Foto: Holzer

Mujeres en Todas las Artes Nashka Sanhueza/Daniela Salgado, Cuerpo Violeta

Históricamente el arte ha sido una herramienta de expresión y propagación de las distintas formas en que nuestro cuerpo y mente pretenden expresar sentimientos, sueños y fantasías tanto íntimas como colectivas. El arte, naturalmente, puede llegar ser una herramienta muy poderosa para la humanidad y, con la misma fuerza, se expresa a favor o en contra de sí misma.

Es así como los sistemas de dominación actuales, el capitalismo y el patriarcado, han manipulado las artes a su favor logrando una estructura cultural basada en el mercantilismo y la misoginia. Esto se puede ver representado desde el mundo universitario, la academia, hasta la industria musical-disquera, pasando por la producción literaria y cualquier otra manifestación artística.

En las esferas de estas habilidades se presentan fuertemente expresiones de machismo, sexismo y abuso contra las mujeres, siendo el mundo musical una de ellas. El mercado ha naturalizado y reproducido ampliamente, incluso en grupos o bandas independientes de todo tipo de género que, teniendo mayor autonomía en sus decisiones, siguen una lógica mercantil repleta de acciones machistas, por ejemplo en el contenido de sus letras, donde se exponen sin censura ni medida, representaciones agresivas de la sexualidad y de la mujer como un objeto de posesión masculina.

En el teatro la realidad no es diferente, apuntan a la mujer como responsable de un sin fin de roles, la ubican en un lugar culposo, evidenciando que desde lo creativo, se ha encargado de poner en escena obras que nos cosifican y denigran. A esto se suman graves antecedentes, como el que las escuelas de teatro sigan contando con docentes que han cometido agresiones hacia mujeres y niñas/os, como es el caso de Raúl Osorio, acusado innumerables veces de acoso hacia alumnas en diferentes casas de estudio, o de Roberto Farías, actor acusado de violación y abuso, ambos nombres figuran dentro de un sinfín de hombres que siguen enseñando el teatro desde una su mirada violenta y misógina.

La danza, por su parte, es otro territorio de las artes donde se experimenta la violencia. Mujeres y niñas son sometidas a exigencias bestiales para seguir cánones estéticos, al punto de que muchas pierdan su salud por anorexia bulimia o depresión asociada al estrés al que a diario son sometidas. La lista de casos suma y sigue.

Si hacemos este análisis podremos concluir que el patriarcado y el capitalismo manipulan las expresiones del arte (sumándose la colaboración de los medios de comunicación) para seguir reproduciendo una cultura discriminatoria, una cultura sexista, una cultura de la violación.

El arte debiese ser una forma de liberar nuestros sentimientos más internos y nuestras vivencias. Ese es el llamado de hoy: a recuperar y reivindicar el arte en su esencia, libre de sexismo, misoginia y supremacía masculina.

El arte así como da vida, también puede matar

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