La divina política o ¿Cómo se configura el escenario político en estos días de lucha social? por: Carlos Candia Berrocal, el Ciudadano Candia

Hasta hace solo tres meses, la política chilena se definía, más o menos, por lo que pasaba en el congreso. Hoy, luego de más de 50 días de lucha en las calles, el concepto se nos amplía y la sociedad chilena comienza a enfrentar “la política” en su ancho y largo significado, abordando temas que van desde la Constitución, hasta las formas de transitar las calles. 

Todo esto, se vuelve un poco complejo. Cuesta mirar la tele y escuchar  y comprender el origen de las ideas de interlocutores, reconocer de dónde vienen sus palabras. Entonces me surge la necesidad de hacer un paneo de todo lo que pasa en este escenario dantesco. Qué mejor que hacerlo con la obra de Dante.

Propongo el siguiente ejercicio: Imaginemos que el día 18 de octubre sufrí un infarto cerebrovascular y, mientras la ambulancia me llevaba hasta el hospital, morí por 2 minutos. Ese tiempo en el infierno se multiplica por meses, es decir, estuve en él desde el 18 de octubre hasta el 18 de diciembre, mientras el personal del SAMU trataba de reanimarme. 

La selva oscura. El poeta se extravía en ella, en medio de la noche. Al amanecer sale a un valle y ahí están las tres bestias, que representan los tres pecados de la política chilena. El halcón, Felipe Camiroaga, representando a la televisión de mercado, la Rata Jaime Guzmán, encarnando al sistema neoliberal y el zorro, Patricio Aylwin, dando voz al pecado de la democracia en la medida de lo posible. Los tres, me advierten con un coro: “Nosotros seguimos vivos entre sus propios aliados”

Sigo caminando y me acerco hasta la cueva que lleva a la fosa, al infierno de la política chilena. En la entrada está el presidente Balmaceda, que me acompañará en este viaje.

El primer anillo del infierno es la política del sentido común. Aquí todo está bien desordenado y su principal castigo es el endeudamiento. Existen tres crisis del sentido común que están afectando a este lugar. El primero es la crisis del discurso neoliberal basado en dos aspectos fundamentales, la posibilidad de ser rico (lo que se conoce como “el sueño americano”) y el estado actual de las cosas “no puede cambiar”. Ambos pilares fundamentales para sostener el orden social y el individualismo.

El segundo aspecto del sentido común que está en crisis es la representatividad de sus instituciones. Las fuerzas de orden como Carabineros, los emblemas patrios como la bandera chilena y, más grave aún, el aparato propagandístico constituido por la tele, pierden valor frente a la ciudadanía. De tal forma ya no existe una figura específica que pueda amedrentar o conmover a la gente que se posiciona cada vez es más descreída. Por último, la tercera crisis del sentido común son los duros golpes que tienen que recibir las personas por vivir, o en otras palabras, “que los sueldos no alcanzan”.

Estos tres pilares, están haciendo temblar el resto de anillos y la puerta al segundo de ellos está cada vez más derruida. Acompañado del buen Balmaceda, quien me advierte de lo sanguinario de este segundo piso, nos encontramos con la institucionalidad política. El castigo para quienes viven en este lugar es que deben beber siempre de la copa de su adversario, siendo el adversario quien define el trago de su contrincante. 

La crisis aquí se alimenta de la derechización de la política y la constitución de una casta apartada de las clases sociales, con beneficios propios e intransferibles. La derechización está formada por la crisis neoliberal internacional, forzando a todos los continentes en una pugna por sostener el modelo económico, resistiéndose incluso el cambio de matriz energética vital para sostener nuestra existencia en la tierra. Por otro lado también sienta sus bases en la nomenclatura y el margen que tienen los políticos para construir tácticas.

La izquierda del congreso no puede llamar a marchar abiertamente, o a la desobediencia civil. Por el contrario, para sostener la “institucionalidad” debe plegarse a ese discurso, obligando a sus representantes a estar constatemente criminalizando y en pugna con la movilización, extendiendo su postura incluso a otros países en conflicto. 

La derechización tiene a toda la izquierda parlamentaria jugando en una cancha desigual, que en el fondo, ellos aceptan, y que se da la mano con la creación de la “clase política”,  un grupúsculo de partidos y representantes que suman días a las décadas que llevan en el Congreso. Desde ahí construyen mecanismos gubernamentales para controlar aspectos cotidianos, como la forma en la que debemos trabajar, pero también estructuras más profundas, como las que definen la cultura en la que nos relacionamos. 

Este pequeño repaso da paso a comprender la necesidad de los proyectos políticos a la hora de formarse, relacionarse y hacerse visibles: Las leyes tienen que tener un nombre, las alianzas deben tener un apellido y los temas deben tratarse con ciertas palabras. Al final del día nos tienen hablando del partido Comunista como “la extrema izquierda” y a la UDI, como “la centro derecha”.

