TuiteroNoInfluyente: “No Somos Sujetos de Caridad, No Somos su Lavadero de Conciencia” Foto: T13

“Qué importante lo que dice Carolina Pérez en su columna sobre Teletón: “40 años que la sociedad entiende la discapacidad como miseria”. Descansando en esa idea nos discriminan, nos asexúan, nos infatilizan y nos marginan. La discapacidad es una condición, no una miseria (…) Qué importante que Carolina Pérez diga en su columna que la rehabilitación integral cuesta 6 millones al mes porque a 11 años de haber salido de Teletón, nunca me ha dado el bolsillo para continuar rehabilitándome y el Estado me quitó mi pensión de invalidez, claramente miserable”, comenzaba ayer lunes el usuario de Twitter @HugoAlexanderT, valorando el análisis de Pérez en torno al espectáculo televisivo de la Teletón, para el diarioUChile, solo unas semanas atrás.

Entre otros agudos argumentos e interpelaciones, la comunicadora y docente llamaba directamente a la dignidad y al reclamo de derechos de las personas con discapacidad utilizadas durante cuatro décadas para limpiar la imagen y la conciencia de instituciones, empresas y la propia sociedad.

A esa voz respondería desde la experiencia @HugoAlexanderT (TuiteroNoInfluyente) con un hilo de mensajes en los que expuso lo que significa transitar entre el desconocimiento, la lástima, la discriminación y los estereotipos que se perpetúan en dinámicas que subordinan y menoscaban a quienes viven con cualquier tipo de discapacidad en Chile. Sus palabras han desatado una ola de apoyo y también de detractores que justifican el mecanismo de recaudación de fondos como medida para suplir las deficiencias del sistema de salud y pensión.

Cabe recalcar que las opiniones de la columnista como del usuario de Twiter no hacen referencia a la Teletón como institución de rehabilitación y contención de los pacientes y sus familias, sino a la forma en que la utilización interesada, mediática y denigrante de su imagen, posterga la urgencia de políticas y culturas que aborden la materia desde el respeto, la responsabilidad y la educación. 

 

“Y hablando de la Teletón, quiero contarles algo ¿Saben por qué soy antipático? Porque desde pequeño he tenido que soportar las miradas lastimeras de las personas, las risas, las burlas, la gente que quiere darme una limosna. A medida que crecía, fui desarrollando una coraza, una cara de “estoicismo”, una postura que permitiera defenderme de esa actitud de mierda de ciertas personas que creen que por tener una discapacidad, soy una persona infeliz, que creen que por tener un problema motriz, el problema es también intelectual, que me ven con ropa de oficina, pero en su cabeza no cabe la posibilidad de que trabajo, de que soy profesional, de que no soy virgen ni mucho menos un angelito. En su cabeza no cabe que no tengo porqué ser un ejemplo, no les cabe verme borracho ni mucho menos drogado, pero lo he estado porque también soy joven. Y he tenido que soportar también la cara de reproche porque, en mi condición de “inválido”, no debo estar así, “qué feo que alguien con su problema esté en esas condiciones”. He tenido que soportar las miradas morbosas cuando voy con mis parejas de la mano y ellas también han tenido que soportarlo. He tenido que soportar que me digan que soy valiente, “que uno se amarga por weás”, cuando el subtexto es su inmenso desprecio a mi condición física e inflan el pecho como si me estuvieran haciendo un gran elogio.

He tenido que soportar ir a entrevistas de ¿Trabajo? para que primero vean que puedo trabajar, antes de postular a un cargo. Da lo mismo que tenga 10 años de experiencia laboral porque la persona inválida es incapaz. He tenido que soportar que me humillen en el Transantiago, que me traten como niño, que la micro o el taxi pase de largo, que la gente me escuche pedir ayuda y también pase de largo. He tenido que soportar todas estas cosas todos los días de mi vida, sin considerar que también soporto llegar a un edificio con escaleras interminables, con baños preferenciales con llave, con bancos y sus cajas poco accesibles y una ciudad en general poco amigable. Y a pesar de que a mis 18 superé todo el rollo emocional que implica tener una discapacidad, esa coraza se quedó en mí y aunque ya no sufro por ello, esas personas continúan haciendo las mismas cosas que me degradan permanentemente. Por eso no queremos más show televisivo, no queremos más miradas cargadas de lástima, no queremos más la actitud de superioridad moral con que nos mira el que dona…

Porque no somos sujetos de caridad, no somos su lavadero de conciencia, no somos niños, ni angelitos, ni ejemplos de nada. Somos personas con discapacidad y merecemos respeto. Un respeto que implique una política pública de rehabilitación integral para personas con discapacidad. Para que llegue el día en que yo y otrxs no necesitemos más ninguna coraza”.

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