Fotógrafo y su esposa plantaron 4 millones de árboles para restaurar un bosque

De acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, desde 1990 cada año se han perdido 129 millones de hectáreas de bosque (área equivalente al tamaño de países Sudáfrica o Panamá).

El 15% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la deforestación, e incontables especies de plantas y animales pierden su hábitat. Esta situación es devastadora para el planeta y las cifras son realmente alarmantes.

Se suele decir que la fe mueve montañas y, en lo que nos concierne en este momento, también podríamos decir que puede repoblar nuestros bosques.

A menudo sentimos que nuestras acciones pueden llegar a ser inútiles o innecesarias para frenar el daño ocasionado. Sin embargo, la voluntad y los gestos, tanto individuales como colectivos, pueden, realmente, hacer posible una vida mejor. Nuestras acciones tienen una enorme repercusión en el Medio Ambiente y, ¿por qué no vamos a poder mejorar la salud de nuestros entornos con ellas?

Es precisamente lo que han hecho Sebastião Salgado y Lélia Deluiz Wanick, quienes decidieron demostrar al mundo lo que un pequeño grupo de personas puede hacer por la naturaleza.

Tras enterarse de que todos los árboles de un área protegida de Brasil habían sido derribados, el matrimonio comenzó a trabajar para recuperar el bosque basándose en la capacidad de regeneración que presenta la tierra bajo las condiciones adecuadas.

Sebastião se encontraba exhausto física y emocionalmente tras documentar el genocidio de Ruanda. En 1994 volvió a su hogar, en Minas Gerais, junto a su esposa.

El matrimonio esperaba ver de vuelta la frondosa y verde selva tropical que inundaba cada espacio del entorno que conocían desde que eran niños. Sin embargo, solo encontraron destrucción, una zona carente de vida.

“La tierra estaba tan enferma como yo…  Todo destruido. Solo un 0,5% de la zona tenía aún árboles. Entonces mi esposa tuvo la fabulosa idea de replantar el bosque, y eso comenzamos a hacer. Después volvieron los insectos, las aves y los peces, y gracias al aumento de árboles, yo también renací, fue un momento muy importante,” explicó Salgado a The Guardian.

Sebastiao y Lelia fundaron el Instituto Terra, una pequeña organización que, desde 1998, ha plantado 4 millones de árboles y recuperado el bosque local.

 

 

“Solo hay un ser que transforma el CO2 en oxígeno, y es el árbol. Hay que replantar los bosques con árboles nativos, y recoger las semillas en la misma región en las que las vas a plantar, o no vendrán ciertos animales. Si plantas bosques que no son de la zona, la fauna no viene y hay silencio.”

De esta manera, tras asegurarse de que todo lo que plantaban era nativo, el área ha florecido significativamente. Veinte años después la vida silvestre ha regresado y, donde antes solo había silencio, ahora se oyen insectos revoloteando y el canto de los pájaros.

La primera semilla fue plantada en diciembre de 1999 y, desde entonces, la pareja, junto a los voluntarios que se han ido sumando al proyecto, ha recuperado más de 1500 hectáreas de bosque, al cual han vuelto 168 especies de ave, 33 de mamíferos, 15 de reptiles y otras 15 de anfibios, además de 293 especies de plantas. Todo un ecosistema reconstruido.

 

 

“Los árboles son el cabello de nuestro planeta. Cuando llueve en un lugar sin árboles, en pocos minutos, el agua llega a los arroyos, trayendo tierra, destruyendo nuestros manantiales, destruyendo los ríos, y no hay humedad que retener. Cuando hay árboles, el sistema radicular retiene el agua. Todas las ramas de los árboles, las hojas que caen, crean un área húmeda, y el agua toma meses y meses bajo tierra para llegar a los ríos y mantener nuestros manantiales y nuestros ríos. Esto es lo más importante, si pensamos que necesitamos agua para cada actividad de nuestra vida”, dice el fotógrafo en un video de Terra.

El bosque de Salgado ha sido una lección de restauración de la naturaleza. Este proyecto ha inspirado a millones de personas dando un ejemplo de acción ecológica y evidenciando lo rápido que puede recuperarse el medio ambiente con las acciones correctas.

“Necesitamos escuchar lo que los nativos hablan de la madre tierra. Extraemos mucho de la naturaleza, y necesitamos devolverlo de alguna manera. La madre tierra necesita algún tipo de retorno espiritual. Temo que seremos comprometidos si no miramos con más amor a la naturaleza”.

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