Pudú Albino: Fugaz y Bello Recordatorio de Nuestra Deuda Con la Fauna Endémica Foto: Boris Huencho

Corría el año 1999 cuando Liu Neyen y Pascualita se conocieron. Se trataba de los dos únicos ejemplares de Pudú puda blancos en cautividad. Ambos fueron encontrados en Quellón (Chiloé) por la profesora Tania Vera y sus estudiantes.

Su baja densidad y el color de su pelaje fácil de distinguir por los depredadores, los volvía especialmente vulnerables, por lo que fueron trasladados a hasta el centro especializado de la Universidad de Concepción, lugar donde se buscó protegerlos y permitir su potencial apareamiento.

Como consignó el Mercurio de la época, todo esto ocurría solo dos años luego de que la especie endémica de los bosques andino-patagónicos se declarara en peligro de extinción. A partir de la década de 1980 se constató una drástica disminución de la población de pudúes en Chile, cuyas causas ya se encontraban claramente sindicadas por entonces: La alteración de su hábitat producto del reemplazo del bosque nativo por otras especies de monocultivo (pino radiata y eucaliptus, entre otras) y el avance de las fronteras agrícolas y urbanas.

“Antes, incluso, podía observarse manadas de ejemplares. Hoy sólo en la isla de Chiloé se mantiene la mayor cantidad de ejemplares debido a que allí no existen, además, pumas libres”, indicaba el medio, advirtiendo también la incidencia de los depredadores naturales, a los que el ser humano ha añadido la presencia de animales domésticos abandonados en busca de sustento o entrenados para la caza.

Tatiana Vera no se equivocaba al conjeturar que en aquella zona podrían encontrarse más pudúes blancos, bajo la salvedad indicada por el investigador de la UdeC, José Avello, quien aseguró que este fenómeno tiene una muy baja frecuencia. Del mismo sitio provino el cérvido conservado en el zoológico del Instituto Profesional Agrario Adolfo Matthei, en Osorno y, 20 años más tarde, la isla fue el escenario del avistamiento que ha cautivado a las redes sociales durante las últimas horas, replicando el efecto que Pascualita y Liu Neyen provocaron en la población décadas atrás.

Esta vez en el sector de Cucao, se dejó ver este nuevo ejemplar cuya presencia fue registrada hábilmente desde su vehículo por el usuario de Facebook, Boris Huencho, quien publicó la imagen en la plataforma junto al mensaje: “Les comparto un regalo de la naturaleza. Un Pudú albino”. Raro entre los raros, no solo por la lamentable disminución de la especie y por sus hábitos huidizos y tímidos, sino también por la fotosensibilidad asociada al albinismo, que haría presumible una menor presencia en horarios diurnos o en áreas desprotegidas de follaje.

Facebook / Boris Huencho

 

Al igual que ocurre en los humanos, entre la mayoría de los vertebrados pueden darse casos de ausencia de pigmentación de la piel, el pelaje y otros órganos que normalmente presentan coloración (el iris, por ejemplo). Su baja incidencia está relacionada con la adaptación a través del mecanismo de supervivencia que supone poseer un pelaje fácilmente camuflable en entornos donde predominan los colores marrones y pardos, además de una necesaria agudeza y versatilidad visual.

Compartimos a continuación algunos de estos maravillosos ejemplares cuya excepcionalidad no solo es un despliegue de belleza, sino que también tienen la capacidad de poner en el foco la necesidad urgente de preservar las condiciones para su permanencia sobre el planeta. (fotografías de CNN):

 

Ardilla (Bahía Hout, Sudáfrica)

Cría de tortuga (Isla Khran, Tailandia)

Camello (Yalta)

Canguro tammar y su gemelo (Australia)

Burro (Isla de Asinara, Italia)

https://edition.cnn.com/2014/06/19/world/gallery/cnnee-albino-animals/index.html

Pez espada (Costa Rica)

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