“Prohibido olvidar porque el caos es permanente”: JP Cifuentes Presenta en Chillán su novela “Crónica de Terezin” Imagen: Malvina Lowova, asesinada a los 12 años

A las 19:30 horas de este viernes 23 de agosto, el novelista y poeta Juan Pablo Cifuentes presentará en el Café Newen (Longitudinal Sur #155, Chillán) su nuevo libro “Crónica de Terezin”, acompañado por la música en vivo de Rogelio y Maximiliano Rubio. Vívida, necesaria y universal, la obra promete y permite el diálogo y la reflexión a niveles diversos, unidos por un profundo componente humanista.

 

 

Conversamos en extenso con el autor sobre esta primera pieza de la saga “Crónicas del Siglo XX”, en la que busca realizar un repaso en clave de ficción por hechos que marcaron la historia y la cultura, comenzando por la que resulta una ventana hacia el campo de concentración de Theresienstadt (en la ex Checoslovaquia), utilizado por los nazis como recinto de tránsito y fachada ejemplar ante la opinión internacional, conteniendo sin embargo, horrores entre los que se estima la muerte de casi 15.000 niños judíos.

Fueron los dibujos de estas jóvenes vidas arrebatadas las que han constituido un descarnado testimonio que sirve de punto de partida para el artista adoptado por Ñuble para profundizar en la naturaleza humana, en la historia y en el futuro:

 

  • ¿Sería más correcto comprender Crónicas de Terezin, más que como una novela histórica, como una novela existencialista?

 

Lo histórico es fundamental como bisagra de inicio de Crónica de Terezin, pues la historia de la Segunda Guerra Mundial debe ser uno de los hechos históricos que más divulgación han tenido dentro de la cultura pop. Entonces,  desde ahí se bifurcan diversas tendencias. Por un lado, el plano existencialista nauseabundo de Jean Paul Sartre, que cuestiona el quehacer y la monstruosidad de la vida que toma diversas formas; por otro lado, el racionalismo crítico de Karl Popper que sustenta la tesis de la paradoja de la tolerancia, con esa constante dualidad entre lo correcto y lo incorrecto que es la incertidumbre central en la novela, y finalmente con aspectos de la teoría del caos de Edwards Lorenz, que indica que la naturaleza y el universo en general no siguen un modelo previsible, por lo tanto no hay una sola historia, sino hay historias de las historias.

 

  • Como señalas, la Segunda Guerra Mundial aparece como un contexto común y reconocible para los lectores, pero también representa inevitablemente una revisión de los horrores ¿Qué valor le entregas a esta relectura de hechos que marcaron la historia, particularmente en un momento en el que despuntan sin pudor nacionalismos extremos y racismos a lo largo y ancho del mundo?

 

Mi intención es partir desde este lugar común para explorar la naturaleza del ser humano, la relectura está centrada en los horrores, pero no de un campo de concentración conocido, sino de Terezin, este asentamiento ubicado en República Checa que fue utilizado como un modelo de propaganda nazi para engañar a la Cruz Roja y otras instituciones, un lugar en donde el arte convivía con la muerte y en donde los dibujos y bosquejos de los niños fueron los factores fundamentales para vislumbrar la barbarie que existía en ese lugar. Ahora bien, en la actualidad los discursos de odio se están acrecentando a nivel mundial y Chile no es ajeno a eso. La globalización ha ido generando espacios en común como son las redes sociales en las que se normaliza las violaciones a los derechos humanos, se justifican crímenes a la humanidad o abiertamente se multiplican los discursos de intolerancia y de nacionalismos extremos. Desde esa mirada, la novela busca mostrar que la paradoja de la tolerancia de Poppers está presente en la actualidad, pues la intolerancia va acabando con las sociedades abiertas y democráticas en pos de miradas más autoritarias o totalitarias que buscan la negación de la otredad.

 

  • ¿Cómo podemos compatibilizar la certeza de la dualidad humana, la tensión de sus componentes, con el necesario optimismo para construir futuro?

