La Muerte, la Ciencia y la Lucha Social por: Carlos Candia Berrocal, el Ciudadano Candia

Foto: El Ciudadano

“La vida es eterna en 5 minutos”, esta es la frase que reiteradas veces canta Victor Jara para contar la historia de pobreza y miseria de su madre, de las madres del mundo y de un padre, muerto en un instante, porque así es la vida, una explosión fugaz de menos de segundos en este Universo inconmensurable, donde titilamos y, en menos de un instante, dejamos de existir. Así es la muerte, un instante, un breve suspiro.

“5 minutos” se refiere a la brevedad de la vida. ¿Qué es una vida humana para la historia del cosmos?, ¿y qué significa la muerte en esta eternidad? Estas preguntas han magullado al hombre durante siglos y en torno a ellas se han erguido religiones y teorías, dioses e historias conspirativas. Toda una vida construida alrededor de un hecho que en nuestro país ha traumatizado a nuestros niños, a nuestros abuelos y ha cortado las alas de nuestros héroes.

 

Así encontraron el cuerpo de Alejandro Castro, medio sucio y frío tras pasar la noche medio colgado, medio dormido, como si se pudiera levantar, tras una mala noche o un asalto, pero estaba muerto. En menos que 5 minutos, su frágil existencia quedó en la eternidad, vuelta polvo, mientras los medios lo relativizan como si hablaran de física, pero en realidad encubren la huella de los asesinatos, la huella de carbono que las grandes empresas financian para cargar sus bolsillos de oro.

En Quintero, ciudad chilena que puede ser cualquier otra ciudad en el mundo, los zombies existen caminando entre las enfermedades pulmonares y el cáncer, yendo del hospital a la casa, del consultorio a la escuela, muriendo de a poco, porque los dueños de la historia así lo decidieron. Determinaron que sacrificar vidas era un costo razonable para asegurarse a sí mismos un destino más venturoso cuyos cimientos se clavan en el cruento crecimiento económico que hábilmente encubre su sentido real bajo un manto de aparente responsabilidad social, cuando solo pretenden seguir engordando las islas de dinero que han creado.

Entonces, en este universo inconmensurable donde nuestra existencia es solo un chasquido, ellos, los bendecidos, pretenden hacer riqueza y todo lo demás puede irse al carajo. Los pájaros, el agua, las mujeres, los árboles y hasta su propia vida, caminando religiosamente hacia la acumulación eterna de capitales. Pero una dinámica que lo fagocita todo, no puede ser eterna. Los capitales se acaban, marte queda muy lejos y los viajes en el espacio son hasta ahora improbables.

¡Dejen de matarnos, paren con este destino de Sísifo! No queremos seguir cargando con sus rocas para volver a recogerlas. Insisten en destruirnos frente a la belleza de una vida que en sí misma es fugaz, instantánea y azarosa. Llegará el día en que nos alcemos de verdad y por todos esos caídos terminemos en la venganza que abrirá el camino de la paz y el respeto, porque sabemos que no están dispuestos a cambiar, a permitirnos vivir un mundo más sencillo y que no nos elimine a diario a través del aire o del agua. Sé que no están dispuestos y ni siquiera la ciencia les concede el beneficio de la duda. Van a mantener su poder, pero no se sorprendan cuando estén con una bola de acero en prisión, mirando cómo recuperamos los derechos para todos y todas.

 

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A las 9:30 se van a ir mi hija y su madre, con una bandera roja teñida con sangre, los cientos de miles que han sufrido la agonía de la muerte en manos de los militares, con la impunidad de los civiles. Ahí va mi pequeña de casi 2 años , porque la memoria y la justicia se escribe de a pie, caminando con quiénes han sufrido los horrores. Eso es aprendizaje significativo, enseñar los derechos humanos, enseñar a no permitir más abusos, quizá una carga enorme sobre sus pequeños hombros, pero menos pesada mientras existan miles en las calles recordando el genocidio del estado. Para mi hija siempre estarán nuestros hombros, mientras nos quede vida, nuestros cuerpos servirán para mantenerla en pie, la pregunta es, si todos estamos preparados para sostener a nuestra patria.

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