La fragilidad de la izquierda chilena Por: Carlos D. Candia Berrocal, el ciudadano Candia

Chile, el hijo mayor de Estados Unidos, la niña bonita del baile neoliberal, el paraíso de los inversionistas, estalló y, pese a que muchos han puesto la nota en lo “inesperado” de este hecho, particularmente sectores de la izquierda, creo que es parte de un mea culpa que no hemos realizado como organizaciones sociales en su conjunto. Un hecho que muchas de ellas intentan subsanar.

El siguiente texto no te va a dejar contento, militante de la izquierda chilena, porque tal como yo, debes estar extasiado y asustado por todo lo que se viene, ¿una derrota inminente?, ¿un autogolpe? He leído, escuchado y visto tus propuestas y todas tienen defectos sumamente profundos, porque parten de una base fundamental en todo este proceso. 

Ese problema se llama: base social. La izquierda chilena no existe en las poblaciones. Pese a pequeños intentos de inserción, poco a poco, tanto la juventud, como las organizaciones políticas comenzaron a transitar, desde la población a la universidad, transformando la lucha social en luchas educacionales. El universitario egresado no participa de los grandes gremios y, producto de un sistemático vaciado de conocimiento y lucha diseñado por el sistema neoliberal, cada vez se abre más el camino para solidificar la educación de mercado en nuestro pueblo.

Los tradicionales partidos políticos de la izquierda utilizaron a los sindicatos como entes ejecutivos de sus partidos, más que espacios de representación, utilizando huelgas para postular a cargos, en pos de la lucha institucional. Esta lucha institucional encrispó tanto a la izquierda que provocó una fractura casi irreparable, entre los de la tesis de la lucha electoral, y los de la lucha popular, quebrando casi todos los espacios posibles de unidad: Vivimos, desde los años 90, hasta el 2010, teniendo dos marchas del día del trabajo, dos marchas por la educación y así… Perdiendo el foco que debió mantenerse puesto en la caída del sistema neoliberal. 

Mientras esta añosa izquierda se peleaba, otros grupos comenzaban a surgir, desde las universidades, pero con una mirada de clase, marxista y revolucionaria, articulándose poco a poco por Chile. Pronto, luego de muchas luchas sociales, se articularon grandes organizaciones nacionales que, desde los propios espacios educativos, tomaron contacto con sindicatos y pobladores, para formar grandes grupos políticos que fueron posicionándose con su participación en fechas como el 21 de mayo, relevando el papel de la CONFECH y otros organismos en el debate nacional. 

Esta época, logró fracturar la idea del modelo económico perfecto, poniendo en entredicho el lucro y dibujando más claramente la idea de los derechos humanos. Pero nuevamente comenzaron a surgir las dudas, los frutos recolectados. Luego de 10 años de lucha, eran muy pocos. El congreso seguía lleno de lobbistas e izquierdistas de manual. Poco y nada podían responder a las necesidades del pueblo. Pueblo que mientras se gestaba esta izquierda, veía como sus derechos eran manipulados y se iban empobreciendo. Estos hechos y esta falta de objetivos, tensionó la matriz de las organizaciones políticas, viendo todo desde fuera.

Puedo decir que se establecieron bandos, uno que claramente apostaba por acceder a estos cargos de poder y otro que veía la lucha social como principal motor de la fuerza institucional. El bando de la apuesta electoral claramente ganó. La existencia del Frente Amplio no es otra cosa que la reunión de las distintas organizaciones que asumieron la tesis de la “apertura democrática”, teniendo como gran éxito la pasada elección. En ese momento, quienes nos posicionábamos en contra de estos compañeros, vimos como la historia les daba la razón, mientras que los detractores, restándonos de los espacios de avance de estos compañeros, viviéndolos como una gran derrota. 

La historia nunca se termina de escribir, y hoy nos trajo este momento histórico, donde grandes masas de personas espontáneamente comenzaron a luchar por la presión que el sistema neoliberal pone a diario sobre sus hombros. Ante esto, el FA y las fuerzas de la izquierda históricas, se han visto entrampadas sin poder dar conducción real a los espacios, siendo desvinculados de la calle. 

Hoy, en tibios intentos de bajar los sueldos o de dar luces de la rabia, un movimiento espontáneo, sin cabeza y conducción, carente de objetivos, pero muy, muy masivo y combativo, como nunca visto antes en democracia, debe enfrentar la peor cara de la derecha chilena. Debe resistir la fuerza propagandística de la prensa por sí solo, porque las grandes organizaciones de la izquierda revolucionaria de nuestro pueblo están desarticuladas, no existen, no están dando luces en este proceso. 

Lo bueno es que el alcachofazo llegó. Un poco tarde, pero pegó fuerte. El espacio de los grandes sindicatos se articuló y organizaciones como la CONFUSAM, la CONFECH, el COPROCHI, la ANEF; la CUT, los Portuarios y los mineros, están dando forma a un proyecto conocido como Unidad Social, intentando encadenar las luchas y demandas, superando el partidismo y mirando a las bases. Un aprendizaje histórico que tiene como premisa el, escapar de las cuatro paredes. 

Espero que esto de algo de aguante, solucione el drama de la gente, porque luego de esta batahola, se deberá combatir al enemigo más fuerte de todos, el fascismo. No olvidemos que mientras cientos de miles luchan en las calles, el temor y el pánico, padres de todas las ultraderechas crece en gran parte de la población.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *