Mujeres en la ciencia: Sigan siendo Valentinas Foto: Museo Cosmonáutico de Moscú

Durante el capítulo final de la tercera temporada de “Orange is the new black”, Gina (Abigail Savage) y Red (Kate Mulgrew) sostienen el siguiente diálogo:

-¿Alguna vez has creído en algo, Red?
-Valentina Vladimirovna Tereshkova. Su padre conducía un tractor y su madre trabajaba en una planta textil. Fue al espacio exterior en un cohete.

Las palabras breves, un tanto escuetas y frías, como el propio carácter que se permite exteriorizar la reclusa Reznikov, contienen, como quien atesora con sus manos un copo de nieve, la imagen de una pequeña niña rusa sentada  junto a la tele observando el lanzamiento de la misión, hojeando una revista  con sus fotos o escuchando los últimos informes que la radio entregaba sobre la primera mujer en el espacio. La imagen de una niña que creyó.

Sin duda la existencia de referentes despiertan en nuestro interior convicciones que bastante se parecen a la fe en los demás, la fe en el futuro y la fe en nosotros mismos, en nosotras mismas.

Desde el conocimiento del herbolario que causó la muerte de incontables brujas medievales, hasta Eloísa Díaz debiendo ser acompañada por su madre a clases de medicina, podemos vislumbrar barreras que han construido una deuda histórica no solo hacia las mujeres científicas, sino también hacia el universo entero. ¿Hemos estado alguna vez tan sobrados de capacidades para descartar la valía de la mitad de la población humana en tareas que definen incluso su subsistencia? ¿De cuántos avances nos ha privado este sesgo mezquino que todavía prevalece en diferentes espacios actuando como un lastre que vuelve la incursión en un mundo tan exigente todavía más hostil?

Pese a ser una tarea que nos corresponde a todos, han sido las propias mujeres dedicadas a la ciencia quienes se han encargado de saldar esta deuda gracias a su curiosidad, voluntad y determinación, abriendo caminos, porque aún hoy son pioneras y lo seguirán siendo mientras  no exista un cambio cultural que facilite la distribución equitativa del trabajo doméstico, se mantenga el techo de cristal, se repliquen mensajes que infravaloren el intelecto femenino o incluso existan liceos donde las nuevas hijas de conductores de tractores y obreras textiles puedan acceder solo a carreras orientadas a los cuidados, menos valoradas y peor remuneradas en comparación a las ocupaciones vinculadas tradicionalmente a lo masculino.

Un conocido eslogan feminista dice “de vuelta a casa quiero ser libre, no valiente”, palabras que por hoy, el «Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia», podrían cambiarse por “en mi trabajo quiero tener las mismas oportunidades, no ser una heroína”. Sin embargo, mientras queden espacios donde se actúe desde la ceguera y actores fundamentales se nieguen a sumarse a la tarea de nivelar el acceso, la retención y el desarrollo del capital humano femenino en un área que hoy cuenta con solo un 7% de niñas soñando con dedicarse a ella, les pedimos por favor que sigan siendo valientes, que sigan siendo Valentinas.

 

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