Ori Tahiti: Chillán se sumó al flashmob que pone en valor la cultura polinesia

«No importa que seas o no de la Polinesia, lo que importa es que bailes con tu corazón y con respeto a la cultura polinesia», expresó Mareva Bouchaux, organizadora y coreógrafa del Flashmob Ori Tahiti, evento que este 2019 celebra cuatro años llevando al mundo esta cultura a través de la danza.

Precisamente ese sentido de traslado, de hacer universal y compartir el acervo del cordón isleño del Pacífico, es el que se buscó transmitir en la pieza musical «Ta’ere Ma’ohi» que diversos ballets al rededor del mundo se encuentran interpretando desde el 25 de mayo. Compuesta por Teanivai Apini, la canción acuña el doble de significado de «Ta’ere» en el idioma nativo, representando a la vez a la cultura y a la base de las piraguas, una alianza indisoluble en la navegación de la geografía y del alma de los pueblos.

Hasta el momento, en Chile, son tres los grupos que se han activado para desplegar la puesta en escena en sus tres regiones respectivas: Metropolitana, Biobío y Ñuble. Esta última estuvo representada este domingo 2 de junio en Chillán, donde un equipo de bailarinas, convocadas y lideradas por Verónica Barrenechea, su escuela de folklore y We Kuyen, presentaron el resultado de un proceso de reconocimiento y aprendizaje que cruzó desde lo lingüístico hasta lo coreográfico.

«Quisimos aprovechar esta oportunidad para hacer un vínculo con lo que estamos viviendo a nivel local, porque estamos en Mes del Patrimonio Intangible y en el Año de Las Lenguas Originarias, y en este contexto, aunque veamos la Polinesia como algo muy lejano, está muy relacionado con nosotros, no solo a través de Rapa Nui, y la danza es una excelente forma de hacer más visible esta relación», explica Verónica Barrenechea, quien añade el matiz especial de realizar una actividad como esta en la capital de Ñuble: «En Chillán se vive el folklore de una forma muy intensa y eso nos motivó a convertirnos en sede de este flashmob internacional, teníamos todo lo necesario no solo para bailar, sino también para hacerlo desde la comprensión, el análisis y la sensibilidad particular».
Con esto, la organizadora apunta al recorrido tomado por las nueve voluntarias de esta jornada registrada audiovisualmente para sumarse al material emanado de los 5 continentes, donde convergen profesionales y aficionados del mundo de la danza, convocados por igual. Comenzando por sufragar el costo del vestuario hecho para la ocasión y lidiar con la inestabilidad climática, la coreografía estuvo acompañada por una inmersión en el significado de la letra de «Ta’ere Ma’ohi» mediante su traducción y comprensión, buscando con esto dar soporte a la interpretación respetuosa de piezas que, como la organizadora local indica «tiene en común con la mayoría de la música de los pueblos originarios, el estar vinculada con los ancestros, con la naturaleza y, en este caso, con el amor, con transmitir la felicidad a través de la danza».

Un sol radiante entre días de lluvia, acompañó a las bailarinas que tomaron muy en serio la premisa de «bailar con una sonrisa y con el corazón, para que la gente que no conozca nuestra cultura», como es el anhelo de Bouchaux. Al respecto, Barrenechea señaló que «ha sido notable el compromiso de las bailarinas, y la acogida. Por diversas situaciones terminamos siendo un grupo no tan numeroso, pero que sienta un precedente, tanto para futuras intervenciones, como para el público, siempre tiene que haber una primera vez, y esta nos deja muy contentas, las bailarinas han representado muy bien a Chillán y hemos tenido la oportunidad de mostrarlo al mundo, mostrar la Catedral que nos identifica en la grabación, y el Teatro, que amablemente nos prestó su frontis para realizar algunas tomas», valora.

El legado polinesio poco a poco se ha ido visibilizando en Chile, donde estudios recientes han constatado restos arqueológicos que evidencian el contacto y transferencia cultural y genética entre exploradores-colonizadores polinésicos y la población local, ocurrida hace mil años en la zona centro-sur de Chile, entregando una posible explicación a elementos idiomáticos, de biodiversidad e incluso de fenotipo humano entre los mapuches prehispánicos, que apuntan a ser producto de este sincretismo difuso en la historia del tiempo.

 

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