Chile se seca: Expertos sentencian trastorno climático irreversible

Irreversible en el corto y el mediano plazo, así calificaron los expertos el cambio climático experimentado por Chile. Más que una megasequía o una hipersequía, prefieren calificarlo como un “trastorno climático” al que no se hizo frente oportunamente, pese a contar con la evidencia, como reseña El Diario de la Araucanía.

Desde la década de 1990, ha podido constatarse el descenso pluviométrico en la zona central del país, mediante investigaciones que, de acuerdo al agroclimatólogo de la Universidad de Talca, Patricio González, no fueron tomadas en cuenta. Así, entre La Serena y Chillán, la situación no hizo más que profundizarse a partir del año 2000, cuando la aceleración del cambio climático desencadenó una sequía que, a la fecha, pone a la zona en una deuda de 14 años de precipitaciones (más de un 80%).

Este déficit opera de forma similar a lo que ocurre cuando se priva al cuerpo de sueño: Si una persona no duerme suficientes horas en una jornada, por mucho que a la siguiente intente reponerlas, no logrará recuperar el daño ocasionado al organismo, lo perdido está perdido: “No es lo mismo que llueva 20 veces a lo largo de tres meses y cada vez llueva un poco o algo más, a que llueva tres veces en el mismo tiempo y cada vez llueva mucho. No es el caso, pero aun si en promedio fuera la misma cantidad de lluvia, el impacto es totalmente distinto”, explicó el Centro de Energía y Desarrollo Sustentable UDP, Claudio Huepe.

Contrario a una esperada nivelación, sumándose también la adversidad del panorama mundial en materias climáticas, la proyección indica que serán cada vez más extremos los fenómenos a los que debamos hacer frente: “Es probable que, si bien vamos a tener menos lluvia en promedio, tengamos lluvias más fuertes y concentradas en poco tiempo, con lo cual se genera un impacto porque son difíciles de almacenar y en cierta época pueden producir aluviones”, advierte Huepe.

“Hemos pasado, entre Valparaíso y Maule, de un clima mediterráneo —de cuatro estaciones, con 800 mm o 900 mm de lluvia— a un clima semiárido cálido. Nunca ha habido en la historia de Chile una megasequía de 14 años, esto ya es un trastorno climático en que la estructura climática de la (zona) central se ha visto alterada fundamentalmente por la crisis climática mundial y el alza de temperatura de la tierra”, continúa el experto.

Coincidiendo, González asegura que tendremos “un invierno corto de lluvias en promedio de 400 mm en la zona central de Chile, con escasa nieve, y con un largo verano que va a empezar en noviembre y a terminar en marzo, con olas de calor que van a incentivar otros patrones de regadío: si antes había que regar tres veces, ahora habrá que regar ocho”.

Raúl Cordero, líder del Grupo de Investigación Antártica de la Usach, abunda en las afirmaciones de sus colegas, remarcando la inevitable inclinación hacia el clima semiárido, puesto que “ya perdimos casi un 30% de precipitaciones en toda la zona central en las últimas tres décadas y es probable que esa continua pérdida de precipitaciones siga al menos hasta mediados de siglo”.

“Hay una serie de impactos y riesgos producto de este cambio que nosotros no hemos explorado ni analizado en profundidad, tenemos algunas cosas hechas pero ¿son esos niveles de riesgo suficientes dados los cambios que estamos teniendo?”, cuestionan ante la pasividad estructural. “Todos los estudios ya lo habían predicho hace 15 años. Ahora se está dando la realidad y lo estamos experimentando, pero no es algo sorpresivo”, enfatiza Huepe.

Según explica González, las decisiones para evitar que este fenómeno siga empeorando se tienen que tomar de inmediato. Menciona, por ejemplo, que gobernadores regionales y delegados presidenciales deberían elaborar un plan de mitigación y adaptación al cambio climático en agosto mismo. “El clima no nos va a esperar y la ciencia ya ha dado su veredicto. La decisión, ahora, es política”, dice, estimando la triplicación de los costos del manejo de la crisis en tan solo tres años más, aunque la previsión es clara: En el mejor de los casos, solo se logrará detener el empeoramiento. “Esto no debería cambiar, por lo menos no en un tiempo que a nosotros nos sea relevante. Quizás cambie en 100 años, pero para efectos prácticos para nosotros ya no cambió”, sentencian.

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