 

Este piso es putrefacto y, si bien no hay tanto caos, el olor a muerto es irrespirable. Mucho cadáver ha dejado esta movilización. 

El tercer anillo, es el más calmo de todos. Este anillo es el de la economía y aquí el castigo son clases de ética. Pese a la crisis económica que golpea nuestro país, y que se perpetuará con el tiempo, es claro que una economía como la chilena pueda recuperarse hábilmente, sobre todo si existe una salida que implique una nueva Constitución. 

En este nivel los pilares que se están derrumbando son los fondos de pensiones, que difícilmente podrán sostenerse a través de más impuestos al trabajador, obligando o a ofrecer una AFP estatal o modificando el sistema a uno de reparto. Es claro que el país puede ganarse otro año de movilizaciones más sino revierten la miseria económica padecida por la tercera edad.

El otro pilar es el salario que, acompañado de una disminución de horas de trabajo, amenazan a los grandes empresarios con imponer más y financiar el centro neurálgico de esta base: Las Pymes. En un país donde la cesantía se viene multiplicando hace años, son miles los emprendimientos que se yerguen por nuestra tierra. La clase política tiene allí su principal bastión para culpar a los manifestantes de su falta de “criterio”. Así, se han encargado de mostrar y de financiar estos diferentes proyectos, porque es una gran forma para meter miedo. 

¡De los 15 vecinos que tengo en mi pasaje, 9 tienen una microempresa! En principio, asustar por ese lado, podría tener un alto nivel de eficiencia, el problema para este discurso, es que el pequeño empresario también está en la calle luchando.

Llegamos al penúltimo anillo, el más pequeño de todos, pero el más ruidoso. Aquí hallamos a la izquierda extraparlamentaria y el castigo en este círculo es la funa. Esta izquierda tiene un gran enemigo, que es la ridiculización. Durante años, el sistema discursivo neoliberal, se ha encargado de tratar como payasos a todos los grupos de izquierda que proponen un cambio radical del modelo económico y cultural. “Es imposible” es quizá la frase con la que más chocan estos compañerxs. Sin embargo, este grupo ha estado también intervenido por factores de base como la atomización. Motivado por el manto de este gran enemigo (el ridículo) y por errores propios de discursos rígidos, estos grupos tienden a pasar por periodos de amplio crecimiento y también por otros períodos de crecimiento nulo o directamente regresivos..

Este vaivén, tiene que ver con factores demasiado incontrolables, como las coyunturas nacionales y las falencias internas. Cada vez que uno de estos grupos comienza  a tener éxito, empieza el coqueteo con lo institucional, debido a la dificultad ofrecida por esta democracia para hacer desde la ciudadanía, obligando a las organizaciones a decidir entre articularse dentro de la institucionalidad o perder incidencia actuando desde el ámbito popular. 

Otra de sus basas es la desconfianza entre grupos ideológicamente similares que, pese a tener una gran espalda de justificación y fundamentales puntos de encuentro como la cantidad de militantes, incidencia, clase social, etc., prefieren mantener distanciados sus proyectos por miedo a “manchar sus lógicas”, forzando una distancia que contraviene un aspecto tan central de la política antineoliberal como es el principio del contrapeso.

El último anillo, donde habita el diablo, es el anillo del lobby. Aquí el castigo no existe. El lobby, conformado por miles de operadores que abarcan todo el espectro político, el aparato institucional, los medios de comunicación, el crimen organizado, el Servicio de Impuestos Internos y todo el aparato institucional, está cercado por un montón de personas que están dispuestas a manejar el país desde las sombras, para beneficios personales. 

Fueron lobbistas los que aprobaron las modificaciones a la Constitución de Lagos el año 2005. Fueron lobbistas los que impidieron la subida del royalty minero. Fueron lobbistas los que regalaron a 7 familias la pesca a gran escala. Son los lobbistas quienes frenan los avances hacia una nueva Constitución. Son los medios lobistas los que tienen a Venezuela cuestionada por Derechos Humanos. Son ellos, los que meten miedo con los portonazos y tuvieron un mes y medio a la radio ADN hablando de las carreteras hídricas como solución a la sequía. 

Ellos son los peores, compuestos por operadores políticos, como Jacqueline Van Rysselberghe, Iván Moreira o el PPD. Son los especuladores bursátiles, son los dueños de medios de comunicación, como Luksic o PRISA y COPESA. Todos ellos comandados por el mejor especulador, tanto así que logró especular su presidencia: Sebastián Piñera, mi más grande enemigo, el demonio de tres cabezas; Las acciones, los medios y la Concertación.

Dando por terminada esta primera parte, en las próximas semanas veremos el purgatorio, para intentar dar luces sobre qué hacer para acercarnos al paraíso, donde analizaremos el Chile que queremos. 

 

 

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Aunque nos cueste la vida borrar tu recuerdo Pinochet reculiao

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