¡Paren este frío, me quiero bajar! Por: Carlos Candia Berrocal, el Ciudadano Candia

Antes de empezar la columna sobre mis “problemas modernos”, aclaro que sé que hay dramas mucho más grandes, como el de cientos de personas en situación de calle que corren peligro durmiendo sin tener resguardo contra estos fríos. Es un drama diario juntar las monedas para algún hogar o luchar para que el hielo no alcance sus cuerpos. Por eso, espero conmoverlos y armar un grupo desde esta tribuna para que salgamos el día domingo a recorrer las calles con café, mantas y con los contactos de los albergues para apoyar, aunque sea un rato, a quienes sufren con mayor dolor las inclemencias del invierno. Si quieren sumarse, escriban a mis redes o comenten aquí.

Ahora empezamos: Estuve en Temuco la semana pasada y todo piola. La gente, los peñis y el río estaban en su cauce natural sin mucho ruido, pero volví y quedó la patá. El Machi Celestino Córdova en el Hospital iniciando una serie de movilizaciones a su favor, apuñalaron a 3 compas en la marcha feminista del 25, el ministro de educación nos restregó en la cara los bingos, se filtraron videos sexuales de ex-famosos y empezó un frío terrible del que no me di cuenta hasta el jueves.

Como no veo noticias de la tele, no supe que había una ola polar en la región y, con todo lo que ha pasado, a uno se le olvida el ámbito “abrigo”. No fue hasta el martes cuando subí a mi pieza para acostarme y vi que mi cama estaba deshecha, pero ordenada. Había estirado las tapas hacia atrás para que se ventilara, pero amigo, la ventilación, pese a necesaria, es la enemiga número de uno del frío, así que dormí en un témpano de hielo.

El miércoles me preparé para el día gélido. Había concentración por el aborto en el Paseo las Palmas a las 18:30, por ende, iba a ser una jornada larga a la intemperie, así que me puse primera capa, segunda capa, gorro, bufanda y todo lo que se puedan imaginar. Mi Mamá me avisó que llegaría temprano, así que era esperable que nuestra estufita estuviera encendida después de la noble travesía que significaba la protesta a menos de 2 grados celsius, pero adivinen, la señora no llegó hasta como las 11 y me encontré con el Transiberiano en mi humilde hogar.

Me acosté con ropa. Toda la ropa que mencioné y que imaginaron, sumando también la capucha del polerón. Pasé a formar parte del grupo de los que duermen vestidos, esa comunidad secreta compuesta por muchas personas, principalmente estudiantes. Ahí me di cuenta de que tenía que ganarle al invierno, así que decidí cambiar de gurpo: La siguiente noche dormí con mi Mamá, como si tuviera 6 años y en mis sueños hubiese aparecido el coco.

Eso de dormir con la progenitora no me tiene nada de orgulloso, pero vaya que es calentito su pijama de polar. Quizá por ahí va la cosa. Ojalá puedan contarme en las redes para saber tus técnicas para soportar esta era de hielo. Esta noche probaré con el guatero de patita.

 

PD: Si estuve medio fomeque fue porque el frío que congeló el humor y los buenos chistes, además estoy con una tos pesadísima. Pese a eso, la campaña del inicio va sí o sí. Ojalá nos reunamos al menos diez personas.

 

 

Para sumarte a la iniciativa del autor o para compartir tus tips invernales, comunícate directamente con él: 

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