Primavera Sad por: Carlos Candia Berrocal, el Ciudadano Candia

A muchos les gusta mirar el clima y pensar que tiene relación directa con ciertos designios y viceversa. Yo mismo, por ejemplo, tiendo a creer que la violencia ocurrida en los últimos meses contra el pueblo mapuche (encarcelamientos falsos, juicios arreglados y violencia policial), hace que la tierra esté inestable, algo que podría parecer alejado y sin ninguna relación, me parece posible considerando el vínculo que los pueblos originarios tienen con los fenómenos naturales. No suena tan descabellado, pero obviamente no pasa de ser una conjetura eclipsada por indicios que se muestran como claras causas de lo que ocurre contra ellos.

Lo cierto es que este tiempo inestable, de lluvia torrencial y un sol enorme que la interrumpe, generan cambios reales en nuestros estados de ánimo y hoy por hoy, tod@s estamos un poco sad. Dicen, y yo he leído, que la primavera es la estación en la que ocurren más suicidios y depresiones.

El florecer de los árboles y los meses de sol y temperatura agradable hacen que las personas añoren mejorar sus estados de ánimo, compartir con amigos, salir a pasear, es decir, dejar nuestras cavernas invernales y encontrarnos. Esto hace que la primavera sea lo mejor para vivir: Tiene lo mejor del verano sin ese calor enfermante, pero es un mejor entrecomillado, que solo se cumple para quienes tenemos amigos, pareja, planes, etc. Para quienes están solos, alejados de sus familias, con problemas personales y económicos, estos meses traen consigo una nostalgia inusitada que muchas veces terminan en la depresión, padecimiento silencioso que afecta a muchas personas, que no siempre reconocen este estado, a veces por ignoracia y otras por negación.

Alguna vez estuve entre sábanas y carbohidratos, envuelto, con miedo a mirar mi celular, con miedo a salir, triste sin razones, apagado entre la pena y la ansiedad. A veces vivía crisis y sufría en mi cabeza por diferentes razones, pero hoy estoy fuerte, puedo enfrentar la vida sin complicaciones ni miedos, puedo caminar y mirar a los demás, porque se que tengo mucha gente que está conmigo, les reconozco y ellos a mí, y también se que muchos lectores han pasado por procesos similares y algunos siguen estando ahí.

Desde mi perspectiva, creo que el responsable de todo es el individualismo y la vida moderna que nos ha relegado a relaciones carentes de profundidad, nos ha extirpado la identidad y nos ha indicado que el hábito consumista es la única forma de felicidad posible. Esa sería una culpa general, no quiero suprimir otras carencias que las personas tienen, pero digamos que el denominador común es este.

Esta columna es de profundo cariño. No dejemos que siga ganando el trauma, la pena, el dolor, ayudemos a quienes nos necesitan en estas fechas, identifiquemos a quienes sufren y acompañémoslos en un paseo en bicicleta o una larga llamada por teléfono. No podemos estar en todas partes, pero la tecnología, si bien nos ha separado, también ha tendido puentes que debemos aprovechar. Disfrutemos este clima, recordemos que llevamos años viviendo profundas sequías y esta agua que corre a veces es asombrosa. Ya vendrá el verano y andar en calzoncillos se volverá una realidad francamente apestosa.

 

 

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