Ñuble sin pan. Ñuble oprimido

Es tu cumpleaños y te esperan con una fiesta en casa. Comida, bebida y, al medio del living, el show principal: Un conejo perseguido por un perro entrenado y guiado para darle caza. Corriendo en círculos de angustia. No escuchas las muestras de dolor ni de cansancio porque te abotargan las risas, la música, los aplausos y la voz del tío que se prestó a narrar la destreza del galgo. Te comes la torta mirando el espectáculo, sentado en la alfombra con tus sobrinos. Lo pasas genial.

Una escena horrible -psicopática- que se recreará en el primer aniversario de la Región de Ñuble. Dentro de sus actividades oficiales cuentan dos días de rodeo en la medialuna Casiano Andrade de Quirihue, teniendo como telón de fondo la visita del ministro Andrés Chadwick, encabezando la macabra fiesta.

Resulta aberrante que, en un momento en que la sociedad chilena ha dado claras muestras de avanzar hacia el repudio unánime del maltrato animal, sigan avalándose desde el gobierno regional y el central, infamias disfrazadas de tradición y deporte. Hitos cargados de dolor que en lugar de enaltecer la celebración de una conquista ciudadana de veinte años, mancillan su reputación y replican hábitos de violencia, falta de compasión y humanidad.

Ante la pregunta “¿qué es Ñuble?” ningún corazón atento a una identidad tan hermosa y profunda podría responder que es rodeo. Cuando se piensa en su cultura brotan de los labios nombres de genios que han dejado huellas universales y de otros y otras tantas que hoy están horadando la propia a punta de esfuerzo y dedicación. Cuando se piensa en el campo aparece un hormigueo en las manos y en el vientre de quienes conocen su generosidad. No el dolor. No el miedo de unos ojos suplicantes.

Medidas paliativas que la Federación del Rodeo Chileno considera “de bienestar animal”, solo confirman que lo saben. Que son conscientes de que su capricho sobrepasa límites y que están siendo constantemente observados. Repiten que no hay maltrato. Insisten en que tildarlo de ello es de extremistas, de locos, de antipatriotas, pero todo lo que argumenten no anula la realidad: Forzar y hostigar a animales, utilizar instrumentos de choque eléctrico contra ellos, hacerlos temer por su vida y causarles daños físicos por mero entretenimiento, es maltrato.

Siempre, pero particularmente hoy, es oportuno recuperar las valiosas palabras de Paulo Freire: «cuando la educación no es liberadora, el sueño de los oprimidos es convertirse en opresor». El primer aniversario de Ñuble exige comprometernos con la liberación de aquello que nos convierte en verdugos. La región conquistada por sus hombres y mujeres no merece que el desempleo, la precariedad, la contaminación y otras tantas lacras sigan campando a sus anchas mientras nos entregan tristes alternativas para distraer el hambre de los hogares. Hambre de dignidad, de seguridad y de esperanza en el futuro. Se llevaron el pan, pero nos dejaron el circo.

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