Puerto Octay Por: JP Cifuentes Palma

Se suman días desde que el agua potable dejó de ser un derecho para los habitantes de Puerto Octay. La presencia de hidrocarburos en las tuberías implicó una muestra generalizada de lo difícil que es sobrevivir para el ser humano sin la presencia de este recurso natural. Dos semanas desde que el municipio lacustre informaba a la comunidad, a través de sus redes sociales, de la emergencia sanitaria que se vivía en la zona. 

Nuestro organismo está compuesto en un alto porcentaje por agua, lo mismo que nuestro planeta. Sin embargo, el agua dulce que utilizamos en nuestro diario vivir está siendo cada día más denigrada y fulminada por nuestros errores. Durante estos días, en distintas latitudes como Islandia o Suiza se están realizando funerales masivos por los glaciares que se han derretido. Ese hielo milenario, cuya existencia era anterior a nuestra presencia, hoy se apaga debido a nuestra irresponsabilidad. Por otro lado, gente inescrupulosa, por no decir otro calificativo, vierten en  ríos, lagos, lagunas, canales, y arroyos, materiales en descomposición, desde animales muertos, hasta basura que incluye plástico, residuos tóxicos y químicos que van alterando el ecosistema y contaminando, en muchos casos, de manera irreversible al agua.

Lo de Puerto Octay es otra muestra más de la poca capacidad de acción, fiscalización y reacción oportuna frente a las catástrofes. Imagino a una gran metrópolis como Santiago, Concepción o Valparaíso estando en la situación de 15 días sin agua potable para percatarse de que el actuar, no solo desde los organismos especializados, sino también desde los medios de comunicación, sería muy distinto al brindado a esta pequeña comuna de la región de Los Lagos. No hemos visto a las autoridades en terreno, a los famosos yendo a la zona de catástrofe, a las campañas de protección del agua y la maratón de noticias sobre este incidente como ocurre cuando hay un temblor de mediana intensidad en alguna de estas ciudades centralistas.

Con asombro he visto como autoridades, empresarios y servidores públicos han puesto en la mesa la tesis de actos terroristas para explicar esta emergencia sanitaria. Es más fácil la criminalización a la ayuda oportuna. A nivel de discurso, el papel y el viento se llevan las palabras, pero las acciones concretas deberían ser el eje central de nuestro diario vivir. Acciones relacionadas con el cuidado, la protección y el brindar soluciones a las problemáticas medioambientales de nuestro país.

Estamos en una época en la que es fundamental que se genere una conciencia ecológica que otorgue tanto a jóvenes, niños como adultos una responsabilidad con sus vidas y con su entorno. Hoy, en Puerto Octay las clases siguen suspendidas debido a la emergencia sanitaria. En algún momento retornarán pero, tras esto, deben implementarse estos espacios de conversación, auspiciar los proyectos de sustentabilidad, supervisar a las empresas que han privatizado el agua y que parecen impunes ante el sufrimiento de las personas.

El agua, es un recurso no renovable. Nuestro país ya está viviendo las consecuencias de la sequía. Es necesario un llamado de atención y un pronto actuar antes que lo ocurrido en Osorno, en Puerto Octay y en otras localidades sea un hecho recurrente en nuestro país. Alguien dijo por ahí que solo cuando se pierde algo se le valora. Es momento, entonces, de que las acciones sean el eje central y nuestra agua sea pura, cristalina, para todos y, por sobretodo, sea un recurso tan valorado y respetado que generemos esa conciencia de protección. Ya van quince días sin agua, ¿Cuánto tiempo más deberán seguir esperando los habitantes de Puerto Octay?

 

 

Sobre el autor: 

Escritor chileno, profesor de lenguaje y columnista en la Revista Pudú, miembro de la Asociación de Literatura de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (Alciff Chile) que publicó los poemarios “Dile a Jesús que tenemos hambre” (2016), “Dios castiga pero no a palos” (2016), “A oscuras grité tu nombre en el muro de Berlín” (2016), Destrucciones a las 11 AM (2018);  las novelas breves “El Ataud” (2017) y “El último que muera que apague la luz” (2017). Este año ha publicado el libro de cuentos de terror “La supervivencia del caos” / juanpix85@gmail.com

 

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