 

Se me ha tildado de realizar una literatura decadente, pesimista donde reina en el caos, en la distopía, en el fin de la humanidad. Pero la finalidad de impactar al lector es justamente la contraria. Mi intención es conmover, impactar para que a través de esa lectura se generen los procesos reflexivos, interpretativos o críticos, no solo de mi obra sino de las temáticas planteadas en mis textos. Hoy, es el turno del horror desde la mirada infantil en un campo de concentración, en otros textos ha sido a través de las sociedades totalitarias, de la caída de un asteroide, de la desaparición de una adolescente, del exterminio de civilizaciones, de la presión de Dios y el apocalipsis o de esta supervivencia del caos. A propósito de estos relatos míos de ciencia ficción y terror llamado “La supervivencia del caos” comencé a investigar sobre esta teoría del caos y la multiplicidad de variables y posibilidades que se pueden generar a partir de una acción determinada. Es cierto que a primera vista se aprecia una dualidad en la humanidad, la concepción del bien y del mal, lo correcto de lo incorrecto, lo moral de lo inmoral, pero esa dualidad  se desintegra cuando no se puede establecer con certeza si los personajes tienden hacia el bien o hacia acciones malignas. Nuestra naturaleza se basa en esta incertidumbre sobre la naturaleza del ser humano. Desde el periodo de la Ilustración vemos a Rousseau señalando que el ser humano nace bueno, pero de acuerdo a su contexto puede ir variando su comportamiento y qué decir de Freud, Jung y los psicoanalistas que buscan en los estados de conciencia dar cuenta de la naturaleza de nuestro comportamiento. Sin embargo, es el optimismo, esa esperanza de creer que somos más que una plaga que destruye este planeta la que se debe perpetuar a partir de mostrar la crueldad y el caos de  nuestras acciones.

 

  • En ese mismo sentido, el plot twist del final de la novela, cuando la historia parece zanjada y da un vuelco ha generado incomodidad en los lectores. ¿Por qué crees que sucede? ¿Estamos ávidos de finales felices o necesitamos una suerte de descanso de esta lucha permanente y, aunque sea transitoria, una sensación de utopía alcanzada?

 

Ese final me ha causado más de un inconveniente. He visto a varios lectores de “Crónica de Terezin” que me han comentado de inmediato que era un loco por haber trastocado un camino ya conocido y predecible de la novela por un final inquietante en donde es el mal el que triunfa. Para ser sincero, cuando construí la historia pensé en terminar la novela desde una mirada optimista, con la salvación de estos dos niños de su trágico destino, pero comprendí que la finalidad no era centrarme en ellos. Mi discurso quería ser superior a la gran cantidad de literatura que hay sobre la Segunda Guerra Mundial. Necesitaba expresar justamente este caos desde lo impredecible, lo inesperado.  Creo que se ha masificado el concepto mediático de que “el bien triunfa sobre el mal” que los finales tristes generan incomodidad por romper este tácito acuerdo entre lector y escritor de buscar historias que entretengan, pero que no generen desesperanza. Lo mismo sucede para los espectadores. Si no, cómo se justifica que el coyote siempre perdiera ante el correcaminos o el sacrificio de quien actúa incorrectamente para inmolarse y convertirse en un héroe. Como un ávido lector de ciencia ficción debo reconocer que este acuerdo es cada vez más reducido, pues no hay necesidad de ocultar la realidad ni de embellecer o esconder lo que pasa en el diario vivir. No existe utopía en un mundo que convive entre episodios de felicidad con las constantes violaciones a los derechos humanos generados por las diversas circunstancias. Las personas nos estamos acostumbrando a ser insensibles ante el dolor ajeno e incluso a nuestros propios problemas, engañándonos yendo de compras o con maratones de series. Ahora bien, una de las finalidades de este plot twist en “Crónica de Terezin” era configurar a este personaje que ha sobrevivido, a este anónimo que sale desde las sombras y desencaja a los lectores, pues mi intención es que aparezca en “Crónicas de Nahueltoro” que será la continuación de “Terezin”.

 

 

  • Tanto la forma en que cierra la trama como saber que existirá una continuidad en las próximas dos entregas de la saga en la que trabajas remite en cierta medida a la condición cíclica del tiempo y del sino o la estrella de los acontecimientos que lo han marcado. ¿Crees que pese a la evidencia no somos conscientes de la necesidad de seguir alimentando aquello que es vital conservar? Desde descuidar la democracia una vez recuperada hasta dar por sentado el amor de una pareja cuando se consigue… ¿Es parte también de nuestra naturaleza el ser negligentemente olvidadizos?

