“Somos Campeones”: La Inclusión es un Camino de Doble Vía

Título original: Campeones
País: España
Año: 2018
Duración: 100 minutos
Género: Comedia, Drama, Deporte
Dirección: Javier Fesser

Enfrentarse a “Somos Campeones” es  una experiencia vital. La película que se estrena por estos días en salas chilenas, llega como un soplo de aire fresco que divierte y conmueve a partes iguales.

Sin un ápice de paternalismo, la cinta dirigida por Javier Fesser, retrata la historia de un entrenador de basket que cumple condena de servicios sociales tras ser sorprendido conduciendo bajo los efectos del alcohol, destinado a dirigir al equipo de una asociación de personas con discapacidad intelectual.

Al momento de resolverse la estructura clásica del antihéroe atravesando una profunda crisis vital que lo ha apartado de su trabajo de su mujer y de lo que hasta entonces cree ser, en lugar ocurrir un descenso a los infiernos (de la sociedad o de su propia mente) o de adoptar una impostura inusualmente estoica, desemboca en un paréntesis que le permite replantearse desde el hacer y desde el descubrir, pero nunca en soledad, sino acompañado por lo que será un grupo de escuderos de su proceso de sanación.

Uno de los principales aciertos de “Somos Campeones”, es el filtrar a través del humor situaciones de discriminación y soledad que sufren muchas personas con discapacidad, haciéndolas digeribles, pero nunca estériles, reverberando en la memoria  del espectador. Sin embargo, no victimiza ni compadece, muy por el contrario, revela la necesidad de comprender la inclusión como un proceso de doble vía, dialógico y horizontal, que no se ejerce desde una supuesta normalidad hacia quienes tienen algún tipo de discapacidad, sino en la combinación de ambos mundos.

En este oasis al que llega el protagonista interpretado impecablemente por Javier Gutiérrez, conviven personajes que destilan humanidad y  parecen vivir al margen de los códigos que la sociedad ha vuelto norma, de las definiciones enfermizas de conceptos como el éxito y la competitividad, e incluso de la castración de las emociones.  Un lugar donde se acoge con ansias y se demuestra que, tras miles de años de evolución de la especie humana, seguimos necesitando ser un equipo.

Acompaña esta dulzura una bellísima estética, cálida y centrada en la expresividad de los rostros, haciendo explícito el valor que cada individuo aporta a una trama llena de momentos de risa explosiva y de la epicidad contenida en lo cotidiano, recordando que triunfar, no siempre luce de la misma forma.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *