La Divina Política Parte II (o «Las tácticas para escapar de la crisis») por: Carlos Candia Berrocal, el Ciudadano Candia

Parte II: El Purgatorio

El presidente Balmaceda me pide que descansemos. Al parecer, algunas de las viejas prácticas se siguen reviviendo a lo largo de la historia y le cuesta creer la forma en que se ha mantenido el corte aristocrático del país, incluso habiendo pasado más de 100 años. “Las mismas familias”, me dice casi llorando. Sin querer, entre conversas y risas llegamos al purgatorio y observamos el tablero de ajedrez de la política actual y sus correspondientes pisos.

En el primer piso está el Congreso, un lugar cálido y cómodo, parecido al vestíbulo de un mal hotel de carretera. Sus baldosas son hojas de la Constitución del ochenta, y los barrotes son cuerdas muy bien amarradas, construyendo una clara metáfora sobre los acuerdos de “la transición”. Balmaceda me pregunta por un rayado en uno de los muros que dice “La institucionalidad”. Le explico que, en Chile, defender la institucionalidad es un eufemismo para defender los conceptos más abstractos del neoliberalismo y la dictadura, como el mandato de los congresistas, como el mismo sistema económico, incluso la oligarquía.

Aquí las tácticas están en tres planos. La primera es la derecha y su agenda represiva y conservadora, la segunda es la táctica no-estructural de la Concertación, y la última es la de la izquierda fragmentada y poco clara. No daremos detalles de cada táctica, porque en los siguientes pisos se observan mejor. La principal característica que domina por completo el primer nivel es la salida rápida y con menos pérdidas posibles. 

Los miembros de las Cámaras saben que los procesos sociales involucran su descabezamiento simbólico y material (si nos remontamos en la historia). Mantener una movilización de estas características, permite a los manifestantes lograr niveles de organización capaces de conquistar el poder político. Objetivamente, una marcha del 20 de noviembre tiene mayor organización de grupos de combates y asambleas a lo largo de todo el país, en comparación a una del 20 de octubre. 

El segundo piso está lleno. Es el piso de la gente. Un gran metro sin torniquetes recorre todo el lugar. Aquí no existe una táctica definida, pero sus nigromantes llevan los ojos descubiertos, se han dado cuenta del poder que tienen y recién lo empiezan a comprender. Existen algunas señales sobre la develación. Lenin, por ejemplo, decía que un obrero aprendía en un día de lucha lo mismo que en años de estudio, y así sucedió cuando la gente corrió en masa a comprar ejemplares de la Constitución, o cuando la performance de las Tesis hizo click a nivel mundial, formando parte ambos fenómenos de una enorme cantidad de frentes abiertos.

Algunos teóricos en el piso 1 dicen que el problema de esta movilización es la carencia de estructura, pero esta falta de orgánica es producto de la inviabilidad de las orgánicas actuales, incapaces de adaptarse. No existe un partido revolucionario o una milicia, y ambos son estructuras que, de emerger, deben construirse desde este piso y para este piso. 

El tercer piso es el piso de la izquierda y, como tal, todos los habitantes portan un serrucho y esperan su momento para usarlo. El Partido Comunista intenta comandar la revuelta por medio de un posicionamiento comunicacional y táctico, quizá el más acertado. Reconoce su incapacidad para estar a la cabeza del proceso y este reconocimiento le permite moverse mejor por la marcha, dando golpes seguros que se han traducido en actos como la acusación constitucional contra Piñera, mostrando mayor sensatez que apuestas como la de Pamela Jiles, donde la visceralidad aparece como limitante. 

Esta lucidez se mostró también a la hora de votar la agenda antisaqueos, su cautela los llevó a la abstención, un paso que los puso brevemente en entredicho, pero evitó el hundimiento al que se catapultó Boric con la decisión que  fracturó al Frente Amplio, una fuerza proveniente de organizaciones sociales y/o sectoriales que se convirtieron en partidos y que por tanto, recibió su voto como abandono de las personas de a pie. La lucha institucional es tan dura que requiere de organizaciones más grandes para enfrentarlas, he ahí el mejor desarrollo del PC en estas instancias. 

Por otro lado, existe otra gran izquierda, mucho menos robusta, pero a la vez menos cuestionada. Esa que no participa del debate público, pero levanta espacios de organización que intentan disponer y unificar herramientas programáticas para el movimiento social. El debate está tan avanzado en estas organizaciones que la ansiedad y los fantasmas propios de la ideología terminan por mantener la atomización, generando fugas tras las que permanecen solo los políticamente más duros. La gran diferencia a otras veces y a todos los años en los que se han discutido las mismas cuestiones, es que hoy son muchísimas más las personas que están participando activamente.

También es importante analizar el caso de Unidad Social. En fórmula sencilla, este grupo sindical y social está apostando por ser la voz de la movilización, consciente de que no puede dirigirla por la falta de representatividad de la sociedad, pero apostando a aportar en ese nivel, valiéndose de dos formas: 1) el desgaste natural de los no-organizados y 2) el sacrificio como prueba de su valor como interlocutor. De ahí nace la idea del campamento, que permite ejecutar ambas.

La derecha es más oscura y lúgubre, actúa por secretaría y es el piso más cerca del cielo – el Vaticano mueve los hilos-. El lugar es completamente blanco y tiene sus muebles hechos de mármol. Los huéspedes de este piso deben intentar pasar por una aguja cada 15 días. Las partes del cuerpo que no pasan son desmembradas y los cercenados deben esperar a que les vuelvan a crecer. Aquí no hay muchas tácticas más que sembrar escudos, pero en cambio, sí hay una guerra civil interna entre los reformistas y los conservadores. 

Los reformistas, en línea con el empresariado, apuestan por cambiarlo todo de raíz, con el único objetivo de seguir acumulando. Ellos dicen “está bien, hagamos más ricos a los más pobres, quitemos diferencias salariales y apostemos por el consumo”, incluso dicen “quitemos Estado, para que tengamos más inversión”.

Los conservadores, por su parte, consumen drogas más duras conocidas por sus siglas como como AFP y derivados de las ISAPREs. Estos alucinógenos hacen que tus bolsillos se llenen de billetes, nublan la vista y generan el delirio de creer que la única salida para el conflicto es más y mejor represión, logrando que los adictos apuesten por políticas de desgaste y confusión. No hay mucho que decir, solo que este grupo de terroristas está invirtiendo todo en frenar los cambios que se han encaminado como irreversibles para el país. 

Los aliados fundamentales de toda la clase política y los verdaderos escuderos del Congreso son la Concertación, quienes hacen alianzas con lo que sea, porque ellos no están cuidando inversiones. No miran izquierdas o derechas, modelos económicos, nada. Ellos solo velan porque la institucionalidad no se corrompa más de lo que está, dispuestos a todo, incluso a negarse a sí misma.

Casi al llegar al Paraíso, encuentro a mis pies un pequeño libro titulado “Aristóteles en Macondo”. Lo recojo y se lo paso al presidente Balmaceda. Juntos leemos un poco y caminamos. Aparece otro libro, este es “Con el coco en el diván” de Pilar Sordo y Coco Legrand. Me sueno los mocos y seguimos avanzando hacia los nuevos tiempos. 

 

Parte I: El Infierno

Más sobre el autor:

View this post on Instagram

Aunque nos cueste la vida borrar tu recuerdo Pinochet reculiao

A post shared by Cdcandiab (@ciudadano_candia) on

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *