Hortaliceras mapuche luchan por mantener su ancestral práctica durante la pandemia

Las hortaliceras mapuche, como a la inmensa mayoría, les ha tocado sobrevivir durante esta época de pandemia, viendo como su única fuente de ingresos, el comercio urbano, había sido anulado por el virus y sus consecuencias.

Tras cumplir más de un mes de cuarentena, estas mujeres salieron nuevamente a las calles de Temuco para vender sus cosechas y ganarse así el sustento con el que apoyar y mantener a sus familias.

Un mes muy largo, lleno de carencias económicas y de preocupaciones. Muchos días en los que el anhelo de cada una de las hortaliceras se concentraba en volver a salir a las calles que las han visto comerciar desde hace décadas.

No muchas personas transitan por Temuco actualmente. Los comercios se han adaptado a la pandemia y otros han cerrado sus puertas tras no poder abordar las consecuencias del virus. Desde la calle se puede oír incesantemente un mensaje que el municipio quiere internalizar en los ciudadanos y ciudadanas: “No compre al comercio ilegal, no compre porque arriesga multas. No compre al comercio ilegal”.

No cuentan ni con el apoyo ni con el agrado municipal, y eso es algo que ellas saben. En este clima adverso, quienes caminan por el centro de la ciudad pueden verlas trabajando, a pesar de todo. Unas rellenan bolsas con ensalada y otras desgranan choclo o acomodan sus tortillas de rescoldo.

Volvieron a su trabajo cumpliendo con las reglas de bioseguridad. Con mascarillas, guantes y guardando distancias de seguridad. Las mujeres se instalaron en diferentes puntos de la calle, mirando a su alrededor con preocupación ante el recuerdo de lo sucedido el pasado 4 de mayo.

Un día que sigue latente en sus memorias. Entonces, funcionarios de Fuerzas Especiales junto a inspectores municipales las detuvieron considerando que el trabajo de las hortaliceras es “ilegal”. Las agarraron y forcejearon mientras sus cosechas se desparramaban por la calle. Lo perdieron todo y fueron reprimidas por un total de 10 policías. Las trasladaron a una comisaría cercana, donde continuó la pesadilla. Fueron agredidas y las obligaron a desnudarse.

El 17 de junio se presentó una querella por tortura y violencia sexual contra los funcionarios de carabineros que protagonizaron su detención, denegando los derechos humanos a estas mujeres y actuando en contra de los tratados internacionales firmados por el estado chileno.

 

 

 

Resistencia ante la represión

El Desconcierto señala que las hortaliceras mapuche han sido perseguidas y hostigadas durante décadas. Estas mujeres han tenido que resistir al hostigamiento policial y municipal para ejercer su tradicional actividad, la cual es parte fundamental de la economía y soberanía de su pueblo.

Yolanda Llanquitur Parra, representante de la Agrupación de Hortaliceras Mapuche, dijo al mencionado medio que Temuco es un lugar histórico para visibilizar sus saberes, que se han transmitido de generación en generación por sus madres y abuelas, y sus oficios ancestrales. “Se conservan gracias a un legado que le da la identidad mapuche a nuestro pueblo”.

Las milenarias prácticas de las hortaliceras han permitido el resguardo de alimentos sanos y orgánicos, así como la protección de las semillas y la preocupación y conciencia en torno a los recursos naturales.

El Trafkintu, como instancia tradicional de intercambio de semillas, promueve la asociatividad, la cooperación y la autogestión de bienes y servicios. Por otra parte, el Kümeiyal promueve el consumo de alimentos frescos y sanos.

Las hortaliceras mapuche comparten los ideales del Küme Mognen con la comunidad, el “buen vivir” del pueblo mapuche que implica una relación recíproca con la naturaleza. Un dogma para el que la buena alimentación y la salud son vitales.

Las mujeres que acuden a vender las cosechas pertenecen, principalmente, a dos organizaciones: Asociación Indígena Kelluzomowen y Asociación Indígena Folil Mapu.

Entre el tránsito de la ciudad, ellas comercian sus productos desde hace décadas. Las tortillas de rescoldo, catutos, quesillos, hortalizas, frutas y flores generan una humilde economía para el sustento de sus comunidades.

De sus cultivos, una parte la dejan para el consumo propio y otra la destinan para la venta.

Vienen ejerciendo esta actividad desde la ocupación militar en la zona (1881-1883), cuando las familias se desintegraron tras quitarles las tierras. “Hay testimonio sobre familias completas que andaban por Temuco, que entonces era entre campo y ciudad, y, muchas de ellas, se pusieron a vender para sobrevivir. De eso, hay registro desde los años 40”, explica Margarita Calfio Montalva, asistente social especializada en género y cultura de la Comunidad de Historia Mapuche.

 

Fuente: El Desconcierto

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