Ama Doula: «Nuestra tarea es estar a disposición plena de las mujeres gestantes» Foto: Revista Pudú

Con beneficios ampliamente reconocidos por la OMS, el acompañamiento físico y emocional de las mujeres durante la gestación y el parto es una labor que las doulas abrazan “como misión para proteger las condiciones en que se producen los nacimientos, poniéndose plenamente a disposición de la mujer gestante”, señala Gabriela Rodriguez, Ama Doula, quien ha desempeñado estas labores durante los últimos cinco años en Chillán y sus alrededores. 

Formada en esta materia, permanece constantemente ampliando sus conocimientos para ofrecer un servicio más completo y personalizado a quienes buscan su apoyo. La también instructora certificada de Kundalini Yoga, cuenta con herramientas provenientes de mundos tan diversos como la salud materna, el masaje ayurveda, la lactancia y la aromaterapia, que logra conjugar para generar contención y alivio para las mujeres y familias. 

Conversamos con ella sobre lo que involucra su trabajo: 

 

¿Con qué crees que se relaciona que hoy exista un mayor interés en los servicios que prestan las doulas?

En gran parte, creo que tiene que ver con el acceso a la información, a conocer mejor nuestro trabajo, desmitificarlo y verlo como una alternativa segura y flexible de acompañamiento. Por otro lado se relaciona con las conquistas sociales de la mujer, que se ven reflejadas con el querer recuperar autonomía y decisiones sobre su salud y su cuerpo desde perspectivas más integrales. 

 

¿A qué apunta la flexibilidad del trabajo?

Lo que se espera de una doula es que tenga la capacidad de prestar acompañamiento personalizado para cada caso. Cada mujer, cada familia, vive de manera diferente la gestación y el momento del parto, entonces la labor es escuchar y detectar sus necesidades en cada etapa, darse los espacios y el tiempo para que sea una atención realmente diferenciada, en la que además se generan vínculos que permiten niveles de confianza más profundos y atender las particularidades que no siempre están a la vista.

 

Hablas de un vínculo con las mujeres que acompañas, ¿es similar al de un profesional de la salud con sus pacientes?

Es complementario. Convergen en que ambos estamos o debemos estar al servicio del paciente, de la mujer en este caso, pero mi lugar es mucho más horizontal y cercano. Por muy bueno que sea un profesional, la propia jerarquía de la relación con el paciente lo pone por debajo, se genera una distancia que también está influenciada por los ritmos de atención que son muy diferentes a los que yo dispongo para compartir, incluso desde mi experiencia como mujer y como madre de dos. 

 

¿Qué ocurre en ese espacio más íntimo con las mujeres?

Cuando se trata de mujeres y familias primerizas, por ejemplo, uno nota la avidez por  manejar la ansiedad, el miedo, por conocer experiencias y tener a alguien que desde el conocimiento pueda ir saciando preocupaciones. Cuando hay problemas, las mujeres te buscan para conversar y a veces una no hace nada más que escuchar y ellas solas van decantando sus propias conclusiones.

Otras veces, se trata de ayudarlas a integrar la información que reciben de los equipos médicos, explicándola y adaptándola a su realidad. También hay familias o grupos que solicitan acompañamientos en forma de talleres sobre temas como fisiología del parto, lactancia, manejo no farmacológico del dolor durante el trabajo de parto, etc., todas herramientas que también se comparten con la pareja o quien vaya a ser su acompañante siginificativo, para que esa persona esté preparada para sostener a la mujer cuando va a parir. 

 

¿Qué tipo de herramientas son las que entregas a las familias?
Primero que todo, información, para que puedan reconocer lo que está pasando en cada momento. Eso es tranquilizador en sí mismo, porque en general, las familias que buscan este servicio, suelen estar muy implicadas con el proceso, cubriendo primero las áreas de las que se encarga la medicina convencional, teniendo al día sus controles y exámenes, y después buscan este complemento en los que se puede aportar de muchas formas al bienestar de la mujer durante el embarazo y el parto, como lo son las técnicas de respiración, meditación, masajes, o incluso la aromaterapia, de acuerdo a las competencias que tenga cada doula, que tiene que velar para que la aplicación de cada técnica utilizada y recomendada sea 100% segura para la mujer y el bebé. 

 

Te referías a desmitificar el trabajo de las doulas, y quizás uno de los ámbitos en los que más existen mitos o creencias erradas es en lo que respecta al parto. ¿Cómo es parir en casa y con una doula?

Fue precisamente lo que me motivó a formarme y a dedicarme de lleno a acompañar embarazos y nacimientos. Así de intensa y positiva considero la experiencia porque, contrario a creencias que todavía se mantienen en algunos ámbitos, cuando se conduce adecuadamente un parto en casa, se construye un espacio de seguridad y confort. No se trata de un parto improvisado con toallas y agua caliente, sino de un escenario controlado, monitorizado por una profesional de la salud con la que se forma dupla, una matrona, con quien se trabaja de manera conjunta y con la que se decide la idoneidad de cada caso, excluyendo cualquier situación de riesgo que haga preferible tener más a la mano otros servicios hospitalarios. Otra parte de la planificación tiene que con evaluar la seguridad y con contar siempre con un plan b y otro c en caso de cualquier eventualidad que requiera hacer traslados de urgencia, para actuar a tiempo.

 

Y en ese contexto controlado aparece la vida…

Sí, controlado y amoroso, respetando los tiempos de cada mujer y de cada guagua, sin apuros y sin inducciones que interrumpan el desarrollo fisiológico del nacimiento. Todo eso va permitiendo que el propio cuerpo regule las hormonas, que no existan elementos estresantes como excesos de luz, desorientación por estar en un lugar extraño, teniendo cerca las cosas y las personas que le dan seguridad… Finalmente, poniendo a la mujer y al bebé como protagonistas de ese momento.

 

¿No siempre son ellos los protagonistas del parto?

Muchas veces existe un desplazamiento marcado por la tendencia instalada de medicalizar el embarazo y el parto, entregando a los profesionales de la salud toda la toma de decisiones. Ahí el rol de la mujer se limita a esperar la fecha del nacimiento y poco más. Pero cada vez las mujeres están resonando más con el ser partícipes activas de este proceso, vincularse, involucrarse con el bebé desde la gestación, con la búsqueda de una experiencia positiva de gestación y parto, sabiendo que involucra mucho más que parir, mucha conciencia corporal, mental y del entorno. Con esto se recupera algo que se le fue arrebatando progresivamente a las mujeres, primero para controlar situaciones como la mortalidad, que hoy está muchísimo más vigilado con los exámenes prenatales, y luego por los sistemas de salud debilitados, que no son capaces de generar espacios respetuosos para que cada nacimiento ocurra en las condiciones que merece. 

 

¿Con eso te refieres a la corriente que defiende el “parto respetado”?

Sí, es un tema que se conoce desde hace tiempo, pero recién se está empezando a hablar más abiertamente, a tomar conciencia como sociedad sobre los derechos del nacimiento y de la mujer durante el parto, temas con los que los equipos profesionales no siempre están en sintonía, cuando debiese ser algo universal. Evidentemente, la realidad es que hoy no todos los partos son respetados ni transcurren en condiciones ideales, por lo que debemos estar abiertas a acompañar quizás con más ímpetu a quienes están más expuestas a la falta de certeza de poder acceder a un tratamiento respetuoso del proceso. La mayoría de las veces no tienes la opción de elegir qué profesional te atiende y te toca a la suerte de la olla. Existe ese miedo a que justo te toquen malos profesionales y vivas una experiencia traumática, de vulneración para ti o tu hijo, entonces muchas veces cuando se puede optar por el parto en casa, también se hace como una forma de cuidado. 

 

De pronto resulta incómodo y hasta doloroso asumir que el parto "respetado" tiene este sesgo.. Y es que sí, todavía así…

Publicada por Ama Doula Chillán – Gestación, parto y lactancia en Martes, 30 de noviembre de 2021

 

Una forma de prevenir lo que se conoce como violencia obstétrica…

Claro, y como se lleva mucho tiempo denunciando, es algo ocurre en hospitales y clínicas. En muchos de ellos se vulneran los derechos de la mujer, no solo durante el parto, también en las demás atenciones relacionadas con su vida sexual, empujando a las mujeres a buscar más herramientas, más autonomía sobre las decisiones y sobre su cuerpo. Todo esto precipita cambios en el escenario de la atención obstétrica, porque así exigen que los profesionales se pongan a disposición de esas inquietudes y, sobre todo, atiendan la gravedad de la violencia obstétrica, un tipo de violencia de género que en Chile, gracias al impulso de la ciudadanía, de las mismas mujeres que han sido violentadas, se está buscando tipificar para prevenir y sancionar a quienes la cometan.

 

¿Tras un parto respetado, cuáles son los aspectos por los que vela una doula?

Primero el contacto inmediato, que es algo fundamental para regular las hormonas de la madre y el hijo y favorecer el apego. Luego la atención del puerperio, que son las semanas posteriores al parto, donde el cuerpo de la mujer vive esta readaptación, el recién nacido comienza a explorar la vida extrauterina y los dos permanecen conectados por la  lactancia, donde las doulas que estamos formadas en este ámbito podemos hacer énfasis educándolo promoviéndolo y liberarlo de la censura y limitaciones dentro y fuera de las familias: Tenemos que ser activistas por este derecho. Pero también existen otras tareas, como el trabajo que hacemos algunas doulas con la placenta, para convertirla en medicina para la madre y el recién nacido, masajes para ambos, para el dolor, para los cólicos, para mejorar el sueño, baños especiales, uso del rebozo o incluso rituales como el cierre de matriz, que es una ceremonia simbólica proveniente de la tradición mexicana de partería, en la que se cierran los puntos energéticos que se abren durante un parto o un aborto.

 

 

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