TPP-11: El patrimonio y la semilla

Este miércoles 17 de abril se desarrolló el Primer Intercambio de Semillas, Saberes y Sabores de Ñuble, en la comuna de San Nicolás. Un acto público, performático y práctico, en el que se interpretó un ritual atávico de supervivencia comunitaria, de transmisión de saberes y de generosidad.

Mediante un comunicado de prensa, la Seremi de las culturas, las artes y patrimonio, expresaba meridianamente que “debemos hacernos conscientes de lo que estamos comiendo, no sólo del punto de vista nutritivo, sino que también desde el punto de vista simbólico, donde el alimento, desde su producción hasta su consumo es parte de nuestra cultura”.

El mismo documento marcaba como objetivo visualizar y aumentar la valoración del rol de las cuidadoras o guardadoras de semillas a lo largo de todo el territorio del país, a 10 años de la entrada en vigencia de de la Convención para la Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial. Esta idea se reforzó mediante la participación de la Presidenta Nacional de ANAMURI y una alta funcionaria del Departamento de Patrimonio Inmaterial del Servicio Nacional del Patrimonio. Ambas estuvieron cargo de conducir el conversatorio  “Mujer y Semilla”.

Mientras esto ocurría aquí, en la nueva región, en una tierra por definición agrícola y campesina, 77 diputados de la república, entre ellos tres de los cinco representantes de la zona (Sauerbaum, Sanueza y Jarpa) votaban a favor del polémico TPP11, permitiendo el avance del proyecto hacia el Senado. Desde el gobierno celebraban lo que consideraron “una gran noticia para los chilenos, para el millón de chilenos que viven del trabajo vinculado con la agroexportación”…

Las organizaciones socioambientales críticas de este acuerdo comercial, entre ellas la propia ANAMURI, han advertido enfáticamente la posible manga ancha que representa para el fortalecimiento del mercado transgénico y el uso de pesticidas inseguros y potencialmente riesgosos que, posturas y discusiones científicas pendientes aparte, anulan el argumento de ampliar las exportaciones, dada las restricciones que diversos países (especialmente fuera de este grupo, en el que Chile ya tiene múltiples acuerdos a nivel bilateral) poseen en torno a la seguridad alimentaria.

¿Cómo interpretamos esta disonancia? ¿Será que la cultura (imposible de asir desde ningún oficialismo) corre por un cauce diferente al de los intereses de dos gobiernos empecinados en un tratado que que pone en riesgo la soberanía alimentaria, abriendo el campo (nunca mejor dicho) a un potencial control por parte de multinacional/es de uno de los bienes culturales y productivos de base? Probablemente. Porque la cultura, como la naturaleza, lejos de tender a la homogeneidad, se enriquece y necesita de la diversidad, de las múltiples formas que siglos de tradición y evolución han decantado, de los nombres veránculos de productos que orgullosos completan la identidad de los habitantes de los territorios donde nacen por destino biológico.

No es de extrañar que las acciones ciudadanas se agudicen durante esta etapa de ratificación, conscientes de logros fundamentales conseguidos gracias a un proceso sostenido de trabajosa oposición. No solo lograron romper el consenso sobre los acuerdos internacionales, permitiendo que el TPP 11 ocupe el lugar del tratado con más alto rechazo por parte del Congreso (68 votos en contra y 2 abstenciones), sino que también posicionaron sus preocupaciones en el seno de la opinión pública, siendo capaces de romper el secretismo y el carácter urgente con el que había sido conducido, revelando los múltiples flancos que quedan abiertos como heridas que vulneran este cuerpo suficientemente asediado por el fuego interno.    

Hoy nuestra fuerza está en la semilla, que al igual que la cultura, siempre ha sido reservorio, pero también punta de lanza, porque en su interior está viva. Porque desde dentro porfía.

«Hoy los países más desarrollados vienen de regreso de haber ocupado una agricultura industrial, con mucha cantidad de productos químicos, pensando en la mayor producción de alimentos, y sin preocuparse de si esos alimentos eran aptos o no para el consumo humano (…) Hoy la legislación chilena apunta a todo lo contrario,  protege la mayor producción, terminar con las malezas lo antes posible. Apunta a las grandes exportaciones de nuestros frutos y nosotros de alguna manera queremos dar una señal (…) Cuando hablamos de agroecología,  de intercambio de semillas, de volver a lo natural, indudablemente ese es el futuro, si queremos legar un buen futuro para nuestros hijos, y un planeta que realmente pueda ser vivido» Alcalde Víctor Toro durante las actividades de esta mañana, manifestando la voluntad de San Nicolás de convertirse en comuna agroecológica.

Comparte esta publicación

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *