Una Semana que Quebró la Muerte de Camilo Catrillanca por: Carlos Candia Berrocal, el Ciudadano Candia

Foto: Jospeh Martin

De repente el día se vuelve negro. Las noticias avanzan en gravedad y un peñi, un hermano de la tierra, está muerto. Otro más en esta pseudodemocracia. Entonces nos secamos las lágrimas, porque no se llora a los weichafes en lucha, se les rinde homenaje. Aunque esta vez no fue una pelea, fue una masacre. El huía despavorido cuando vio a la centena de efectivos policiales caminando por su tierra, como alienígenas de una película de ficción, como zombies, pero armados, poderosos, con el poder de este cuasiestado que mata a sus habitantes. Entonces sí que lloro, me llama mi pareja y llora por el teléfono, llora mi tía y mi madre. En la U mis compas están impactadas y tengo que hacer clases, porque la vida sigue para algunos. Me río en el almuerzo y trabajamos en nuestras pegas, mientras una madre no puede entrar al servicio médico legal, mientras un padre trata de poner el pecho frío, la cara de póker, pero se le caen las lágrimas. Nadie en el mundo está preparado para ver morir a sus hijos, o quizá sí, quizá el pueblo Mapuche por haber visto caer a tantos de los suyos.

 

Me llaman, me  escriben. En medio del dolor hago un evento para salir a protestar en Chillán. Me retan porque soy persona natural, me represento a mi y nadie más. Pido que otros lo organicen, no me interesa el crédito, salgamos a la calle, lloremos, quebremos el cerco informativo. No podemos llorar, porque no se llora a los weichafes, se les honra, pero volvemos a llorar y reímos. En la noche no me puedo contactar con mi pareja, se me acabó la batería. Llego rápido a la casa, me conecto le hablo… está bien, con mi tía en la marcha. Están grabando una pelea, encapuchados, resistiendo, ciudadanos de a pie, Mapuches, hijos del proletariado, mujeres, viejos y jóvenes.

Hacemos un “en vivo”, me muestra como luchan en la plaza del hospital de Temuco. Hay muchos efectivos policiales, hay muchos manifestantes y van ganando, como si la historia nos dijera algo o nos diera esperanza. Se tiene que ir, nuestra hija duerme en un sillón. También somos padres, también somos jóvenes, como Camilo, el joven difunto que hoy lloramos y honramos hasta el infinito.

Fuera de lo emotivo, viene lo político, la mentira pública. El gobierno no sabe como mentir, no esperaban esta muerte. En la tele mienten para no quedar mal con los poderosos de siempre, pero la mentira se le cae una y otra vez. Hasta ahora siempre había encontrado la forma de empatar: Matías Catrileo luchaba en el momento de su cobarde asesinato, podían esconder la bala entre sus maletines, pero en esta ocasión era un chico en su tractor, contra las balas. La flagrante desigualdad de condiciones obliga a la sociedad a posicionarse.

Temuco y la Araucanía amanecieron envueltas en policías baleando, hostigando, poniendo la luma en la mesa, diciendo “somos los dueños de las armas y de la fuerza del estado, del poder”.

Puede ser polémico, pero todo este accionar me hace creer que existe una organización secreta, una bien fuerte, que está planificando todo este espectáculo. A las fuerzas de orden les están cuestionando por sus malas prácticas y se les quiere quitar beneficios, particularmente la Ley Reservada del Cobre,  y tienen que salir a poner las cosas “en orden”. Están enojados, temerosos, entonces se organizan y arman una red. Por eso el discurso de Piñera es débil, porque no lo organizaron ellos, fueron algunos pacos miembros de esta red fascista clandestina que opera en las sombras, que tiene contacto, lo más probable, con los grupos neofascistas y patrióticos, y obviamente con la CIA, porque son los únicos capaces de organizar esto, y el triunfo de Trump y de Bolsonaro y de cuántas otras masacres del pasado. No soy investigador, ni creador de conspiraciones, pero a veces no sé creer, cuando tantas veces tenemos que limpiar del suelo la sangre, la rabia, para buscar casi en la ceguera, una nueva esperanza, plasmada en los mensajes de unidad. Como nunca las comunidades encuentran entre ellas similitudes y no diferencias, esas que mantienen al pueblo Mapuche en estado de separación.

En la casa la gente comenta, no todos están de acuerdo con el actuar de Carabineros. Hay que tomar posición, pero la semana sigue. Yo me tomo una pausa, no hago mucho, me ordeno, respiro, me lavo el pelo, estoy vivo, un día más vivo. Hoy en día es un privilegio para los chilenos es poder vivir en tranquilidad. Vuelvo a llorar, y me acuerdo del Rolo Maquewe, canto en el baño a todo pulmón: “Me declaro enemigo de esta puta democracia/ que mata y encarcela/ a todo el que luche/ que viva el Pueblo Mapuche”. Y así es como termina el día, juega Chile en la tele, hay noticias y hay avisos, hay carrete, hay comida, hay de todo, menos un padre para una niña de 6 años, menos un hijo y un nieto y un weichafe.

Vivimos un hecho que rompió la semana, pero que quizá cambie la historia, ojalá la cambie… Cambiémosla.

 

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