De la filosofía del extractivismo a la filosofía de la diversidad por: Comité editorial de ONG CETSUR

El invierno nos conecta de manera simbólica con la renovación de la vida y con la recuperación de un sentido no lineal del tiempo. 

Aprendiendo de las semillas, de sus ritmos y bondades, reafirmamos en este camino nuestro propósito por trenzar en colectivo sabidurías que aporten a un Buen Vivir, dialogando con maestras/os de oficio, organizaciones y comunidades, que reflejan en su hacer lo que Fidel Sepúlveda llamó el “Arte Vida”, la experiencia artística de reproducción de la vida desde un sentido de totalidad, donde lo útil no se divorcia de lo bello, ni la creación humana de la vida misma. 

Bajo esta mirada, comprendemos como experiencias creativas la crianza de una semilla, el cocinar a fuego lento, el modelar el barro o el darle uso a una calabaza, y valoramos la nobleza de aquellas materias primas que se ponen a disposición de las manos y sensibilidades humanas para responder a los requerimientos de la existencia.

Hoy nuestra organización abraza distintas propuestas para resituar la relación naturaleza-cultura, fracturada por el paradigma moderno en esta enceguecida carrera por el “progreso”, buscando para ello nuevos relacionamientos y formas de aportar a la restauración ecológica y cultural de los territorios, sometidos a despojos materiales y simbólicos constantes. 

En este nuevo comienzo, visualizamos también la urgencia de transitar de una filosofía del extractivismo hacia una filosofía de la diversidad, dejando atrás la concepción de la naturaleza como bodega de recursos y acercándonos a una perspectiva basada en la coexistencia, en sintonía con las Artes de la Naturaleza.

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