Súper Ocho Por: Carlos D. Candia Berrocal - Ciudadano Candia

Foto: Manuel José Pincheira

Hay distintos superhéroes en el imaginario colectivo. Es normal que aún esté en la memoria de tod@s la desaparición de Spiderman ante el poder de Thanos (alerta de spoiler), pero existen muchos superhéroes chilenos que están presentes, tanto en los cómics como la televisión: Mampato, Ogú y la intermitente Rena, Calcetín con Rombos Man, Supercifuentes y el mítico Chocman que interrumpió constantemente «El Club de los Tigritos» con un comercial que explicaba cómo sus superpoderes ayudaban a matar nuestra hambre (todo esto mucho antes de que los programas de gobierno le chantaran mil discos pares sobre su calidad nutricional, alertando que en realidad no solo combatía el hambre, también propiciaba la diabetes infantil).

Hoy, gracias a las inútiles políticas públicas, el nuevo vigilante que se hace cargo de los estragos en la política migrante es el Super Ocho. ¿Se han dado cuenta de la incalculable cantidad de camaradas que tienen que recorrer las calles de Chillán y del país para obtener el sustento? En cada esquina de las cuatro avenidas, un hermano que viajó en malas condiciones, vende sus superochos. En Argentina con Ecuador, a la salida del Jumbo, o la hermana que vende frutas en la esquina de O’Higgins con Collín. Tod@s ellos están sufriendo ahora mismo con las inclemencias del clima. Me desespera saber donde están quienes los apuntan con el dedo anunciando el fin de la economía y el trabajo con la llegada de extranjeros a nuestra tierra.

Durante el verano conocí a Doully, un amigo haitiano que, junto a sus compatriotas, buscaba la OMIL para poder entregar sus currículos. Con mi pareja los ayudamos y acompañamos en su proceso. Lo último que supe era que se había conseguido una peguita en un frigorífico sancarlino. Él encontró trabajo, hablaba una pizca de español, pero el resto de sus amigos no. Quizá estos días de lluvia y frío se cubren con nylon en alguna esquina, mientras esperan que alguien le termine de comprar la caja de chocolates por lastima o por compasión, o quizás también por hambre.

Tod@s sabemos que los superhéroes no existen (perdonen los niñ@s lectores), que la literatura
muchas veces nos vende una imagen de las cosas, pero en realidad no son tal. Algo así ocurre con la sociedad chilena: Muchas veces nos disfrazamos de amantes de la solidaridad, pero perdemos credibilidad en estos pequeños detalles. Tampoco es el afán de cuestionar a la gente. Entre nosotr@s existen algunos héroes que siempre están apañando, como el tipo que llegó en auto a buscar mi tele vieja para entregarla a una pareja de haitianos que se iban a vivir juntos.

Al final del día no necesitamos héroes con visión de calor o trajes indestructibles, sino que políticas públicas, leyes y solidaridad. No necesariamente un Valhalla en la tierra. ¿Será muy difícil encontrar esto en nuestra patria? No lo creo, tengo fe en Chile y su destino (¿les suena esa frase?), tengo fe en la gente, que tiende a decepcionarnos en algunas ocasiones y, en otras, nos llena de orgullo. Por eso les pregunto; ¿Le tienen fe a quienes pueblan esta tierra?

Tarea para la casa.

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