¿Por qué se Forman los Tapones en el Oído y Cómo Deshacernos de Ellos? por: Valentina Rivadeneira, Fonoaudióloga Cree+Ser

 

Los sonidos son recogidos por el oído externo que está formado por el pabellón auricular (oreja) y el conducto auditivo externo, el sonido es guiado a través de este conducto al oído medio, llegando al tímpano que es una membrana flexible y circular que comienza a vibrar cuando las ondas sonoras la golpean. Con el movimiento del tímpano las ondas pasan al oído medio, el cual tiene tres huesos que reciben el nombre de martillo, yunque y estribo, conocidos también como la cadena de huesecillos o cadena osicular. Estos forman un puente entre el tímpano y la entrada al oído interno y su interacción aumenta aún más antes de que éstas se transmitan hacia el oído interno a través de la ventana oval. En el oído interno se encuentra la cóclea, que tiene forma semejante a un caracol y contiene varias secciones membranosas que están rellenas de fluido acuoso, cuando las ondas sonoras producen vibraciones en la ventana oval, el fluido comienza a moverse provocando también el movimiento de las células ciliadas de la cóclea, éstas células transforman las vibraciones en impulsos eléctricos que son enviados a través de los nervios auditivos hacia el cerebro, donde son interpretados como sonidos.

El oído externo tiene además la función de secretar cerumen (masa amarillenta) producida por las glándulas sebáceas y apocrinas modificadas, normalmente migra a la entrada del conducto auditivo externo gracias a los mecanismos de autolimpieza facilitados por los movimientos de la mandíbula. Esta cera tiene la función de protección, y sirve para arrastrar y eliminar la suciedad que se acumula en el oído a lo largo del día, siendo un mecanismo de defensa (bactericida) por lo que debe salir de forma normal. Para una correcta transmisión del sonido, es necesaria una adecuada limpieza. El tapón de cerumen no está asociado a higiene personal; ocurre cuando fracasan estos mecanismos y la cera se acumula, generando ciertos problemas o dificultades como molestia, dolor, sensación de taponamiento, irritación, hipoacusia (pérdida auditiva), mareo o desequilibrio, tinitus (zumbido), secreción, infección e incapacidad de adaptar los audífonos. Dentro de los síntomas mencionados, el de mayor impacto es el de hipoacusia de conducción, ya que puede llegar a generar una pérdida auditiva de hasta 40-45 dB HL (pérdida moderada). Inclusive la atención de un profesional puede verse afectada ya que genera un obstáculo para visualizar la membrana timpánica y/o dificultar la evaluación audiovestibular, lo que puede resultar potencialmente en la incapacidad de diagnosticar oportunamente.

 

 

Algunos de los factores que favorecen la acumulación de esta cera son la deformidad anatómica, cantidad de vello en el conducto auditivo externo, uso de audífonos, bastoncillos para limpiarse, edad avanzada, extracción incorrecta o fallida de cerumen. Debido a lo anterior es que existen diversos métodos para remover la cera impactada, uno de ellos es el método de irrigación, conocido como lavado de oído. Este puede ser realizado por un Fonoaudiólogo, profesional idóneo para realizar este procedimiento, puesto que durante sus años de enseñanza académica, se le ha instruido a profundidad la anatomía y funcionalidad del oído. Este procedimiento implica el uso de agua templada aplicada con cierta presión directa al conducto auditivo externo para una extracción mecánica del tapón. Los riesgos que involucra hacen imprescindible que lo practique un profesional se encuentra capacitado en el área, evitando así múltiples consecuencias posibles como el dolor, heridas en el conducto auditivo, sangrado, otitis externa, vértigo y perforación del tímpano. Por este mismo motivo se advierte a las personas el no introducir cuerpos extraños al conducto para remover los tapones, ya que la otitis externa crónica es un riesgo frecuente. Otros de los consejos es el de no automedicarse y no intentar aplicar remedios caseros como los famosos “cucuruchos de papel” que incluso pueden generar quemaduras en la piel delicada del canal del oído e incrementar el riesgo de contraer infecciones, picor y problemas de cera. El aseo se debe realizar solo con el dedo índice hasta donde alcance a penetrar en el conducto auditivo y si el oído presenta aumento de cerumen debe ser extraído con indicación y control posterior. Además, se recomienda realizar evaluaciones rutinarias al menos una vez al año, por profesionales idóneos como un Fonoaudiólogo o un Otorrinolaringólogo.

 

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