Jóvenes enfrentando la represión en Chillán: «Con lo único que podemos defendernos es con la organización» Foto: IG @pigeon.ekib

“Si nos atacan no podemos simplemente correr, no podemos simplemente dejar que nos golpeen”, sentencia A.S., quien junto a T.M., forman parte de quienes sostienen la resistencia contra la represión que policías y militares han desplegado alternativamente en la capital de Ñuble desde el estallido de las movilizaciones sociales. Son jóvenes, trabajan, estudian, pero sobre todo, empatizan con las demandas que se dibujan cada día con mayor claridad en el seno de la comunidad. Accedieron a conversar con Revista Pudú:

 

  • Ustedes en particular no ejercen actos de enfrentamiento, ¿cuál es su rol en las manifestaciones donde ha habido un choque entre los ciudadanos y las fuerzas de orden y armadas? 

Nosotros vamos a apoyar la lucha, a apoyar al pueblo y a quienes se ven afectados en los enfrentamientos. Las marchas y todo lo que se ha hecho es pacífico, en principio, para que pueda haber un ambiente más familiar y todos podamos manifestarnos, pero eso se ha visto roto por la acción represiva, la mayoría de las veces injustificada, pero siempre desmedida. 

Entre nosotros, quienes nos quedamos después de que empiezan a tirar gases lacrimógenos y balines, nos dividimos un poco el trabajo. Hay personas que hacen trabajo paramédico, otros que devolvemos y apagamos lacrimógenas o prestamos ayuda a quienes se están ahogando o se caen, o están heridos. Cuando partió todo fuimos sin nada, solo con la intención de apoyar a la gente y, mientras atendíamos, ellos mismos nos fueron dando cosas, gasas, guantes, etc. Pero surgió así, encontrarnos con el caos de los primeros días y buscar un foco desde el cual apoyar la lucha.

 

  • Se han ido organizando con la propia experiencia, ¿se autoperciben como un grupo?, ¿esto les ha permitido tener más o menos un panorama de las personas que se quedan tras el inicio del enfrentamiento?

Nosotros no tenemos armas, con lo único que podemos defendernos es con la organización. Así nos hemos tenido que ir articulando, pero no somos una red ni mucho menos. Nos coordinamos, tenemos asambleas y la participación de algunas agrupaciones y orgánicas con las que tratamos también de saber qué pasa en otros puntos de la ciudad donde han ocurrido cosas. No todo pasa en el centro y, así como hay sectores más acomodados donde parece que viven en otro Chile, también hay zonas que tienen más riesgo, donde se ha visto de frente la crisis o que tienen vecinos más movilizados.

En este cruce con las fuerzas, no existe algo así como han dicho de “crimen organizado” o “enemigo poderoso”. Hay personas que van, algunas justamente esperando el enfrentamiento, que son más reactivas y otras que comprenden esta resistencia como otra forma de luchar contra la opresión del Estado, porque enfrentarse a Carabineros no es por ellos en sí, sino por lo que representan. A través de ellos se nos está atacando con balas y ante eso no podemos defendernos con consignas, sino con más organización, así como se está combatiendo la violencia que implica la precariedad en la que estamos sumidos como sociedad, esa  que se expresa a través de los sueldos, las pensiones… es la violencia que vivimos todos los días mucho más que los golpes de estas semanas.

 

  • Un período sin precedentes para Chillán…

En Chillán nunca habíamos tenido marchas ni manifestaciones tan seguidas. Sabemos que el gobierno escuchó, pero hace caso omiso. No están haciendo nada para cambiar y el descontento sigue ahí. Creemos que la falta de reacción es una estrategia para generar desgaste, para que la gente se canse y deje de sumarse. O que se pierda el foco como pasó aquí, que vimos a mucha gente que terminaba en la plaza tomando cerveza o carreteando. No podemos permitir eso y, en ese sentido, ha sido muy valioso que nos encontremos, que conversemos y vayamos generando confianzas fundamentadas en conocer nuestro problema común.

 

  • ¿A qué creen que responde la acción Carabineros, que han sido quienes más han intervenido durante las protestas?

Hay dos alternativas, una es que en la noche están chatos y se quieren ir al cuartel o a las casas, y la otra es que tienen la orden de vaciar las calles a cierta hora. Así algunas veces, sin mediar ninguna provocación, ha comenzado el uso de lacrimógenas que siempre es desmedido y que se ha ido incrementando en cantidad y violencia. Un día estábamos jugando a la pelota, pacíficamente, y llegó el bus directo a dispersarnos con gases. Ahora lo vemos más temprano que antes, cuando no les interesa que avancemos marchando por algún sector, por ejemplo.

 

  • Se dice que existe una cifra negra oculta tras los número oficiales, ¿les constan casos de desapariciones o violencia hacia manifestantes que no figuran en los datos entregadas por las autoridades civiles y policiales?

Es imposible saber cuántas personas toman cada día. Los Carabineros se los llevan y no se sabe de ellos hasta que aparecen a las horas o al día siguiente. A veces no entregan información en la comisaría, o sobre la constatación de lesiones, permanecen incomunicados… Amigos nuestros han salido moreteados y en pésimas condiciones después de estar detenidos porque han sido agredidos, retenidos toda la noche y liberados al día siguiente. Muchas veces tomados al azar, sin que estuvieran haciendo nada más que expresándose o caminando en la calle. A las autoridades nos les conviene entregar la cifra real, porque están agrediendo en las comisarías. Eso ha hecho necesario que nos organicemos un poco para protegernos, buscar abogados que nos ayuden en estos casos.

 

  • ¿Cómo vivieron desde dentro el Estado de Excepción Constitucional, el Estado de Emergencia, que trajo a los militares a hacerse cargo de las calles?

Percibimos que los milicos estuvieron escondidos para que no hubiese más descontento social, pero estaban agazapados esperando que pasara algo. De repente empezaba a descontrolarse el ambiente y no se demoraban ni 5 minutos en llegar. Estaban esperando. No fueron “buena onda” ni “reprimieron menos”, como se quiso mostrar por la televisión, simplemente fueron más piolas, incluso cortaban la luz en algunos sectores para camuflarse.

Lo que ha sido una constante hasta ahora es la desaparición de las autoridades civiles. El alcalde desapareció y el intendente decidió desentenderse de su responsabilidad con la ciudadanía. No los vemos dando la cara, explicando o propiciando un diálogo real, no para “hacer como si estuvieran escuchando”, para decir que “lo hicimos”, o tener la foto comprobando que los vecinos validaron el proceso. Tienen miedo porque saben lo que está pasando y porque también se descuadró lo que tenían planeado de cara al panorama electoral venidero.

 

  • ¿Comparten la opinión de que las medidas que está impulsando el Ejecutivo, entre ellas el cambio de gabinete y el envío de proyectos de ley con carácter urgente, no vienen a resolver la raíz del conflicto, ni menos a poner paños fríos sobre la inquietud ciudadana?

El paquete de medidas, las leyes exprés o cualquier cosa que desde el Gobierno se impulsen ahora, serán siempre insuficientes. Antes podrían haber sido un avance, cuando se pidió y no escucharon. Ahora están actuando por miedo, por las encuestas, pero lo más terrible de todo es que son medidas que dan cuenta de que el Gobierno no está escuchando, que todavía no se entera de que este movimiento no se trata de $30 ni de las migajas que nos quieran ofrecer. De todo el vaso, solo tratan de solucionar la gota. 

 

  • A veces se acusa a los jóvenes de participar en las manifestaciones sin tener claridad o implicancia directa en los problemas sociales…

A veces nos dicen “qué saben de la vida”. Nosotros arrendamos, trabajamos y estudiamos, pero aunque no hiciéramos ninguna de las tres cosas, el mero hecho de estar vivos, de pertenecer a esta sociedad, nos permitiría darnos cuenta de lo que está pasando. Es una crisis que no solo ataca el bolsillo de los chilenos y las chilenas, también tiene detrás un tremendo tema valórico que ha movilizado a gente que sin tener necesidades económicas a salido a las calles porque es de justicia para los demás. 

Además, y aunque es un poco atrevido afirmarlo, creemos que en nuestra generación la conciencia de clase es algo más generalizado que antes. Quizás no es algo que hayamos adquirido tanto por la educación, sino por estar más conectados y, sobre todo, por el avance del tiempo que ha permitido ver los efectos del neoliberalismo. Chile avanza porque hay más plata, pero esa plata es para una mínima parte de la sociedad, al resto le sigue aumentando el costo de vida y se le sigue negando la dignidad. Eso ha aumentado el descontento entre nosotros.

 

  • Existen dos posturas marcadas, una que cree que este no es un movimiento de carácter político y otros que creen que detrás de las manifestaciones está el Frente Amplio, el Partido Comunista, Nicolás Maduro… ¿Cómo lo explicarían ustedes?

Quienes buscan desesperadamente nombres y líderes en partidos políticos, no han entendido que este movimiento nace de la ciudadanía. Sin embargo, no debemos desconocer en ningún caso que sí es un movimiento político, lo que no es lo mismo que partidista. 

Las temáticas que involucra todo este movimiento tienen que resolverse desde la vía política porque son temas políticos. De aquí al futuro tendremos que resolver los temas electorales, la Asamblea Constituyente y un marco que nos permita cubrir con dignidad las demandas centrales por las que estamos luchando: La salud, la educación, las pensiones…  Todo esto requiere dos partes, uno, que la vía más bien institucional, ya sean formaciones tradicionales o nuevas fuerzas que surjan de esta coyuntura, y otro el de la participación ciudadana real y vinculante. Nunca más puede pasar lo mismo que con la votación masiva contra el TPP11, que al final se reduce a algo simbólico porque no les interesa ni están obligados a considerar la opinión ciudadana. 

Es ese mismo valor el que hay que agradecer hoy a organizaciones y movimientos como el Feminista, que han sido gravitantes a la hora de poner luz sobre la crisis, facilitar una red de apoyo y demostrar que la precarización de la vida no se combate con soluciones parche, sino con cambios estructurales. En el sentido contrario los partidos y representantes políticos de izquierda y centro izquierda deben asumir la crítica de por qué abandonaron ese trabajo, por más lógica y necesaria que sea la adaptación al juego político.

 

  • ¿Qué salida ven a este entrampamiento en el que nos encontramos como sociedad dividida entre lo viejo que se niega a morir y lo nuevo que no termina de nacer?

Vemos tres opciones: Que el gobierno entregue soluciones, que los militares se tomen el poder definitivamente, o que seamos capaces de generar un cambio que, aunque no sea capaz de erradicar el capitalismo, al menos ponga límites claros a este régimen neoliberal extremo. Ojalá pase esto último y podamos construir una sociedad basada en el bien común. Nuestra lucha es, sobre todo para que pase esto, para que tengamos una nueva Constitución vía Asamblea Constituyente. Todo lo que pedimos necesita modificar de raíz el marco constitucional.

Como sociedad estamos cumpliendo, reuniéndonos, conversando y tomándonos el tiempo, muchas veces aunque no quieran, para reflexionar sobre lo que queremos para Chile. Estábamos tan separados, pero ya cada vez es más claro el camino. Contrario al Gobierno, que ha dificultado y dilatado las cosas impidiendo un diálogo porque muchos sectores no accedieron a dialogar mientras estaban los militares en las calles, otros tampoco lo harán mientras nieguen los crímenes o mientras no asuman la postura que todo el país está pidiendo.
Pese a todo lo cansador y las respuestas frustrantes, nos gusta mucho ver esto, ver a gente con un motivo para ir a la plaza a manifestarse, informándose y reconociendo que lo que nos oprime es lo mismo desde diferentes ángulos. 

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