriste a nombres que conocías?

Convoqué a escritores con los que ya tenía cierta experiencia, les expliqué lo extremo que sería el proceso y partimos. Yo también hice mi respectivo cuento mientras los demás avanzaban con los suyos. Me transformé en el editor general y Arturo Sierra se transformó en el corrector de estilo. Y no paramos… Creo que fueron tres días seguidos en los que me acosté pasadas las tres de la mañana. Gozando, claro. No fue fácil, pero fue una experiencia tremenda.

 

  • Intenso y bien acompañado pese a las condiciones de virtualidad en las que se tienen que desarrollar estas cosas por las circunstancias especiales de aislamiento…

Sí, de hecho en el camino surgió la ilustración de portada, de manos de Romy Riq, y Sietch Ediciones se entusiasmó cuando les pedí personalmente su apoyo. Como sello editorial le podrían dar peso al texto que también necesitaba una diagramación profesional y en los tiempos que estábamos manejando. ALCiFF, por su parte, estuvo también siempre apoyando como comunidad. Y así se logró en una semana un trabajo que se lanzó gratuitamente para todo quien quiera leerlo. 

  • ¿Siguieron algún tipo de criterio de inclusión/exclusión para los textos?

Como convoqué a personas con las que me sentía en confianza, me di un gusto personal de explicitar en las bases el parámetro principal que se exigía que el texto enviado fuera ciencia ficción y no fantasía. Les dije que nos basaríamos en los principios de Philip K. Dick y de Darko Suvin y me atreví a especificar: “Si usted sospecha que su relato puede ser realmente fantasía y no ciencia ficción, es probable que así lo sea”, agregando: “Todo texto enviado que resulte ser fantasía y no ciencia ficción será automáticamente eliminado”. Me rio con esto. En cierto modo iba en serio, pero a la vez no. Los grises son inevitables. Lo bueno es que el otro parámetro solicitado, que la temática fuera sobre el COVID19, tendía de manera natural hacia la ciencia ficción.

  • Con esta diferenciación entre fantasía y ciencia ficción se ahonda en una disputa conceptual…

Es una especie de broma interna que tenemos en el círculo. Siempre ronda el tema sobre la literatura de fantasía y la de ciencia ficción, de su cercanía y de su lejanía, de si se pueden separar o bien están unidas inevitablemente. En lo personal, respeto la fantasía pero no es lo que más disfruto. Del mismo modo, respeto a los teóricos que dicen que dividir ambas vertientes no tiene mucho sentido, si bien no comparto en absoluto el argumento, es una discusión que no tiene resolución (y en parte es lo entretenido de dialogar entorno a ello). Suelo bromear con aquellos momentos en que uno quiere leer ciencia ficción y termina sentado frente a un texto de fantasía. Por supuesto, hay áreas grises, no cabe duda y es fundamental tener esta flexibilidad, porque hay obras donde simplemente la línea se difumina. En otros casos, en cambio, nadie o muy pocos podrían negar que la diferencia es evidente. 

  • ¿Cómo has sentido el apoyo de la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantasía Chilena (ALCiFF) en todo este proceso?

Muy relevante, comenzando porque ya cuenta con más de cincuenta miembros activos que para mi representan una familia, con espacio para todos. Me ha permitido conocer grandes amigos, conectarlos con otros, armar ideas locas y proyectos como este. Es interesante el funcionamiento, ya que además de contar con un directorio central, promueve el funcionamiento en base a comisiones más autónomas y específicas que se activan cuando un miembro propone algo. Está en constante recepción de postulaciones para quienes quieran integrarse, esto se hace enviando un correo a la dirección <alciffchile@gmail.com>, expresando el interés y comentando parte de lo que realiza.

 

  • Para quienes no conocen la ALCiFF y puedan sentirse interesados, ¿Cómo la definirías y cuáles son sus ámbitos de acción?

Funciona como una plataforma comunitaria para el género en el país, promoviendo específicamente la ciencia ficción, pero en términos más globales, la literatura fantástica. Es una red de apoyo para procesos creativos, críticos y de estudio de estas materias, que permite también poner en contacto a escritores, académicos, editores y aficionados nacionales. Todo esto desde una “perspectiva multicultural, procedimental y constructiva considerando el contexto social y cultural de la sociedad chilena, más accesible al tipo de literatura a la que estamos adscritos”, como se autodefine la plataforma.