 

Creo que ese es el eje central de toda la saga literaria de “Crónicas del Siglo XX”, esa tesis de “prohibido olvidar porque el caos es permanente”. En general, siento que este hombre postmoderno es un ser que se acostumbró a una rutina, a una competencia, a una individualidad, a una mala utilización de la tecnología y ha perdido las nociones básicas que antes eran las que guiaban a las personas. Ya muy pocos miran las estrellas en las noches, saludan o agradecen a desconocidos, disfrutan de la vida en la naturaleza. La ciudad avanza tal como el desierto cada vez se va extendiendo por la Tierra. La depresión, los suicidios, la angustia son parte de la cotidianeidad de las distintas sociedades en la actualidad y frente a eso se debe tener una mirada crítica y reflexiva. Crítica en el sentido de cuestionar cuáles son nuestros errores, en qué fallamos como sociedad para que un adolescente de trece años termine ahorcándose o para seguir viendo la crudeza de los femicidios a nivel mundial. Se cuestiona ahora a las diversas instituciones, pero no se dimensiona el hecho de que estamos en democracia y como tal tenemos la libertad de expresión para poder  plantear nuestra verborrea tuitera, pero no siempre ha sido así. Es increíble y lamentable ver como la pérdida de la libertad recién genera esa sensación de lamentar lo que teníamos y no disfrutamos. Crónica de Terezin se plantea desde esa mirada. Vemos a un niño que sufre y un final impactante, solo para recordar que debemos amar y apreciar a nuestros seres queridos porque son el pilar de  aquello que nos constituye como individuos.

 

 

  • De la misma forma, como seres unidos por las historias, como diría Tyrion Lannister, también atribuimos un desequilibrado valor a la epicidad que nos ha negado durante mucho tiempo el acceso a historias tildadas de “menores” o “poco heroicas”, como es el caso de las que provienen de la perspectiva de la infancia. ¿Por qué te pareció importante tomarte de este protagonista inspirado en hechos reales?

 

Los héroes infantiles generalmente son parte de una literatura infantil o juvenil, como es el caso de “Un capitán de quince años” de Julio Verne, el travieso “Oliver Twist” de Dickens o nuestro “Papelucho” de Marcela Paz. Sin embargo, el hecho de colocar a un niño como protagonista de una historia trágica no está ajeno a nuestra realidad. Veamos cómo está el mundo en la actualidad. Cuantos niños y niñas a diario deben convertirse a tierna edad en héroes y protagonistas de sus vidas, desde la hambruna en África que provoca datos espeluznante de mortalidad infantil, las guerras civiles en medio oriente destruyendo las escuelas por los bombardeos aéreos, el éxodo de familias desde Centroamérica hacia Norteamérica o desde Venezuela hacia el cono sur, los niños explotados en fábricas de seda, de diamantes, las niñas secuestradas para el tráfico de las trata de blancas. Niños y niñas muriendo de sed, de hambre, de enfermedades, de la guerra, de nuestro propio caos. Tal vez como docente puedo apreciar a una gran diversidad de estudiantes y cada uno de ellos con historias particulares como para señalar que la vida es caótica y especial en cada uno de aquellos contextos. Por otra parte, al averiguar sobre Terezin me encontré con que existió un taller de arte en donde profesoras enseñaban a pintar y dibujar a estos niños. Al principio, las pinturas eran sobre sus ideales y sus recuerdos, más cuando se les pidió que reflejaran la realidad que estaban viviendo, los cuadros muestran las atrocidades desde una mirada infantil como lo refleja la portada del libro en donde está el dibujo del rostro de un padre sufriendo que sale desde una chimenea realizado por su hija que veía como su padre moría en estos tristes episodios de la humanidad. Por todo esto, creo que era fundamental que la historia fuera contada por estos niños, independiente que este personaje anónimo apareciera al final para destruir todo lo relatado.

 

 

  • Pese a ser un niño, la voz de Edward se rompe por la crudeza, y más que como un adulto, que es lo que suele contraponerse a la infancia, aparece como un personaje a caballo entre la supervivencia, el miedo, la soledad y el estoicismo. ¿Es esta desprotección, este despojo de todo lo que conoce para ser trasladado de lleno al horror, una forma de mostrarnos a nosotros mismos la forma en que configuramos la realidad en nuestro fuero interno? ¿Los senderos que recorremos para comprender lo que nos azota y terminar decantando nuestras decisiones?

 

Hace poco tiempo atrás en la Academia de Debate que dirijo en el colegio vimos un extracto de un documental sobre la hambruna en África. En él se veía a un niño de seis años tirado en el suelo, sin poder moverse, desnutrido, incapaz de articular sonidos de tanto dolor y sufrimiento que padecía. Esa escena que nos tenía a todos a punto de llorar se  acentúa cuando aparece su hermana, una chica no mayor a diez años, quien debía recorrer muchos kilómetros todos los días para traer un poco de agua y se dedicaba a bañar a su hermano, a darle agua a través de una esponja y alimentarlo con lo poco que conseguía. Una pequeña niña era el único universo y esperanza de supervivencia. Veamos las historias que suceden en el Sename, los niños y niñas víctimas de abusos para comprender que la resiliencia es una de las mejores virtudes que puede poseer una persona. Mientras existan las autoridades que sigan haciendo  la vista gorda, nuestra incapacidad de comprometernos con los demás ni con el medio ambiente, no podremos encontrar formas agradables de volver a casa. En este sentido, Edward representa a estos niños que a punta de arañazos, lamentos y lágrimas van haciéndose parte de nuestra sociedad.

 

  • Con “Crónicas de Terezin” nos adentramos en una realidad ficcionada y es necesaria la pregunta de rigor en una sociedad que necesita mantener viva la memoria: ¿Podemos comprender mejor la realidad desde el filtro de la ficción o caemos en el riesgo de la idealización o la abstracción de hechos que todavía mantienen abiertas millones de heridas?

 

Siempre hay un riesgo latente cuando se ficcionalizan hechos de la vida real. Sucede sobretodo en las películas en donde se generan las disputas entre los que apoyan la representación visual de lo que vivieron y quienes reclaman porque no refleja el horror que padecieron. Esa es una constante con la cual no busco la convivencia. Mi finalidad  con la saga “Crónicas del Siglo XX” es traer a la luz aquellos episodios que las nuevas generaciones debieran conocer en donde el horror y el caos predominaron  adueñándose de nuestra monstruosidad. En ese sentido, en el caso de Terezin, no era la intención victimizar a los judíos o exagerar las atrocidades de los nazis sino la configuración de los paradigmas de Sartre, Popper y Lorenz que mencionaba. Ahora bien, recordar es fundamental para que las sociedades abiertas avancen, si mi novela genera aquello, pues bienvenida sea esa interpretación. En lo personal, la memoria de un pueblo es fundamental para comprender quiénes somos

 

  • Si bien no es parte de la intención de la novela, no puede negarse que hoy, en el contexto bélico israelí-palestino, genera cierta inquietud en una parte de la población el hecho de resaltar el “rol de víctima” del pueblo judío, considerando que además existen muchas organizaciones, películas y memoriales que se han encargado de denunciar la masacre perpetrada por el régimen nazi… ¿Crees que, además de confirmar la pugna de las dualidades humanas que se repiten a escala social, la actual ignominia más que insensibilizarnos ante el dolor pasado, debe ser un motor de articulación que nos conduzca al entendimiento y, en esa convicción, no sobran los esfuerzos de ningún tipo?

 

En Crónica de Terezin busco acentuar nuestra condición de irracionalidad de nuestros actos. Personalmente, adhiero a una concepción humanista en donde las banderas, fronteras e ideologías no pueden ser superiores a nuestra razón de ser todos habitantes del mismo planeta que estamos destruyendo. En este caso, el tema era la dualidad judío/nazi, en Crónicas de Nahueltoro será el de ignorancia/conocimiento y así en  las otras historias que compongan esta saga literaria que está pensada en unos diez libros. Son demasiadas las veces en las cuales hemos caído en la condición de bestialidad  por nuestros actos que esa ignominia es como un leiv motiv en esta saga literaria. Nuestra misión como artistas debe ser la de denunciar y generar el impacto para que los lectores puedan reflexionar en torno a las distintas variables desde conservar y restaurar lo patrimonial, una articulación de la memoria que nos haga  mejorar como ciudadanos y perpetúe las sociedades abiertas, una  conciencia ambiental que genere acciones concretas contra el cambio climático son parte de las motivaciones que tengo para escribir. Para ellos utilicé en primer término a la poesía, pero sentía que el mensaje al estar embellecido no llegaba con todo el impacto que necesitaba a los lectores, por lo que desde la narrativa puedo deambular por los subgéneros que sean necesarios para que estas temáticas despierten estos procesos de conversación entre las personas. 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *