“Un cine en concreto”: La historia de amor entre un albañil, el cine y su comunidad

En 1986 cerraba sus puertas el Cine Mitre en Villa Elisa, ciudad argentina de Entre Ríos. Una pérdida que no pasaría inadvertida para el albañil Omar Borcard (64), quien decidió poner su experiencia, su tiempo y su pasión por el séptimo arte al servicio de la comunidad.

Durante cuatro años, dedicó cada domingo a construir una sala de proyección pronta a cumplir 20 años ofreciendo un espacio de cultura y ocio para sus vecinos, en su propia casa. Tras el intenso trabajo pudo inaugurar en junio del 2000 su cine «Paradiso», contando con un proyector Gaumont donado y las viejas butacas de la misma sala clausurada que fuera su refugio .

La historia de Omar encuentra un perfecto intertexto en «Cinema Paradiso», película de Giuseppe Tornatore (1988) de la cual toma nombre la sala que construyó.

Como recoge el diario trasandino La Nación,  el amor de Omar por la pantalla grande empezó a muy corta edad, cuando vivía en una colonia rural a 3 km de la ciudad de Villa Elisa e invertía las pocas monedas que ganaba trabajando de canillita para encerrarse en el histórico Cine Mitre. «Subía a la sala antes de que empiece para ver las máquinas o me daba vuelta para ver el chorro de luz, era algo que me fascinaba», relató para el medio.

Sin ningún tipo de subvención, el cine abre todos los fines de semana de marzo a diciembre. El precio de las entradas es reinvertido en la compra de las películas y en la invitación gratuita de niños y adultos de menores recursos, atendiendo a una de las premisas fundamentales de Brocard: “Todos merecen vivir la experiencia del cine”.  La frugal recaudación requiere que ocasionalmente deban organizar actividades a beneficio para poder sostener el espacio.

La cineasta Luz Rucielo puso su atención en la historia de Omar y su familia, documentándola durante 10 años para trasladarla a una historia que hoy recoge homenajes y la profunda admiración del público. “Un cine en concreto”, repasa esta gesta desarrollada desde el amor y la humildad, adentrándose también en la travesía personal del protagonista que encontró refugio y aliento en las cintas.

Próximo al estreno nacional en Argentina, el documental ya ha sido seleccionado en 20 festivales internacionales de todo el mundo. La incursión local tiene expectante a Omar quien, aunque realista, anhela que el filme pueda tocar alguna cuerda que le permita sostener el sueño que construyó con sus manos: «Quizás después del estreno no pase nada, pero tal vez aparece alguien que quiera apadrinar el cine y darme una mano (…) Sueño con tener una pequeña consolita, para dar desde ahí el volumen, y que me alcance la plata el día de mañana para poder cambiar la lámpara del proyector cuando haga falta».

 

«El cine para mí es como la sangre para Drácula: él sin sangre no vive y yo sin cine tampoco»

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