  • Volviendo a la Antología, ¿con qué se encuentran los lectores y lectoras al enfrentarse a esta recolección de textos hechos en cuarentena?

Con frutos de la ciencia ficción chilena que se adentran en las inquietudes humanas que rodean a esta pandemia, la más terrible de los últimos cien años. Podrán recorrer las especulaciones de estos autores y, quizás, compartir sus angustias, o encontrar alivio, al sentir que no están solos en sus divagaciones. Encontrarán ideas que querrán continuar expandiendo y encontrarán personajes que pronto echarán de menos. Verán el rostro mismo de las ideas y los destinos que imaginamos. ¿Y si pudiésemos combatir este coronavirus reduciéndonos a su tamaño? ¿Y si tal vez fue la consecuencia de un viajero en el tiempo en uno de sus viajes a Wuhan? ¿Puede el coronavirus no ser exclusivo a nuestro planeta? O, ¿qué pasaría si un médico encontrara la cura y prefiriera destruirla, considerando que el planeta estaría mejor sin nosotros? ¿O bien es un castigo de nuestros creadores? ¿O es, simplemente, el primer paso para un nuevo tipo de tecnología? ¿Te contagiarías a cambio de una “mejor” vida? Cosas como esas puede que encuentren.

  • ¿De la mano de qué escritores se abordan estas perspectivas?

Somos veinticinco en total. Están los poetas porteños Marisol Uretras y Marcelo Novoa (editor en jefe de Ed. Puerto de Escape), Michel Deb, autor consagrado con su saga Orbe, publicada en Chile y en España. J.M. Fernández, ganador del reciente campeonato narrativo de Fantástica Sin Fronteras. J.P. Cifuentes, Wilbert Gallegos y Gisela Sanhueza, las voces de la ciencia ficción en Ñuble. Los académicos Felipe Tapia y Carlos Gómez. La multifacética Yamila Huerta, a cargo de la Editorial Fénix Dorado. La artista visual Romy Riq. Jesús Todemun, gran pionero del subgénero Raypunk en Latinoamérica. Connie Tapia Monroy, el bastión de la ciencia ficción y el terror en el norte de Chile, a cargo de Cathartes Ediciones. El prolífico escritor Fabián Cortez. La primera presidenta de ALCiFF, Andrea Prado, y otros destacados miembros de la asociación, como Arturo Sierra, Diego Escobedo, Josefa Tello e Iván Salazar. El antropólogo Cristóbal Villegas, quien escribió un prólogo de maravilla.

Y por último, dándole un toque especial a esta antología, aquellos que están día a día viviendo la situación del COVID-19: los médicos de esta antología. Ignacio Domínguez, en primera línea en el Hospital Sótero del Río. Aaron Szewkis, médico general de zona en Río Bueno.Agustín González, dermatólogo pronto a ser destinado al Hospital de La Florida. Héctor Olmedo, veterano de la Urgencia. Y, finalmente, este loco que está siendo entrevistado.

  • ¿Quisieron darle algún foco, algún hilo conductor o un objetivo que unificara el contenido?

Creo que tiene dos finalidades primordiales. Por un lado, sumarse a los apoyos por continuar el desarrollo de la ciencia ficción chilena (eso sí, no de la fantasía…. ¡ya, si es broma!), tanto a nivel de escritores, editores, ilustradores y, sobre todo, a nivel de lectores. Por otro lado, tiene la finalidad de sumarse a las contribuciones colectivas que están surgiendo en estos tiempos de pandemia y cuarentena: un libro gratuito para quien pueda necesitarlo ya sea como terapia o entretención, como ejercicio o distensión. Ahí está, para quien así lo desee.

  • ¿Consideran que la ciencia ficción puede aportar especialmente? 

Creo que la ciencia ficción es intrínseca al ser humano. El “nombre” puede que no sea el mismo a lo largo de nuestra historia (pasada o futura), pero su esencia siempre ha estado, desde formas más simples a otras más complejas. Es una conjunción entre filosofía, pensamiento científico y arte. Eso la hace trascendente e inevitable. Es nuestro “laboratorio”, como diría Ted Chiang. Más que un factor relevante en esta situación actual, creo que siempre lo es. Como toda forma de expresión artística, es un salto a lo desconocido, un intento de aprehender lo abstracto, lo intangible, de darle formas distinguibles. Sin ella, quedamos ciegos a las estrellas. Y no me refiero solo a las de arriba.

 

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