¿Por qué Ñuble? Por: Juan Pablo Cifuentes

¿Por qué Ñuble? No es la primera vez escucho esta interrogante entre mis amigos, colegas, familiares e incluso desconocidos, buscando entender por qué mi esposa y yo decidimos enraizar nuestras vidas en esta tierra sin siquiera ser oriundos de ella. Mis orígenes están en Yumbel y los de ella en Laja, dos comunas de la provincia del Biobío, lejos de la casa que vivimos y disfrutamos en Chillán Viejo y de nuestros trabajos en Coihueco. ¿Qué nos trajo a esta inminente región como a tantos y tantas otras que han encontrado su propio Edén entre sus límites?

Primero es necesario comprender que Ñuble es más que un territorio conformado por comunas montañosas, un fructífero Valle del Itata o las bellas zonas costeras. Ñuble es un hábitat inmaculado de la bondad del ámbito cultural que nos ofrecía una mirada distinta a lo que experimentamos en nuestros años universitarios en Concepción. Como escritor, Ñuble apareció como un territorio paradisiaco en donde uno podía deleitarse con la grandilocuencia de los hermanos Parra, la mirada crítica y reformista de Marta Brunet, la música adictiva de Arrau, la intimidad presente en las esculturas de Colvin, los murales de Siqueiros y todo el patrimonio histórico que otorga las bases de lo que comprendemos como país.

Recuerdo cuando viajaba representando a la universidad al festival de Chillán Poesía o cuando asistí al funeral de Gonzalo Rojas. Siempre percibí una mística que envolvía a Chillán, muy distinta a la bohemia penquista. Y luego, cuando solo habían transcurrido unos pocos años de nuestra estadía en estas tierras, ya nos sentimos parte del espíritu regionalista que inundaba las calles de las grandes urbes y pequeñas localidades de esta vasta provincia que pronto asumiría los desafíos propios de una región. Esto nos traslada a la siguiente pregunta:

¿Qué significa ser región cuando no existe un sentido de identidad palpable entre nosotros? Hoy Ñuble padece un alto porcentaje de cesantía y pobreza, además cuenta con una alta tasa de población rural que evidencia la importancia histórica de la agricultura en la zona. Tras estas y muchas otras de sus características subyacen problemas y situaciones que necesitan de un diálogo en el que participen todos los involucrados. Para empezar, urge la presencia de una economía circular en donde tanto el pequeño agricultor como los grandes productores sientan que hay un equilibrio entre el valor de costo y el valor comercial del producto.

Otra de las aristas a las que no podemos seguir dando la espalda es cómo enfrentamos la situación de los inmigrantes haitianos que durante las temporadas de otoño- invierno en la zona sufren con la falta de trabajo y el frío. Como parte de la Agrupación Multicultural de Coihueco (AMUC) hemos sido testigo de esta realidad. El asilamiento y las paupérrimas condiciones higiénicas y sociales en las que viven en los campos nos motiva a realizar acciones sociales como los roperos comunitarios o convivencias que, en el fondo, son soluciones momentáneas frente a su diario vivir, en un destino que se hermana con el de nuestros campesinos azotados por las lluvias torrenciales, heladas y la devaluación de sus producciones, como lo denunciado este este año por los viñateros de Guarilihue, cuando la industria vitivinícola solo ofreció un cuarto del precio del año anterior por kilo de fruta.

Como estas, son muchas las materias donde el compromiso es arduo y el desafío es gigantesco, pero sobre todo resulta un llamado urgente a que cada una de las partes realice sus mayores esfuerzos para la innovación, integración, sustentabilidad y bienestar de cada uno de los habitantes de esta bella región. Ahora podemos responder, ¿por qué Ñuble? Por su historia, por su presente y por ese futuro que todos esperamos.

 

Sobre el autor: 

Escritor chileno, profesor de lenguaje, columnista en  Revista Pudú, miembro de la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (Alciff Chile), agente de cambio en el proyecto medioambiental “Cambia el clima”, columnista en El Quinto Poder, activista ecológico, promotor del subgénero literario de clima ficción (cli fi). Publicó los poemarios “Dile a Jesús que tenemos hambre” (2016), “Dios castiga pero no a palos” (2016), “A oscuras grité tu nombre en el muro de Berlín” (2016), Destrucciones a las 11 AM (2018);  las novelas breves “El Ataud” (2017) y “El último que muera que apague la luz” (2017), la colección de relatos de ciencia ficción “La supervivencia del caos” (2019) y el poemario de ciencia ficción “Sacsayhuamán: El exilio de los Shuk’tars” (2019). <juanpix85@gmail.com> / Sitio web

 

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